Señor Director:
Resulta difícil imaginar que escuchar los latidos del corazón de un bebé pueda ser considerado un acto de violencia psicológica. Algo tan «brutal», «violento» o un «método de tortura» como algunas mujeres comentan la noticia en redes sociales.
Todo esto por el proyecto de ley “Escucha su Corazón”, propuesto por diputados del partido Nacional Libertario, Republicano y Renovación Nacional, donde se pide a las mujeres que escuchen el corazón del bebé al que quieren abortar bajo la inmoral ley de tres causales.
Así que respondamos la pregunta. ¿Puede el latido del corazón del bebé constituir un acto de violencia psicológica?
Durante décadas se ha instalado la idea de que un embarazo producto de una violación solo puede terminar en más sufrimiento. Sin embargo, cuando se escucha a las propias víctimas, el relato ya no es como nos enseñaron.
Uno de los estudios más completos sobre este tema es Victims and Victors, del Dr. David Reardon, que durante nueve años recopiló el testimonio de 192 mujeres embarazadas producto de violación o incesto. Casi el 90% de las mujeres que abortaron afirmó que lamentaba haberlo hecho y que el aborto no solucionó su trauma. En cambio, ninguna de las 133 mujeres que continuó con su embarazo manifestó arrepentimiento por haber dado a luz. Muchas describieron a ese hijo como el comienzo de su proceso de sanidad y la prueba de que el violador no tendría la última palabra sobre sus vidas.
Los propios autores concluyen que la violación constituye el verdadero acto de violencia, sosteniendo que el aborto puede transformarse en una segunda agresión, agregando un nuevo trauma a una mujer que ya fue víctima.
Por eso resulta imposible sostener que escuchar el corazón de un bebé constituya violencia psicológica. La evidencia apunta exactamente en la dirección contraria.
Pero si realmente queremos hablar de violencia psicológica, conviene mirar donde sí existe evidencia. Un metaanálisis publicado en The British Journal of Psychiatry, que analizó 22 estudios y más de 877.000 mujeres, concluyó que quienes abortaron presentaban un 81% más riesgo de desarrollar problemas de salud mental que quienes no lo hicieron.
Un 34% más riesgo de ansiedad, 37% más riesgo de depresión, 110% más riesgo de abuso de alcohol, 220% más riesgo de consumo de marihuana y 155% más riesgo de conductas suicidas.
Entonces, si escuchar durante unos segundos el latido de un bebé constituye violencia psicológica, ¿cómo deberíamos llamar a un procedimiento asociado a un aumento importante de depresión, ansiedad, abuso de sustancias e incluso conductas suicidas?
La verdadera pregunta debería ser ¿por qué tanta oposición a un latido?
Y es porque las cifras muestran que cambia decisiones. Tras la entrada en vigor de la Texas Heartbeat Act (misma ley en Texas), los abortos registrados en ese estado disminuyeron más de un 60% en los meses siguientes.
La verdad, es que un latido no obliga a nadie a continuar un embarazo. Lo único que hace es mostrar la verdad. Que un aborto mata una vida. Por eso algunos prefieren que no se escuche.
Pablo Ortiz Herrera – Periodista y emprendedor

Excelente. Estadísticas claras y muy convincente
No soy partidario del aborto porque creo que tenemos el deber de defender la vida de todo ser humano desde el momento que es engendrado, más aún, mientras está en el vientre de la madre, pero creo que la evidencia mostrada en esta carta para defender el que se escuche lo latidos del corazón del ser que está por ser abortado, no se hace cargo de la principal objeción a la medida que es que agrega más sufrimiento a aquellas mujeres que han decidido abortar; en otras palabras, falta un contrargumento debidamente refutado.