Señor Director,

A la profunda crisis por la que atraviesa la educación en Chile, la crisis de autoridad de los profesores v/s el empoderamientos de los alumnos quisiera agregar «las malas políticas públicas», como eliminar la educación subvencionada mixta, en vez de fiscalizar a quienes no la aplicaban bien; desmunicipalizar la educación a nivel nacional, en vez de intervenir a los que no cumplen bien con su deber; o permitirse aberraciones tan grandes como la tómbola que atenta contra el pilar fundamental de la formación que es sacar a los niños de la incondicionalidad de la familia, a la exigencia, a la medición por resultados, ahora sustituida por el azar.

La tómbola convierte el acceso en un una ruleta, que viene a desincentivar el esfuerzo y el estudio, que por quitarle los patines a unos para dárselos a otros, como señal de equidad, terminó sumando y multiplicando las inequidades porque buenos alumnos no quedan, malos alumnos que luego desertan quedan, quitándole los cupos a los buenos estudiantes, hermanos de misma madre y de distintos padres (apellidos) no quedan juntos, estudiantes que viven cerca de sus escuelas quedan, incluso fuera de la comuna donde viven, lo que es muy poco sustentable por el costo y tiempo de traslado que implica y es una de las razones que explican las alzas en los índices de deserción escolar que han tenido un aumento alarmante.

Muchos padres no tienen los recursos para trasladar a diario (dos veces al día) a niños que pueden quedar en un colegio a varios kilómetros de donde viven. En fin, cuando las políticas públicas se implementan desde la creencia, la ideología, el impacto mediático y político que puedan generar las frases para el bronce de quien la anuncia desde un escritorio y no desde el conocimiento, la realidad, la necesidad de las familias, los estudiantes, las cifras, la evidencia, la experiencia y la sapiencia, el resultado es lo que estamos cosechando.

El Transantiago iba a bajar la tasa de accidentes y los índices de contaminación y se convirtió en un calvario para sus usuarios con un costo descomunal para todos los chilenos porque los errores del Estado los pagamos los contribuyentes.

Gobernar es con responsabilidad, calibrando los efectos indeseados que se pueden producir, rectificando antes de imponer experimentos para ver cómo resultan por el camino. Los costos son muy altos para los que los pagan y para el futuro del país.

Josefina Sutil Servoin

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