Señor Director:
En el marco de la conmemoración de los 99 años de Carabineros de Chile, quisiera compartir una reflexión que nace no sólo desde una posición ciudadana, sino también desde mi historia personal profundamente ligada a la institución.
Soy hijo de un Suboficial Mayor de Carabineros. Crecí entendiendo que el uniforme no es solo una prenda, sino un compromiso permanente con el servicio público, muchas veces a costa de la propia tranquilidad familiar. Detrás de cada carabinero hay una familia que espera, que se preocupa y que también sirve en silencio.
Este aniversario, sin embargo, está marcado por un dolor que aún permanece abierto. Se cumplen dos años del brutal asesinato de tres carabineros en la comuna de Cañete, un hecho que estremeció al país entero y que dejó en evidencia la vulnerabilidad con la que hoy enfrentan su labor quienes tienen la misión de resguardar el orden y la seguridad.
No se trata sólo de recordar, sino de tomar conciencia. La violencia que alcanzó a esos tres funcionarios no puede ser normalizada ni relativizada. Ellos no son cifras ni titulares pasajeros: son hombres que tenían vocación, familias, y cuyas vidas fueron truncadas de manera cruel.
Hoy, a las puertas del centenario de la institución, el reconocimiento a Carabineros debe ir más allá de las palabras. Requiere respeto, respaldo y un compromiso real de la sociedad en su conjunto por proteger a quienes nos protegen.
Como hijo de carabinero, pero también como ciudadano, creo que este aniversario es una oportunidad para reflexionar sobre el país que queremos construir: uno donde la labor policial sea valorada, donde la violencia no tenga cabida y donde hechos como los ocurridos en Cañete no vuelvan a repetirse.
Felipe A. Lavín Morales

Excelente