Señor Director:
Hay momentos en que un país se enfrenta a una bifurcación histórica. Chile vive uno de esos momentos hoy, con el debate parlamentario de la ley de Reconstrucción Nacional. Para entender por qué su aprobación importa más allá de la contingencia política, vale la pena recurrir a uno de los economistas más lúcidos del siglo XX: Joseph Schumpeter.
En su obra Capitalismo, Socialismo y Democracia (1942), Schumpeter describió el capitalismo no como un sistema estático, sino como un proceso perpetuo de «destrucción creativa»: las crisis no son anomalías del sistema, son oportunidades de renovación. Pero esa renovación no ocurre sola, requiere que el Estado cree las condiciones para que el emprendimiento y la inversión privada florezcan. Sin ese sustrato, la destrucción simplemente destruye.
Hoy ese principio adquiere una urgencia que Schumpeter no pudo anticipar: la inteligencia artificial está transformando el mercado laboral global a una velocidad sin precedentes. No es ciencia ficción, es el presente. Miles de empleos rutinarios, administrativos y de procesamiento de información están siendo automatizados ahora mismo. Los países que lleguen a esta transición con economías dinámicas, empresas capitalizadas y mercados laborales flexibles podrán reconvertir a sus trabajadores y crear nuevos empleos. Los que lleguen estancados, simplemente perderán.
Chile lleva más de una década con un mercado laboral que no logra recuperar su dinamismo. El estancamiento del crecimiento ha sido uno de los desafíos centrales del país en los últimos años, incluso mientras Chile atraía flujos récord de inversión, lo que sugiere que los obstáculos son estructurales. En términos schumpeterianos, el problema no es falta de capital ni de talento: es un sistema de reglas que frena la transformación productiva antes de que ocurra. Y esa fragilidad estructural es exactamente lo que hace más vulnerable a un país frente a una disrupción tecnológica de la magnitud de la IA.
El proyecto contempla incentivos tributarios a la contratación y medidas para acelerar permisos regulatorios, dos palancas directas sobre el empleo formal. Al mismo tiempo, reducir la carga tributaria sobre las empresas que contratan y eliminar los cuellos de botella que retrasan proyectos de inversión no es un regalo al sector privado, es reconocer, como Schumpeter lo hizo, que el empleo de calidad no lo crea el Estado por decreto, sino el dinamismo de una economía que puede innovar, arriesgar y crecer. En el contexto de la IA, esa capacidad de innovar no es un lujo, sino la única defensa real contra la obsolescencia laboral masiva.
El objetivo declarado del proyecto es alcanzar un crecimiento anual cercano al 4% del PIB y una tasa de desempleo del 6,5% hacia 2030. Esas cifras tienen nombre y apellido: son jóvenes que encuentran su primer trabajo en una economía que ya adoptó la IA, madres y padres de familia que dejan la informalidad, regiones que dejan de perder población por falta de oportunidades
Schumpeter también advirtió algo que Chile debería tomar en serio: las democracias tienden a la inercia. Mientras los costos de no actuar son difusos y graduales, los costos políticos de actuar son inmediatos y visibles. Ese sesgo lleva a bloques, partidos y parlamentos a postergar reformas estructurales hasta que el daño acumulado se vuelve imposible de ignorar -o hasta que las democracias se destruyen y son sustituidas por dictaduras.
Con la IA, ese lujo ya no existe. La ventana para preparar la economía chilena se está cerrando. El Congreso tiene hoy la oportunidad de aprobar una ley que ponga el empleo y la competitividad en el centro de la recuperación. Schumpeter diría que es ahora o nunca, porque las ventanas históricas no esperan… y esta vez, tampoco lo hará la tecnología.
Nicolás Shea Carey

Interesante reflexión, pero que no hace referencia a la sección del paquete rechazado, asociado a la IA. La discusión se refiere al concepto IA=no existe propiedad intelectual, versus una manera diferente de proteger la propiedad intelectual, en un nuevo contexto de la IA, por ejemplo vía capacidades privadas de procesamiento con IA que usan fuentes privadas que no otorgan acceso público. El tema pareciera estar en desarrollo, y no me queda claro que sea conveniente que simplemente aprobemos una ley por usar en su texto el concepto de moda: la IA.