Cabotaje

Varias voces plantean que el gobierno se ha moderado, lo que se reflejaría en la preponderancia que ha tomado el crecimiento en el discurso oficial. Es cierto, ahora el Presidente Boric habla mucho del crecimiento, siendo esa una condición necesaria para que intente tomar cartas en el asunto. Pero está muy lejos de ser suficiente. Se necesitan dos pasos que no son simples de dar; primero, determinar cuáles son las políticas que nos permitirán volver a crecer, y segundo, lograr los acuerdos para implementarlas. No es para nada un camino fácil, pero es estrictamente necesario si el objetivo es lograr mayores niveles de bienestar para todos.

Parte del problema es que al menos en materia tributaria, el gobierno sigue absolutamente estancado en la lógica de aumentar los impuestos “a los que más tienen”, a pesar de que esa idea ha fracasado estrepitosamente en la última década, precisamente por ser anticrecimiento. Los aumentos de tasas para “los ricos” se traducen en caídas de la base impositiva. El gobierno no recauda, y más grave aún, el país deja de crecer.

Algunos expertos de centroizquierda reconocen los errores en materia tributaria y en otras políticas públicas, pero plantean que la receta de los 90 ya no sirve; se requiere modificar el modelo de desarrollo, lo que se demostraría claramente en el hecho de que el quantum exportado de bienes y servicios ha crecido a una tasa promedio de sólo 0,2% a partir de 2007. Es un dato clave, ya que un país del tamaño del nuestro y con un grave problema demográfico debe efectivamente fundamentar su crecimiento en la inserción al mundo ¿Pero necesitamos un nuevo enfoque de “política industrial moderna” para revertir ese problema?

Es una apuesta que me genera bastantes dudas, y no porque piense que una correcta política de fomento productivo sea errada, hay ejemplos exitosos, varios de países asiáticos, aunque muy difíciles de replicar, y también algunos en nuestro país, como el desarrollo forestal. Creo, sin embargo, que volver a mirar los fundamentos del proceso de desarrollo sería mucho más efectivo en términos de resultados que establecer desde el Estado estrategias de fomento para algunos sectores en particular. En todo caso, lo primero no impide lo segundo, pero la prioridad debe estar en recuperar los fundamentos, que además son una condición habilitante de políticas de fomento exitosas.

Esto porque ¿parece factible que un Estado que ha prácticamente duplicado el gasto en salud y educación en la última década, sin generar mejorías visibles, pueda implementar estrategias de desarrollo productivo eficaces? No lo creo. Entonces, lo primero y fundamental para recuperar el crecimiento es tomarse en serio la reforma del Estado. De hecho, si hubiera que elegir un elemento como el principal responsable de la fuerte caída del crecimiento tendencial, sería el deterioro institucional, que proviene de malas políticas y de un grado de anomia en el respeto de las normas.

Este deterioro institucional y de debilidad creciente del Estado de Derecho es causa, a su vez, de la caída de las tasas de ahorro e inversión, producto también del sesgo anti-capital de las reformas tributarias.

Las malas reformas en educación y la deficiente política de capacitación explican el deterioro que estamos viendo en el capital humano, que es en la actualidad un factor probablemente más importante que el capital físico en el desarrollo económico.

Por último, los que hablan de la necesidad de cambiar el modelo de desarrollo apuntan al déficit de desarrollo tecnológico de nuestro país como un causante del bajo crecimiento. Tienen razón, pero ¿puede haber desarrollo tecnológico con carencias de capital humano, incerteza jurídica y reducidos niveles de ahorro e inversión?

Entonces, efectivamente el Estado es la clave para lograr mejorar nuestro crecimiento de tendencia, pero no un Estado desarrollando actividad productiva y/o con políticas de promoción de sectores, sino cumpliendo en buena forma los que son sus roles fundamentales, y lo cierto es que a pesar de que el sector público ha crecido mucho más que el privado en los últimos 20 años, cada vez lo hace peor.

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