Señor Director: 

Cuatro meses después del estallido social, casi el 70% del comercio ubicado en la «zona cero» de Santiago sigue con sus puertas cerradas. Enfrentamientos, saqueos, e intentos de incendios son, lamentablemente, pan de cada día para los locatarios que trabajan y se ganan la vida en el sector de Plaza Baquedano, así como en las diferentes capitales regionales de nuestro país. Por lo mismo, no puede sino resultar indignante que organizaciones que supuestamente se jactan de velar por el bienestar de la clase trabajadora, sean quienes se encargan de mantener viva a la «Primera Línea» en el sector.

Entre ellos, figura nada menos que el Movimiento Internacional de Trabajadores y la Central Clasista de Trabajadores. Sin duda una actitud hipócrita que una vez más deja al descubierto el sucio juego político que se esconde detrás de instituciones como éstas, donde el respeto por el trabajo ajeno se mide solo por la simpatía que éste tiene por la causa. Abogar transversalmente por los derechos del pueblo chileno nunca estuvo ni estará en su lista de prioridades.