Señor Director,

La propuesta constitucional tiene un alto costo no solo monetario, sino que institucional pues, a la luz de las explicaciones que con extremo convencimiento escuchamos de lado y lado intentando aclarar su articulado, es posible señalar que ella es enormemente interpretable en lo institucional para la seguridad de la ciudadanía y el progreso.

Como está escrita la propuesta genera inestabilidad. Posee candados más categóricos que la constitución vigente y creará personajes designados que estarán habilitados para designar y para crear más clientelismo político. El Presidente ha señalado que de ganar el rechazo lo que vendría es un proceso de más convenciones, más convencionalistas, más votaciones, más tiempo, pero lo que no dice es que para cambiar la propuesta de constitución se necesitan nuevos plebiscitos que implican mayor gasto, largas campañas y tiempo ciudadano, candados adicionales que están calculados para motivar el entreguismo y cansancio civil.

Como ciudadano, al ver estos nuevos anclajes y favoritismos para hacer cambios, recuerdo lo atado y bien atado de la que nos rige, con el agravante de que en el instrumento propuesto tanto cerrojo permite decir que ella está construida para eternizarse en el poder y escuchar pero no considerar la opinión contraria, tal como lo vimos en la instancia constituyente.

Contribuye también la re elegibilidad posible del Presidente, cuestión que, no nos engañemos, implicará estar en una constante campaña para reelegirse y habrá una utilización del aparato público.

Que el gobierno y la derecha digan antes del plebiscito de salida qué es lo que se comprometen a cambiar y en cuánto tiempo ello se hace. Esto es muy necesario para que los ciudadanos decidamos.

Jaime Dart Vallejos

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