Señor Director:
Salí de Damasco, Siria, el lunes 9 de diciembre de 2024, en calidad de diplomático, un día después de la caída del gobierno del Presidente Bashar al-Assad. Occidente aplaudía la llegada de los terroristas al poder (hoy llamados rebeldes no por mí, sino por el propio Occidente). Poco importaba si habían llegado al poder por voto popular o a costa de bombazos y asesinatos. Lo medular era que la “Primavera árabe”, eufemismo promovido por Occidente, por fin había concluido. Siria era el único país que no había caído en esa telaraña llamada “Primavera”, que traería bienestar, amor, respeto, fraternidad, igualdad y libertad, democracia (liberal y globalizante, por supuesto).
Hoy la prensa europea (DW, El País, The Guardian, entre otros) con “preocupación” informa de los más de mil quinientos asesinatos llevados a cabo -en un par de días- por el nuevo régimen político sirio en zonas de influencia del ex mandatario al-Assad. ¿Atropello a los derechos humanos? Sí, por supuesto. Groseramente pisoteados. ¿Genocidio? Sin duda. Se les asesina por religión, a musulmanes alauitas, ala liberal de los musulmanes. Por su parte, drusos, cristianos y otros, no saben a qué atenerse. Una nueva pesadilla.
Mientras, nuestro país, Chile, gran promotor de los derechos humanos, calla. El canciller, en Suiza, promoviendo nuestra reelección en el Consejo de Derechos Humanos en la ONU. Hasta ahora, ni un solo comunicado oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, expresando no su consternación -es mucho pedir-, sino su preocupación. Nada. Lo que hoy acontece en Siria, de lo que me relatan a diario mis amigos sirios de distintas provincias de Siria, es espeluznante. Un país dirigido hoy por personas que hablan árabe con acento afgano, turkmeno o de otras regiones. No son sirios. Violencia por doquier en ese amable pueblo, que me acogió por cuatro años.
El régimen “criminal” sirio de Bashar, denominado así por Occidente y a cuyo concepto Chile también adscribió, apoyó la candidatura de Chile a ese Consejo de Derechos Humanos hace un par de años, entendiendo que nuestro país reprobaba al gobierno de al-Assad por presiones internacionales y gobiernos de turno, pero que, sin embargo, los chilenos apreciaban a los sirios. No había rencor de las autoridades sirias sino comprensión hacia nuestro país, Chile. A pesar de ello, Chile votaba en contra del régimen de al-Assad en materia de derechos humanos y hoy su silencio es ensordecedor. Ni una palabra de aliento para ese pueblo, Siria, donde la hospitalidad es su sello inconfundible.
Un mínimo de coherencia y rectitud intelectual, a veces es necesario. Nadie sabe más de diplomacia que quienes la profesan y estudiaron.
Patricio Brickle – Doctor en Filosofía, Université Paris 8, Vincennes-Saint-Denis, Francia
