Señor Director:

En cada cambio de gobierno se produce un proceso inevitable: el escrutinio del presidente electo. Esta vez le toca a José Antonio Kast. Dentro de ese examen público hay un tema que he visto repetirse en reportajes y redes sociales: su pertenencia al movimiento católico de Schoenstatt. Lo curioso es que buena parte de lo que se ha escrito es impreciso o derechamente equivocado. Por eso, como schoenstattiano, me animo a aportar algo de contexto.

Hace poco leí que Schoenstatt sería un movimiento “mega conservador” o incluso una suerte de red de contactos. Siento desilusionar a los sensacionalistas, pero simplemente no es así. Schoenstatt nace en Alemania a comienzos del siglo XX. En lo esencial, es un movimiento de peregrinación a un santuario mariano ubicado en un pequeño pueblo alemán del mismo nombre. Algo similar —salvando las distancias— a lo que ocurre con quienes peregrinan a Lo Vásquez o a La Tirana. Con el tiempo se han construido réplicas de este santuario en muchos países, abiertas a cualquier persona que quiera peregrinar, participe o no del movimiento.

El carácter mariano del santuario es clave para entender la espiritualidad de Schoenstatt. También lo es el contexto histórico en que surgió. El movimiento fue fundado por jóvenes en medio de una Europa marcada por la guerra y la incertidumbre. De ahí que uno de sus rasgos más visibles sea el fuerte sentido comunitario: personas que se apoyan mutuamente para vivir su fe. Otro elemento central es la libertad. El fundador del movimiento fue recluido en un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. En ese contexto extremo, el cultivo de la libertad interior fue decisivo para mantener viva la espiritualidad del movimiento (y probablemente al propio fundador). A ello se suman otros rasgos característicos: una fe práctica y el deseo de renovar la Iglesia y el mundo, entre otros.

Nada de esto implica uniformidad política. Los schoenstattianos no pensamos todos igual. Hay conservadores y liberales, personas de izquierda y de derecha. Presentar el movimiento como una plataforma de contactos es, por decirlo suavemente, un simplismo. Algunos compartimos con el presidente esa espiritualidad. Eso no nos convierte automáticamente ni en partidarios y menos en detractores suyos. Tampoco significa que su gobierno se rodeará exclusivamente de personas con esa misma experiencia religiosa. Concluir lo contrario no ayuda en el proceso de conocer más a fondo a quien nos gobierna.

Jorge Fantuzzi

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2 Comments

  1. Muy claro, gracias. Pero, no esperemos peras del olmo, hay muchas personas que lo explicado no les cabe en sus sucios cerebros y conciencias.

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