Señor Director:

La aprobación del corazón del proyecto de Reconstrucción Nacional es una buena noticia que gran parte de la oposición se resiste a reconocer.

La rebaja gradual del Impuesto de Primera Categoría del 27% al 23% no constituye un privilegio para «el gran capital», sino la corrección de una anomalía que por años restó competitividad a nuestra economía frente a la OCDE. Quienes la objetan confunden la tasa con la recaudación. El rendimiento de un tributo no depende solo de su tasa, sino de la base sobre la que se aplica; y una tasa que ahuyenta inversión termina erosionando la base misma que pretende gravar. Una tasa competitiva hace lo contrario.

En cuanto a la invariabilidad tributaria, impugnada por la oposición ante el Tribunal Constitucional por supuestamente atar a las mayorías futuras, conviene recordar que no petrifica el derecho. La potestad del legislador permanece intacta para toda nueva inversión. Lo que la norma garantiza es que quien arriesga cincuenta, cien o trescientos cincuenta millones de dólares en proyectos de horizonte largo conserve, solo respecto de ese proyecto y por un plazo acotado, las condiciones pactadas.

Un Estado que respeta sus reglas no pierde soberanía, sino que gana la credibilidad sin la cual la inversión no llega.

Francisco Alcaíno Madrid – Abogado

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