Señor Director:

La legítima defensa de la vida y la propiedad, solía considerarse como parte integrante de la dignidad humana. Nadie en su sano juicio consideraba que alguien tenía la obligación de aceptar que se vulneraran ilegalmente sus derechos ni que se atentara contra su persona. Pero la industria de los DD.HH. lleva años diciendo otra cosa. Sus funcionarios sostienen que los victimarios son las reales víctimas, y las víctimas, los victimarios. Como la sociedad en la que habitamos no ha logrado la utopía, somos todos culpables por las desventuras y malas decisiones de quienes resuelven tomar un rumbo siniestro… menos ellos por supuesto. El ladrón, violador o asesino, lo es por culpa de la sociedad y no por decisión o gusto. Por eso todos debemos sufrir el costo de no ser perfectos, menos los delincuentes claro está. Aunque, curiosamente, ante delitos de cuello blanco este criterio parece desvanecerse.

Pregúntese usted qué puede hacer a esta altura un carabinero para defenderse. Mi sugerencia es que cada uno lleve a su lado un carro de supermercado con diferentes revólveres, cuchillos, metralletas y demases, así cuando sea atacado con una 22 podrá acudir a su 22 y no a su 38 de reglamento, y si es atacado con un machete podrá acudir a su machete, para que no digan que la pelea fue injusta y que, por tanto, no hay legítima defensa. Criterios como arma letal ya no son válidos. Hoy hay que acudir a una huincha de medir para determinar qué punzón medía más, y así ver si se le permite a uno defender su vida. ¿No sería interesante ver incontables peleas a cuchillo entre policías y delincuentes en la calle? Ese sí sería un país próspero. Todo un espectáculo. Otra opción sería correr. Pero pregúntese, ¿si siempre tienen que salir corriendo por miedo a ser atacados sin poder defenderse, arriesgando de paso sus vidas, a quién van a poder detener? Es mejor que se vayan a sus casas. Nadie está obligado a lo imposible. Aunque sería notable ver diariamente a los policías huyendo por las calles de los delincuentes. Ese sí sería un país civilizado. Todo un circo. Lo ocurrido sin duda es una tragedia para la familia y amigos del occiso, pero las culpas donde pertenecen. Por lo demás, este discurso de que quienes delinquen son legalmente intocables ante una agresión propia contra carabineros podría resultar nocivo. Puede que los policías terminen en la cárcel, pero siempre van a preferir seguir viviendo y ningún delincuente es de acero. No es razonable ni racional llamar a tentar a la suerte de esta manera, salvo que busquemos resultados desastrosos.