Señor Director:
Agradezco la atención que la señora Sofía Salas dedicó a mi carta. Antes de entrar a responder, quisiera comentar que me llamó la atención que ella, como docente investigadora en bioética, el centro de su interpelación haya sido desacreditar la evidencia sobre los posibles efectos del aborto, en lugar de preguntarse primero por la legitimidad ética de terminar con una vida humana en desarrollo.
Al menos esa no fue la concepción original de la bioética. Desde sus pioneros, como Fritz Jahr y Van Rensselaer Potter, esta disciplina surgió como un intento por tender un puente entre el conocimiento científico y los valores morales. Es decir, qué debemos hacer con aquello que la ciencia nos permite hacer y cómo protegemos la vida frente a ese poder.
Dicho eso, vayamos al asunto. La docente Salas sostiene que los estudios que cité serían metodológicamente insuficientes para concluir que el aborto puede generar consecuencias psicológicas relevantes. Sin embargo, esa respuesta le traslada la carga de la prueba. Así que le hago la pregunta. ¿Puede usted afirmar, con suficiente certeza científica, que el aborto no implica riesgos psicológicos relevantes y que, por tanto, entregar mayor información antes del procedimiento constituye “violencia psicológica”? Esa afirmación exige un estándar probatorio tan alto como el que usted demanda a los estudios que cuestiona.
Si algo podemos tener claro, es que el tema está lejos de encontrarse completamente resuelto. No porque no exista evidencia suficiente, sino porque cada vez que una investigación encuentra una asociación entre aborto y problemas de salud mental y físicos, se señalan inmediatamente sus posibles sesgos, factores de confusión o limitaciones estadísticas.
Pero el mismo estándar debería aplicarse a los estudios que concluyen que el aborto no produce consecuencias psicológicas. También ellos dependen de decisiones metodológicas discutibles, niveles de abandono, grupos de comparación y variables que pueden modificar sus resultados. Y nunca son puestos al mismo nivel de escrutinio metodológico. Algo bastante extraño.
Cuestionar las limitaciones de un estudio no demuestra automáticamente la hipótesis contraria. En otras palabras, probar que una investigación no establece de manera definitiva una relación causal no equivale a demostrar que esa relación no existe o no es real. Aunque todos los estudios que cité fueran metodológicamente imperfectos, aquello no demostraría que el aborto es inocuo.
En medicina es parte del correcto procedimiento informar a los pacientes sobre los riesgos antes de una cirugía, un medicamento o un tratamiento. ¿Por qué debería aplicarse un criterio diferente al aborto? ¿No será que lo que temen es escuchar el sonido de la verdad? A mí me resulta bastante extraño sostener que una mujer es plenamente autónoma para decidir sobre la vida de su hijo, pero demasiado vulnerable como para escuchar su corazón.
La bioética nació para poner el conocimiento científico al servicio de la vida y de la dignidad humana. Informar al respecto no es violentar. Ocultar información relevante en nombre de una autonomía incompleta se encuentra mucho más cerca de hacerlo.
Pablo Ortiz Herrera – Periodista y emprendedor

Excelente, gracias