Señor Director:
Considerando que nuestros gobernantes no cumplen con su obligación esencial y que antecede a todas las demás -que es la de mantener la seguridad y el orden público- me parece muy acertado que se le prohíba la tenencia y porte de armas de fuego a los delincuentes, pero no a las personas honradas y pacíficas.
Los ciudadanos tienen el derecho a poseer, a portar y a utilizar armas de fuego para poder defenderse de agresiones de delincuentes que pongan en peligro su vida o la de terceros o de su propiedad, cumpliendo ciertos requisitos legales que sean razonables pero que no afecten este derecho en su esencia.
¿Serían tan numerosos e impunes los “portonazos” y las “encerronas” -como lo son actualmente- si los asaltantes supieran que, al cometer tales delitos, se están exponiendo a una reacción del conductor o de los otros ocupantes del vehículo que les podría costar la vida?
Por Adolfo Paúl Latorre, abogado, Magíster en ciencia política

De acuerdo, como es actualmente que el Estado y el gobierno tiene abandonados a los ciudadanos
Sí Patricio, pero no me imagino el descontrol en el uso de armas que se podría esperar, sin considerar que debiera venir in proceso de aprendizaje …. Adolfo …. ¿ Queremos vivir lo equivalente a USA ? …. Chile necesita un camino lento pero seguro de educación de educación, con un gobierno dispuesto a aplicar políticas de control que hoy existen pero con voluntad de hacerlo ….
Don Fernando:
La campaña de desarme de la población civil obedece a las siguientes ideas: “Registre a todos aquellos que posean armas de fuego, para que sean confiscadas en el momento oportuno, haciendo imposible cualquier resistencia a la causa” (“Decálogo de Lenin”, conocido como “Manual para tomar el control de una sociedad”) y “Cada día, un esfuerzo nuevo, en la creencia de que al día siguiente puede sonar la hora de la revolución. Y sobre todo esto: armarse. Como sea, donde sea y por los procedimientos que sean. Armarse. Consigna: Ármate tú, y al concluir arma si puedes al vecino, mientras haces todo lo posible por desarmar a un enemigo” (“Decálogo del joven socialista” de Santiago Carrillo).
Adolfo Paúl Latorre