¿Alguien puede explicar la baja?
Chile Vamos ha llegado a invertir la famosa frase de Carlos Dittborn para traer a Chile el Mundial de Fútbol de 1962. La nueva versión dice: “Porque lo tenemos todo, nos estamos quedando sin nada”.
La centroderecha está unida, viene de una elección municipal exitosa, tiene más parlamentarios y tuvo abanderada presidencial antes que los otros. Sin embargo el desaliento recorre sus filas en reemplazo del exitismo del año pasado.
Que republicanos está buscando reemplazar a Chile Vamos en su papel conductor es un hecho, que la centroderecha esté haciendo cuanto esté en su mano para mantener su posición es discutible. Más parece movilizarse en defensa de sus reductos estratégicos que a protagonizar una competencia entre pares.
Lo apocado de la conducta de la centroderecha es una constante de los últimos tiempos y no tiene que ver solo con los resultados electorales. La diferencia de comportamientos es notable y se manifiesta en el ejercicio del liderazgo.
Aunque republicanos ha sido una clara, aunque importante, minoría en la oposición ha tenido la actitud de partido mayoritario o, al menos, de estar en camino de serlo.
Chile Vamos ha girado con frecuencia en respaldo de las posiciones del partido de Kast. Son más las veces que se han comportado como dirigidos que como conductores, temerosos ante la posibilidad de que los partidarios de oposición se vieran mejor representados por su competencia cercana.
En la práctica, Chile Vamos es un sector que no está ejerciendo por completo el poder que ha tenido a su disposición, ni siquiera ha actuado con la capacidad de contrapesar el poder de republicanos. Ha terminado apoyando acusaciones e interpelaciones a ministros en las que no creía, pero a las que se vio arrastrado. Rezongan mucho, pero siguen el compás. Una excepción notable fue su apoyo a la reforma previsional, aunque han tenido más éxito en aprobar la iniciativa que en defender su posición.
Como consecuencia de actuar como seguidores de otros con mayor iniciativa, tanto la UDI como RN confirmaron la misma tendencia que querían evitar. Han dejado de tener una conducción de una mano firme a la que están acostumbrados, cuando siempre les ha resultado más fácil adaptarse a la rudeza de quien está a la cabeza que al cultivo de las dudas en el liderazgo.
Los republicanos supieron generarse una oportunidad, pero la debilidad es una condición propia de la centroderecha.
La batalla de los emblemas
La campaña presidencial ha entrado en un remanso. No porque los candidatos se muevan menos o porque haya disminuido el nivel de actividad de los comandos. Más bien se debe a que lo decisivo ya ocurrió y no se esperan cambios importantes.
Es una impresión que se acentúa cuando una disputa que tendría que estar centrada en establecer quién ofrece un mejor futuro, pasa a concentrarse en dilucidar quién interpretaría mejor a alguna figura prominente del pasado.
Parece algo anecdótico, pero también es un síntoma. Si alguien trata de apropiarse de un emblema es porque busca ampliar su apoyo. Otra cosa es si se lo permiten.
Cuando la campaña de Matthei incorpora a Aylwin en una franja electoral es porque quieren acercarse al centro. Si esta acción es apropiada o legítima es otra discusión. Lo que importa es constatar el intento y lo usual es que signifique un desacuerdo permanente con los seguidores del líder involucrado. El episodio sigue siendo un punto de discordia que se mantiene, tal como aconteció con la DC.
Por eso sorprende lo que ocurre con el debate que inicia Ruth Hurtado sobre cuál sería el candidato presidencial de Jaime Guzmán de estar vivo.
La polémica fue aguda y termina con las declaraciones de José Antonio Kast diciendo que “si Jaime Guzmán estuviera vivo, yo estaría en la UDI” y el presidente gremialista, Guillermo Ramírez, dando por superado el “impasse”.
El episodio es emblemático de lo acontecido en esta campaña. El candidato republicano cierra el episodio identificando a Guzmán como ejemplo de claridad y consecuencia y dejando a sus herederos políticos como responsables del alejamiento de los principios fundadores. Porque, como explicó en su momento el mismo Kast: “En mí se apagó la llama de esperanza de renovar la UDI”.
En cambio, lo que hace Ramírez es agradecer las disculpas de Ruth Hurtado, valorar que el candidato republicano haya “bajado el tono” del debate, todo para preservar el ambiente logrado por ambos candidatos presidenciales cuando “se habían abuenado en Enade”.
Esto suena bien, pero no es equitativo. Refleja dos actitudes políticas casi opuestas. La UDI no preserva para sí la figura de su fundador, que ahora quedó como emblema compartido. Si cuando alguien juega de local, pierde, no hay que tener mucha imaginación para saber lo que ocurrirá en pocas semanas.
Los que no queremos morir te saludan
Lo que viene hacia adelante no es que Chile Vamos vaya a perder la competencia presidencial, porque propiamente no está dando la pelea.
Los más realistas ya partieron a negociar, los más místicos esperan un milagro y los más prudentes tienen confianza en que se exprese un voto oculto, tan oculto que no aparece en ninguna encuesta.
Pero el agua ya entró al bote como se dice coloquialmente, lo que en política ocurre cuando los candidatos parlamentarios concitan más apoyo que la candidatura presidencial y esta última se sostiene en los primeros cuando debiera ser al revés.
Lo que se mantiene es la compostura sostenida con entereza en la mayor parte de los casos. Claro que nadie está dispuesto a enfrentarse a republicanos, porque cuando no se es dueño del futuro, sí parece prudente optar por quedarse callados.
Por eso es que cuando Evelyn Matthei reanuda las críticas y acusa a republicanos de tener “poco oficio de conversar, poco oficio de hacer alianzas y de estar provocando” consigue un doble silencio muy significativo de su comando (que no repite ni amplía las declaraciones de su abanderada) y de los aludidos que miran para el techo (que es donde tienen los gráficos con las últimas encuestas).
Esto no tenía por qué estar terminando de este modo, pero para eso había que tener el coraje de enfrentar las propias debilidades a tiempo y sin repetirlas.
Matthei es la que más puede exhibir trayectoria y experiencia, sus temas son la estabilidad, la paz social y la búsqueda de acuerdos. Pero, esta campaña se está definiendo en la oposición por seguridad e inmigración tanto como el empleo de la línea dura para enfrentarlas. Por eso es tercera y Kaiser se le acerca.
