Señor Director:
Desde fines del año pasado hay solo una cosa que ha sido constante en el ámbito educacional: la incertidumbre. Hoy, a un día de que se realice la prueba de transición universitaria (PDT), el escenario de inseguridad frente a un posible boicot a esta prueba es exactamente el mismo. Es necesario recordar que la consecuencia directa al boicot el año 2019 fue que treinta mil jóvenes de colegios municipales y particulares subvencionados quedaran fuera de la educación superior.
Desde el área de educación sabemos que la metodología de evaluación utilizada para ingresar a la universidad no es la mejor, y está lejos de serlo, pero ello no da pie para que se le quite la posibilidad de realizar la prueba a quienes llevan un año o más preparándose, truncando el sueño de miles de familias chilenas. Hay que tener presente que la PDT es una medida que se está tomando para poder mejorar, paso a paso, considerando que la educación es un proceso que lleva tiempo y que no debe ser tomado a la ligera.
Un nuevo boicot a la prueba de admisión no hace más que expandir las brechas que tanto queremos disminuir, dejando en evidencia cómo, una vez más, las personas provenientes de los establecimientos más vulnerables de nuestro país son los más afectados. No podemos seguir acostumbrándonos a que quien grita más fuerte o hace más ruido es a quien se sigue, porque claramente no nos está llevando por el camino correcto, ahora la gran pregunta para nuestras autoridades será: ¿Vamos a esperar que esto vuelva a pasar?
