Señor Director:

Con el inicio de la pandemia, experimentamos un hecho sin precedentes: de un día a otro, los expertos en salud pasaron a ser actores principales en el escenario mediático nacional. Bajo esta nueva realidad, han sido varios los agentes políticos que vieron una oportunidad para ganar notoriedad infiltrándose en la mesa de los especialistas, muchas veces sin tener los conocimientos necesarios. Este es el caso del alcalde de Recoleta Daniel Jadue. El ejemplo más reciente de esto es el uso de Avifavir. El alcalde sigue defendiendo sus declaraciones iniciales, en que omite condiciones de la autorización del ISP y promueve su uso en situaciones no respaldadas por los estudios que él mismo comparte en redes sociales. Todo esto mientras nada en contra de las advertencias de un grupo transversal de expertos, que incluyen, entre otros, la Fundación Epistemónikos y el Colegio Médico, entidad que ha destacado a lo largo de la pandemia por sus críticas objetivas y despolitizadas. A esto se suman múltiples episodios, como el famoso Interferón Alfa 2B, su desconfianza respecto al calendario de vacunas y las intenciones de importar la vacuna “Soberana”. 

Todas estas intervenciones fueron respaldadas en su momento por miembros de su partido, acusando a las autoridades y a los medios de mezquindad política. En otras palabras, privilegiaron mantener la imagen de su candidato por sobre la salud de los chilenos. Independiente de nuestra visión política, como sociedad debemos condenar, sin matices, la desinformación en salud como instrumento político.