Señor Director:
La semana entrante se cumplen cinco años de las revueltas de 2019 y uno de los recuerdos más dolorosos que tengo es todos esos cobardes que gritaban “la única Iglesia que ilumina es la que arde”, mientras incendiaban y profanaban esos lugares sagrados para todos los chilenos, se quiera o no. El mismo Jaime Guzmán decía que es difícil entender la historia de Chile y Latinoamérica sin sus profundas raíces cristianas, y en ese tiempo, en ese afán pseudo anarquista de romper todo lo establecido, quedó en evidencia el nulo respeto y el evidente odio a la Iglesia que le tenían algunos individuos que fueron parte de ese estallido. Una vez más no saben diferenciar la creencia en Dios con la creencia o consideración en el estamento eclesiástico.
Por José Tomás Vera Casanova

Los chilenos nos caracterizamos por no llamar a las cosas por su nombre. Denominar “estallido social” a la quema de innumerables estaciones del Metro simultáneamente, en cualquier país del mundo desarrollado se llama terrorismo.
Por otra parte, es absurdo llamar “estallido social” a una asonada revolucionaria cuyo objetivo era derrocar a un gobernante democráticamente elegido.
Adolfo Paúl Latorre
Abogado
Magíster en ciencia política