Señor Director:

La Convención sigue su marcha implacable. En el principio, hubo ilusos que genuinamente creyeron que buenos frutos podían surgir de esta. Luego, se dieron cuenta de que más parecía un circo que un órgano destinado a redactar un texto fundamental. Hoy, los mismos ilusos que depositaron su fe en ella comienzan a sentir el miedo y el pavor que causan las propuestas que auguran un oscuro futuro para Chile. Nuestra nación se derrumba hasta sus bases. Hay quienes siguen intoxicados con las fantasías que les prometieron. Hay quienes, junto con la estampida del capital fuera de nuestros cofres, ya partieron a la diáspora chilena, a la cual se le suma otro tanto que está por partir. También están los ciudadanos dispuestos a resistir. Sin embargo, y como nos enseña proféticamente el salmo 11, “si han destruido los cimientos, ¿qué puede hacer el justo?”

Juan Pablo Zúñiga Hertz, Ph.D. Investigador Académico, University of California, San Diego

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