Señor Director,

Este sábado 29 de julio ha fallecido Luis Hevia, en la capital. Se encontraba enfermo, acompañado de la Pacita, su señora durante más de medio siglo.

En 1967 Luis Hevia fue vicepresidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (FEUC), que lideró Miguel Ángel Solar, en los tiempos de la toma del 11 de agosto y de la Reforma Universitaria. Además aproveché de entrevistarlo, para el libro Juventud, rebeldía y revolución, que yo estaba escribiendo sobre el tema.

Lo conocí hace poco menos de una década, cuando él comenzó a asistir a los cursos del Centro de Extensión y Estudios de la Universidad San Sebastián (CEUSS). Fueron cientos de miércoles, en los que él participó contento y agradecido, generoso con sus conocimientos y amable como el caballero que siempre fue. Un día se acercó a contarme que conocía a mi tío Raul, hermano de mi mamá, porque participaban juntos en una Comunidad de Vida Cristiana. Ese era precisamente el centro de su pensamiento y su convicción, que lo llevó siendo joven incluso a ir a vivir a unas comunidades, recién casado, me parece haberle entendido que en San Joaquín.

Preocupado de la historia y de la actualidad, vivía rodeado de amigos. El 14 de julio celebró su último cumpleaños con el “grupo del Tip y Tap”. En una ocasión me invitó a reunirnos con un grupo de personas que había recibido la influencia del sacerdote José Pepe Vial -muchos estuvieron en la dirigencia universitaria-, sobre quien escribí en alguna oportunidad. Fue, sin duda, una conversación fascinante.

Habitualmente me escribía algunos WhatsApp: para saludarme, para darme las condolencias por la muerte de mi padre (“Ánimo, él está en presencia de nuestro Buen Dios”); o para sugerirme alguna lectura. Siempre con un afectuoso y Cristiano saludo en Navidad y en Pascua de Resurrección. Hace un par de meses me envió un video con una entrevista al sociólogo Manuel Antonio Garretón, presidente de FEUC en los años 60: “podría interesarte para tus investigaciones”.

Un último recuerdo, de tantos que agradezco al haber tenido a este alumno maravilloso. Llegó un día tempranamente a las clases de los miércoles, me llevó a un costado y me dijo: “Alejandro, encontré esta revista Mensaje en mi casa, y sin duda estará mejor en tus manos”. Le agradecí profundamente: era el número especial de 1962, dedicado al tema de la Revolución en América Latina. Cada vez que la consulto recuerdo a Lucho como era: noble, generoso, gran amigo, cristiano, profundamente humano. Que el Buen Dios lo tenga junto a Él; así lo quiso y así vivió.

Por Alejandro San Francisco 

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