Señor Director

En reciente columna, la señora Sofía Salas, académica de la Universidad del Desarrollo, vuelve sobre el tema de la eutanasia, solicitando el respaldo a la iniciativa que Boric anunció para aprobarla legalmente. Reconoce, sí, el derecho de los médicos y del personal sanitario a excusarse, para no practicarla, mediante una objeción de conciencia.

Desecha, sin embargo, la posibilidad de retardar esta legislación dando prioridad a la solución de los gravísimos problemas que afectan al sistema de salud chileno. Y, lo que es más grave, nada dice de que, tal vez no por pura coincidencia, esta iniciativa se presenta en un momento en que la población mayor y anciana del país crece firmemente cuando, al mismo tiempo, la población joven disminuye de manera drástica.

La natalidad en Chile está en una crisis total y por ello la proporción de adultos mayores aumenta año a año. En este escenario es imposible no ver en la eutanasia un instrumento para deshacerse de tanto viejo que sobra y que molesta. Se podrán utilizar argumentos de máxima sensibilidad para promoverla, pero estos no pueden ocultar como ella presenta esta otra cara siniestra: “acuérdate viejito que tienes derechos a una muerte “digna”. Apúrate”. En vez de promover la natalidad entre los jóvenes, buscamos reducir el número de ancianos. Al final, Chile se quedará sin los unos y sin los otros. Sólo con migrantes para reemplazarlos.

Con todo, hay algo más grave. Autorizando la eutanasia se abre una puerta para la relativización del valor de la vida. Si ese valor va a depender de lo que quiera una persona humana, aunque sea la del titular de esa vida, esta pierde su valor intrínseco y de ella puede disponerse a discreción. Al principio, será invocando motivos muy severos, pero después irán entrando poco a poco otros motivos hasta alcanzar la posibilidad no sólo de disponer de la propia vida, sino también de la ajena.

Por cierto, al Estado corresponde el deber de apoyar a quienes se encuentran de cara al enorme desafío que significa enfrentar una próxima muerte como desenlace de una enfermedad incurable. Y a sus familias. Nadie puede desear la muerte porque se va a convertir en una carga insoportable para sus seres queridos. Esa es la tarea que se espera cumpla el Estado en vez de barrer debajo de la alfombra, por medio de la eutanasia, el problema que significa la presencia de esas personas enfermas.

Gonzalo Ibáñez S.M. – Abogado

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