Señor Director:
Las recientes declaraciones de la exministra vocera Mara Sedini sobre su paso por el gobierno del Presidente José Antonio Kast merecen una reflexión que va más allá de las diferencias políticas. Se relacionan con un principio esencial del servicio público: asumir responsabilidades únicamente cuando se cuenta con la preparación y las competencias para ejercerlas.
Fue la propia Sedini quien, en una entrevista televisiva, parafraseando a Platón, afirmó que el primer acto de corrupción de un funcionario consiste en aceptar un cargo para el que no está preparado. La frase encierra una verdad profunda. Sin embargo, los hechos terminaron evidenciando una contradicción entre ese principio y su desempeño como vocera de Gobierno.
Su gestión estuvo marcada por reiterados errores comunicacionales, una baja valoración ciudadana reflejada en diversas encuestas y la necesidad de que el propio Presidente Kast, en más de una ocasión, debiera salir a corregir declaraciones o enfrentar controversias que correspondía resolver a la principal portavoz del Ejecutivo. Más que un problema político, aquello evidenció una insuficiente preparación para una de las funciones más complejas del Estado.
Los cargos públicos no son espacios para aprender sobre la marcha. Exigen experiencia, criterio, liderazgo y una comprensión profunda de la responsabilidad institucional que implican. Pero, sobre todo, requieren entender que ejercer una función pública constituye un honor y un privilegio: el de servir a Chile antes que a los intereses o protagonismos personales.
La autocrítica siempre será bienvenida, pero sólo adquiere verdadero valor cuando comienza por reconocer las propias responsabilidades.
Rodrigo Durán Guzmán

Así es, muy certero. La última entrevista por ella dada, confirma con meridiana claridad que nunca debió haber sido nombrada para un cargo de ministro de Estado.