Señor Director:
El Papa Pío XI calificó al comunismo como “intrínsecamente perverso” (en su encíclica Divini Redemptoris) confirmando lo dicho por su predecesor Pío IX quien manifestó que se trata de una “doctrina contraria al derecho natural” que lleva a la radical subversión del orden social y del derecho de propiedad (encíclica Qui Pluribus). El comunismo despoja al hombre de su libertad, quita toda la dignidad a la persona humana y no le reconoce al individuo ningún derecho frente a la colectividad. Su finalidad es socavar los fundamentos de la civilización cristiana occidental. Se caracteriza por su naturaleza totalitaria y por una habilísima propaganda con la que pretende ocultar la monstruosa tiranía que busca imponer.
Para los comunistas su patria es la sociedad socialista; el paraíso en la tierra que hay que crear por las buenas o por las malas; ya sea por la vía electoral o por la vía violenta, a sangre y fuego. ¿Cómo se puede luchar eficazmente contra esta nefasta ideología? Me parece que la mejor manera de hacerlo es difundiendo, didácticamente, la historia del comunismo, la realidad vivida por sus víctimas, su desprecio por los derechos humanos y su carácter de modelo dictatorial absoluto. Para ello bastaría con comparar los regímenes políticos entre países tales como Corea de Norte y Corea del Sur o entre la antigua Alemania del Este y la Alemania Occidental o bien haciendo preguntas tales como: ¿A qué lugar preferiría ir a vivir?, ¿a qué país enviaría a sus hijos a estudiar?, ¿dónde depositaría sus ahorros?, ¿dónde iría a efectuarse una delicada intervención quirúrgica?, ¿a Francia o a Gran Bretaña o a Cuba o Venezuela?
