Señor Director:

Hay una incoherencia que el Gobierno no ha querido explicar. A los salares menores (Ascotán, Quillagua, Hilaricos) el Estado les exige licitación, decreto presidencial y el escrutinio íntegro de la Contraloría, que incluso rechazó esos contratos por no ajustarse a la forma legal. Pero al Salar de Atacama, el yacimiento más rico del planeta, se lo entregó a SQM y Codelco por trato directo, sin que nadie compitiera, con un contrato que amarra a Codelco hasta 2060.

Se exige competencia donde la renta es marginal y se firma a ciegas donde se juega el grueso del patrimonio de todos los chilenos.

¿Quién decidió que el salar más valioso del país no merecía una licitación? ¿Por qué se renovó al incumbente (SQM) sin medir cuánto más podía obtener el Estado en una competencia abierta? Según el economista Jorge Quiroz, antes de asumir como ministro de Hacienda, SQM y Codelco pagaron entre USD 5.000 y 10.000 millones menos de lo que Corfo habría obtenido de haberse licitado como se debía.

El mensaje que queda es desolador: reglas estrictas para los chicos, excepciones a la medida para los grandes. Si la licitación protege el interés público, que se aplique donde más está en juego. Lo contrario no es prudencia: es renuncia.

Nicolás Shea Carey

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