Señor Director:

Ante el anuncio del alza de $10 al transporte para las tarifas de buses y el Metro del pasado 10 de noviembre, no pude evitar recordar esos odiosos “no son $30, son 30 años” tan hostilmente repetido para justificar la insurrección o mal llamado “estallido” -todas esas acciones de transgresión al orden público y la violencia- que ocurrieron a partir del 18 de octubre de 2019.

En esta ocasión, ante los $10, ¡¡vinieron a mi mente los últimos 10 años!

Hace unos días conocíamos de un 1% de IPC para octubre, sumando así una variación de un 4,7% en 12 meses, junto a un triste Imacec de 0% para el mes de septiembre (incluso decepcionante para el propio ministro Marcel) y un crecimiento del PIB para 2024, que no superará el 2%.

Jóvenes profesionales dejan el país en búsqueda de mayor estabilidad económica y seguridad. Según la Encuesta Nacional Urbana de Seguridad Ciudadana (Enusc) 2023, la sensación de inseguridad llegó a un máximo histórico de 90,6%.

Vivimos hoy el “legado” del segundo gobierno de Michelle Bachelet, incluyendo la Reforma Tributaria con un desplome de la recaudación, y la derogación del DL 600, resultando en una estrepitosa caída de la inversión extranjera desde los US$25.528 millones en el año 2014 a US$5.237 millones en 2017, y recién recuperando cifras de US$20.865 millones en 2023.

Para qué hablar de la Reforma Educacional: dando término al lucro, el copago y la selección en el sistema escolar. Hoy: 55% de la población considera que la calidad de la educación pública en Chile es mala o muy mala (Ipsos), lo que supone un incremento de 15 puntos porcentuales entre 2016 y 2024 y esto es a pesar de que Chile hoy destina un 5,9% del PIB a este rubro. (5° país de la OCDE, Education at a glance, 2024).

En salud, seguimos enfrentando las interminables listas de espera, como si se tratar de una lista de nombres o números y no de personas que con desesperación ven que su propia salud o la de alguien cercano se deteriora o peor aún, muere sin ser atendido.

Nota: la promesa de mejores pensiones tendrá que ser financiada en el futuro por los niños de hoy que a los 7 años no saben leer y aquellos chilenos aquejados por enfermedades nunca tratadas.

Gracias a la convicción del gobierno de Sebastián Piñera, y a una amplia mayoría de los partidos políticos, el 15 de noviembre de 2019 se logró salir democráticamente de la violencia y descontrol luego del estallido, con un acuerdo por la paz social y la nueva Constitución.

Y luego llegaban los frenteamplistas, los impolutos, los progresistas, feministas, animalistas con la supuesta (simple) solución para todos los males que el “modelo” (neoliberal) había traído, la nueva Constitución refundacional. Un sabio 62% de los chilenos dijimos no al “mamarracho”!

Demás está decir que ni la paz ni una nueva Constitución se han logrado desde entonces. Lo que, sumado a todo tipo de hechos de corrupción, mala gestión y hasta delitos de índole sexual han terminado por destruir la reputación del actual gobierno.

Parece irrefutable que los últimos 10 años han sido un desastre para nuestro país, incluyendo el estallido, los intentos de cambios a la Constitución, la pandemia, pero peor aún una suma de malas reformas, estancamiento, mala gestión y empeoramiento de la calidad de vida y la seguridad.

Catalina Cabello

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