Señor Director:
Con inusitada velocidad y difusión se está tramitando al interior de la Convención Constitucional la reforma del actual Congreso Nacional, actualmente con una estructura bicameral, cuya reforma en cambio apunta hacia el unicameralismo. No obstante ello y por muy atractivo que pueda sonar, dicha iniciativa dista por mucho de ser algo positivo y beneficioso para nuestra tradición republicana y constitucional, pues atenta contra una estructura sólida y rica en posibilidades de acuerdos y grandes alianzas, fundada en un mecanismo de necesarios pesos y contrafrenos, negociaciones y diálogos, cesiones y ganancias.
La lentitud en la redacción de las leyes como argumento para destruir al bicameralismo es un argumento insuficiente y falaz; toda ley requiere de tiempo, estudio, análisis y perfeccionamiento en su texto final. Como contraargumento, esgrimo que basta con ver, entre otros, dos de los últimos grandes logros del Congreso: el retiro de los fondos previsionales y la Pensión Garantizada Universal. Ambos proyectos, en un principio inviables y polémicos, terminaron siendo aprobados por el «terrible y cruel» Parlamento bicameral chileno.
