Señor Director:

18 de octubre de 2019, recuerda el terror del lumpen, extremistas, anarquistas, delincuentes, saqueadores, lo peor de la especie humana que buscaban la destrucción del país sin demandas claras, sin liderazgo definido, una masa humana amorfa irresponsable, que los movía la brutalidad, destruyendo todo lo que representa la civilidad, cultura, edificios públicos y privados, iglesias, monumentos, colegios, universidades, donde se educa la juventud y se enseña la historia.

Era la destrucción de la memoria de los chilenos, las creencias religiosas arrastrando por las calles como un canalla al Cristo Crucificado, ni Judas se merecía tal grado de desprecio; pero los chilenos lo hicieron; como trofeo del salvajismo primitivo, en esa anarquía nacen los demagogos y violentistas, quienes quieren destruir el orden social. No es raro que las democracias fracasadas comiencen a asumir y justificar la violencia antisistema como redentora de sus males.

Hannah Arendt: «Es imposible reflexionar sobre la historia y la política sin constatar el importantísimo papel que ha jugado la violencia en los asuntos humanos». A su vez Marx sentenciaba: «La violencia es la partera de la historia»; y toda vieja sociedad lleva en sus entrañas otra nueva, y que es la violencia la que ayuda a romper las formas antiguas y levantar unas nuevas, mediante la subversión violenta de cualquier orden social preexistente. Pero la historia a su vez, nos ha enseñado, como el mayo de 1968 en Francia que no quedó nada, el fatídico 18 de octubre en Chile, quedó destrucción.

Alfredo Schmidt Vivanco

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