Señor Director,
El 22 de octubre el santoral católico celebra la fiesta de Juan Pablo II, canonizado en 2014 y quien fuera Papa entre 1975 y 2005. Polaco, teólogo y filósofo, fue fundamental en la lucha contra el comunismo en la Guerra Fría. Su papado estuvo marcado por un nutrido magisterio, profundo y significativo para el mundo católico, especialmente tras el Concilio Vaticano II. Su predicación y publicaciones estuvieron centrados en la figura de Cristo, como lo mostró desde su primera encíclica en adelante.
Ese magisterio reafirmó y recordó las grandes enseñanzas de la doctrina católica en distintas materias, como la relación entre Fe y razón (Fides et Ratio, 1998) y el valor de la vida humana (Evangelium Vitae, 1995). De especial relevancia es el magisterio «social», que recordó y enseñó las grandes verdades en torno a la vida política, económica y social que son necesarias para el bien común, la justicia y la paz.
El pensamiento de Juan Pablo II, en la tradición de la doctrina social de la Iglesia, se vuelve especialmente valioso para la reflexión de la crisis que enfrenta Chile en la actualidad. En medio del desplome de los totalitarismos, el Papa era claro en advertir de los peligros de una sociedad del consumo, fuera en un capitalismo salvaje o un Estado del Bienestar, y del relativismo ético en que se funda. Una democracia que reniega de las verdades morales objetivas, una economía que pone en el centro la ganancia y la producción y una labor social que anula la libertad e iniciativa de las personas en redes burocráticas son maneras de privar el desarrollo integral del ser humano que se han extendido por occidente y por todo el resto del mundo.
Chile no está exento de estos males. Cada uno de ellos de una forma u otra está detrás del quiebre político del 2019. Ningún programa de transformaciones, por muy popular o técnico que sea, podrá abordar las principales urgencias sociales sin una reflexión sería sobre el modo de erradicar esos males y sus manifestaciones, sin poner a la persona en el centro del desarrollo de la sociedad. Solo con la claridad de ello se puede trabajar en un progreso digno de los seres humanos, como decía san Juan Pablo II.
Jaime Tagle D.
Ayudante de investigación
Instituto Res Publica
