“La nueva economía que edificaremos tiene como objetivo rescatar los recursos de Chile para el pueblo chileno”, señaló Salvador Allende en su discurso en el Estadio Nacional el 5 de noviembre de 1970. Su propuesta económica era un experimento “socialista populista” que debía construir una nueva sociedad sobre la base de tres áreas de la propiedad: estatal, privada y mixta. Para lo cual comenzarían con cuatro reformas estructurales: intensificación de la reforma agraria, nacionalización de la Gran Minería del cobre, estatización de las empresas y el comercio, y expropiación de los bancos. El equipo económico estuvo encabezado por Pedro Vuskovic como ministro de Economía y Américo Zorrilla en Hacienda.

El primero era un independiente de izquierda, quien había destacado como académico y director del Instituto de Economía de la Universidad de Chile e investigador en CEPAL. En tanto que Zorrilla, obrero gráfico de profesión, era militante comunista y había trabajado como administrador de la imprenta del PC y gerente de El Siglo. Durante la campaña del 70 dirigió la propaganda del partido. Sin embargo, su nombramiento fue una sorpresa, especialmente por sus escasos conocimientos económicos. Él mismo recordó en una entrevista que dio a José Miguel Varas, que le resultó inesperado e indeseado: “¡Me dio rabia! ¡Sí! Me enojé, no reaccioné bien. Me parecía una cosa increíble. No encontraba por donde agarrarla. Empezó entonces la lucha en el Partido. La lucha mía contra la aprobación de eso. Discutí con los compañeros de la Comisión de Control y Cuadros… fui derrotado. En todas las instancias hice todo lo posible por no ser designado Ministro” (Don Américo. Un chileno comunista, 1981, p. 47).

Ministro a la fuerza, se sintió agredido y se aisló durante tres semanas sin hablar con nadie. Pero al final, recordó, “tuve que comprender que la responsabilidad de un militante consiste en cumplir lo mejor posible las tareas que el Partido le encarga”.

¿Cuáles eran éstas? Volodia Teitelboim explicó años más tarde que el nombramiento de ministros obreros buscaba “sellar la caída” “de los patrones, de la burguesía, del imperialismo, de los monopolios, del latifundio” y “contribuir a la revolución desde el plano creador, decisivo y fundamental de lo económico” (La izquierda chilena 1969-79, t. 2, p. 969). Fue el inicio de la “vía chilena al socialismo”.

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