Señor Director:
Se dice mucho que la inteligencia artificial va a destruir empleos. Pero pocos hablan del otro riesgo: no adoptarla también los destruirá. Quizás más rápido.
Acelerar la adopción de IA sin preocuparse de quiénes acceden a estas herramientas tiene un costo igualmente alto. Hoy, usar inteligencia artificial de calidad tiene un precio que muchos trabajadores y pequeñas empresas no pueden pagar. Eso significa que los beneficios de esta tecnología se van a concentrar en quienes ya tienen más recursos, ampliando una brecha que debemos cerrar.
Por eso tiene sentido pensar en un voucher de IA: un subsidio directo del Estado para que todos los chilenos puedan acceder a estas herramientas, igual que hoy accede a internet o a una cuenta bancaria básica. No como un lujo, sino como un derecho. Si la IA va a transformar el trabajo, lo mínimo es que esa transformación no deje atrás a los que menos tienen, siendo que tiene el poder de equilibrarlos con quienes tienen más.
Frenar la adopción de IA no protege a nadie. Pero adoptarla sin democratizar el acceso tampoco. La pregunta que debería estar en el centro del debate es cómo hacemos para que esta tecnología llegue a todos.
Nicolás Shea Carey
