Señor Director:
El año pasado, el Presidente anunció la implementación del Financiamiento para la Educación Superior (FES) como reemplazo del Crédito con Aval del Estado (CAE). Sin embargo, esta medida no aborda el problema de fondo: ¿por qué tantos egresados que estudiaron con CAE no han podido pagar su deuda?
En Chile existen más de 40 universidades acreditadas, pero la diferencia de calidad entre ellas es abismal. Esto se refleja en los índices de empleabilidad y los sueldos promedio de los recién egresados. Muchos estudiantes solicitan créditos para carreras en instituciones que no garantizan empleabilidad ni salarios adecuados, lo que los deja en una situación de endeudamiento insostenible. Como resultado, la carga de estos créditos impagos termina recayendo en el Estado, es decir, en todos los contribuyentes.
Este problema no es solo responsabilidad de las universidades, sino también de los alumnos que ingresan a ellas. Las universidades peor rankeadas tienen requisitos de admisión extremadamente bajos, lo que implica que muchos estudiantes sin hábitos de estudio consolidados o sin las competencias necesarias accedan a carreras universitarias. Estas habilidades fundamentales deberían adquirirse en las etapas previas de la educación, desde el preescolar hasta la enseñanza media. La falta de preparación explica, en gran parte, los altos índices de deserción. Y para quienes logran egresar, sus oportunidades laborales son escasas y rara vez cumplen con sus expectativas.
Ante esta realidad, cabe preguntarse: ¿No sería mejor restringir la oferta universitaria a aquellas instituciones que han demostrado formar profesionales con éxito? ¿Tiene sentido seguir financiando la formación de egresados que ingresarán a un mercado laboral sin oportunidades? Las propuestas del Ejecutivo no resuelven el problema de raíz. Al contrario, solo incentivan la creación de más universidades y la proliferación de más profesionales frustrados.
Vicente Fuenzalida
