Señor director:
Entre la elección presidencial que resultó con el triunfo de Sebastián Piñera y el 15 de noviembre de 2019, pasaron 23 meses. Qué hubiera pasado si el entonces Mandatario, esa madrugada tras el Acuerdo por la paz y la nueva Constitución, hubiera dicho: “El pueblo de Chile ya se manifestó de manera muy clara en la elección de diciembre de 2017 y escogió a este Presidente que no proponía una nueva Constitución, en desmedro de otros candidatos que sí la ofrecían. Así que no habrá plebiscito para ver si las personas quieren una nueva Carta Magna”. Habría sido un descalabro, seguramente la izquierda lo habría tratado de dictador y habría presentado una acusación constitucional en su contra que hubiera llegado a puerto.
Pues bueno, eso es lo que nos dice el Presidente Gabriel Boric cada vez que repite que si gana el Rechazo en el plebiscito de septiembre de 2022 la única alternativa es elegir una nueva Convención Constitucional, pues así se habría determinado de manera muy clara en la elección de octubre de 2020. Paradójicamente, entre esos dos comicios habrán pasado los mismos 23 meses. 23 meses en que Chile también cambió. Lo lógico sería que fuéramos los ciudadanos, mediante un plebiscito, los que escojamos cómo seguir el proceso de cambio a la Constitución. Si queremos quedarnos con la actual Carta Magna, o si queremos una nueva Constitución redactada por una convención, una comisión de expertos o el Congreso.
Augusto González, Economista
