La acusación contra el exsubsecretario Monsalve terminó en un problema colectivo que envolvió al gobierno en una crisis institucional que pone en duda la transparencia del proceso de toma de decisiones, la relación que las autoridades tienen con las instituciones y cómo entienden el poder.
Desde el año pasado con el caso fundaciones la corrupción ha estado rondando al gobierno, pero nunca había estado tan cerca ni había comprometido tanto como ahora. El exsubsecretario del Interior habría solicitado acciones irregulares a la Policía de Investigaciones y la ministra del Interior y el Presidente habrían tenido conocimiento del caso días antes de la renuncia.
Las acusaciones son gravísimas y debiesen sólo involucrar a la exautoridad. El Presidente debió haber tomado las medidas necesarias en materia de sus funciones y la Ministra debió haber seguido preocupada por la crisis de seguridad que vive el país. Pero, nada de eso sucedió y hoy, una denuncia de abuso sexual salpica al jefe de Estado y de Gobierno y lo envuelve en una serie de cuestionamientos sobre su capacidad de poner al país primero.
No cabe duda de que la principal preocupación de los chilenos es la seguridad y de que el gobierno ha fallado en la puesta en práctica de las acciones necesarias para estabilizar los indicadores. El hecho de que la ministra a cargo del tema esté preocupada de resolver una crisis política de su subsecretario sólo agrava el problema. El tiempo que debiese destinar a medir y mejorar las políticas lo destina a labores bastante irregulares.
Mientras tanto, en el sur el candidato a alcalde por Ercilla fue atacado y en Santiago una bomba molotov dejó a 30 estudiantes del INBA heridos y una línea investigativa sobre una posible “fábrica” de molotov en el establecimiento educacional.
Los únicos beneficiarios del caos en el comité político son aquellos grupos que buscan desestabilizar al Estado y minar su institucionalidad. En el pasado, debían destinar tiempo y esfuerzo para ello, hoy, sólo deben aprovecharse de las oportunidades que les da el propio gobierno. Y ¡vaya que no han sido pocas!
Hace dos años el Presidente decía que iban a “ser unos perros en la persecución de la delincuencia”, hoy, aparece involucrado en un caso judicial de uno de sus excolaboradores, bastante bien lejos de ser ese can implacable.
Existe un proceso judicial y una investigación en curso que debiesen desarrollarse con la mayor rigurosidad posible, pero también, existe un Presidente que pareciera que para él Chile no está primero. Que en vez de estar resguardando las instituciones está resguardando la reputación de una persona.
El Presidente debe poner a Chile y sus urgencias primero, no puede ser quien con sus acciones debilite al Estado de Derecho y baje aún más las barreras para quienes buscan aprovecharse de él. De lo contrario, pareciera que la voluntad política existe sólo para ciertos asuntos.

Excelente!