Señor Director:
El Líbero realizó bajo este mismo título, un interesante y completo documental sobre las 296 iglesias cristianas quemadas en Chile, en los últimos 11 años. A ese respecto, consideramos necesario comentar, también, que a ello no se llega de improviso ni por mera obra del acaso, sino que a través de un largo proceso, más aún si estamos hablando que este se produce en un país históricamente cristiano como el nuestro.
Dentro de los métodos empleados para incitar a ese odio y desprecio, están las publicaciones. Como, por ejemplo, “Plan B” y “The Clinic” entre otras formas. Esta última se fundó en 1998 por dos “empresarios”, ofendiendo gravemente durante 20 años principalmente a la Iglesia Católica y a todo lo que esta representa. Personalizando esos bajos sentimientos en figuras sagradas como son Jesús, la Virgen María, San José, sus Arcángeles y mediante -incluso- con un número especial destinado a denostar a los papas. Fundamentalmente en contra de San Juan Pablo II y Benedicto XVI, este último un gran teólogo e intelectual.
Todo ello, a través de portadas, páginas interiores y contraportadas. E incluso, mofándose del Espíritu Santo, respecto a cuyas ofensas Jesucristo advirtió de sus graves consecuencias con duras palabras.
Es así, que cuando la Universidad Alberto Hurtado otorgó cuatro premios anuales de excelencia Periodística a The Clinic hasta el año 2014 y en presencia de su rector, siete profesionales presentamos una denuncia canónica ante el arzobispo de Santiago, quien se declaró incompetente enviándolo al Provincial de la Compañía de Jesús. Y este, a otro tribunal eclesiástico hasta siete de ellos, sucesivamente. Finalmente, después de ocho años de trámites y a través del Nuncio Apostólico en Chile, fue enviada al Papa Francisco en última instancia, diplomático aquel que nos aseguró que Su Santidad la había recibido, quien la tuvo tres años en su poder, sin dictar ni él ni ningún otro tribunal resolución alguna, contrariando un principio universal del derecho, cual es el de la inexcusabilidad, el que obliga a todo tribunal resolver cualquier presentación que se haga ante estos. Teniendo en consideración que las ofensas se hacían a través de los kioscos y a la vista de los habitantes de nuestro país, profitando a la vez de sus continuas ofensas largamente proferidas.
Así, esta política persecutora empleada en contra de nuestra Iglesia ha tenido un campo abierto por años, sin mayor defensa de sus autoridades ni de parte de laicos, quienes tenemos por deber -al menos desde que recibimos temprano el sacramento de la confirmación- de defenderla con decisión, siguiendo la enseñanza de Jesús: “Al que se ponga de mi parte ante los hombres, yo me pondré de su parte ante mi Padre de los Cielos”.
Sí, los laicos católicos también hemos sido indolentes. Por ejemplo, en la misa de desagravio por el incendio de la iglesia San Francisco de Borja de Carabineros de Chile a una cuadra de la plaza Italia en enero de 2020, concurrimos no más de doscientas personas.
Lo ocurrido en Chile, en cuanto a las frecuentes blasfemias de que da cuenta el documental de El Líbero, no es nuevo en la historia de los últimos 100 años. En efecto, a modo de ejemplo podemos recordar la guerra de la Cristiada en México (1926-1929), y 10 años después con lo acontecido durante el gobierno de Manuel Azaña, izquierdista anticlerical, Presidente de la Segunda República en España. En cuyo periodo frente a la persecución de los católicos, estos reaccionaron con fuerza, desatándose una guerra civil, que más que todo fue una guerra santa.
Lo que venía preparándose desde algunos años antes, con incendios de iglesias y conventos, pero cuyo gran detonante fue cuando milicianos rojos dispararon con sus fusiles en contra de la estatua del Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de Los Ángeles, en julio de 1936, fusilando -literalmente- al citado monumento.
Pues bien, en Chile, en la iglesia de La Gratitud Nacional el 9 de junio de 2016 en una marcha de la Confech, manifestantes entraron al templo y sacaron a su gran Cristo que lo destrozaron en la calle. Pero, no hubo una reacción como la española ni mucho menos. Desde el año 2019 en adelante, se ha continuado en la misma ofensiva, cuya historia es conocida.
En suma, en el balance de la persecución a la Iglesia Chilena y su pobrísima defensa, estamos al debe. Y habría que prepararse para cualquier nuevo embate contra ella.
Las palabras de Jesús en el sentido que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella, no implican la indolencia ni molicie de sus miembros, sino muy por el contrario.
De esa forma, en algunos años más si continuaran los ataques, podremos mostrar en otro documental a los cristianos asumiendo su defensa y logrando vencer en distintos frentes -comenzado por la persuasión a la razón- a quienes pretendieron coaccionarnos en nuestro legítimo ejercicio al culto en cualquiera de sus expresiones vulnerando la ley y el derecho.
Sergio García Valdés – Abogado

Extraordinario relato del Abogado García Valdés. Hay responsables intelectuales de la tragedia que ha vivido Chile. En España también se ha silenciado el drama de los miles de clérigos y religiosas asesinadas por los rojos.
Excelente y dramático relato de lo ocurrido contra la iglesia cristiana.
Excelente la carta de don Sergio Garcia V. Muy importante no olvidar ni permanecer indiferente ante estos ataques a nuestra religión. Es el primer paso para evitar que ellos continúen.
Gonzalo Ibáñez S.M.