Publicado el 4 abril, 2021

Venezuela se adentra a su peor momento de la pandemia: aumento de decesos, hospitales colapsados y brotes intradomiciliarios

Autor:

Maolis Castro

Antes de la llegada del virus SARS-CoV-2, el país petrolero ya tenía una crisis sanitaria que carcomía al sistema hospitalario. Hoy, el aumento de los contagios, hospitalizaciones y decesos es inocultable. José Félix Oletta, ex ministro de Salud, dice que la “dimensión de la epidemia es subestimada” en esta nación con casi 30 millones de habitantes, un promedio de test PCR diarios de 1.300, y donde muchos contagiados con cuadros severos son enviados a sus domicilios ante la falta de camas críticas.

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Maolis Castro

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En Caracas son vendidos y rentados balones de oxígeno en dólares. El negocio se convirtió en fructífero cuando las emergencias de los hospitales y las clínicas comenzaron a colapsar producto del aumento de pacientes con Covid-19. “No se pueden ocultar las emergencias de los hospitales y las clínicas privadas, que están saturadas de pacientes. Estas no pueden recibir pacientes que están críticos y que, ahora, deben permanecer en sus casas”, explica el doctor José Félix Oletta a El Líbero.

Oletta, ex ministro de Salud en ese país (1997-1999), confirma que, al menos, nueve estados (regiones), incluyendo a la Gran Caracas, atraviesan una crisis sin precedentes producto de la pandemia. Aunque el país vivió un alza de sus casos entre agosto y septiembre, hoy experimenta un repunte del coronavirus debido, principalmente, a un inadecuado manejo de la pandemia. “Estamos en la fase de ascenso de una segunda onda epidémica. Lo que estamos viendo es un ascenso muy significativo de casos. El número de casos confirmados se ha duplicado en unas tres semanas, un ascenso muy importante. El impacto sobre el sistema de salud es muy grande y no dan abasto los hospitales”, explica.

Oficialmente, las cifras de contagios, decesos y otras estadísticas asociadas al virus SARS-CoV-2 dan cuenta de un escenario diferente al experimentado en el país. Según el régimen de Nicolás Maduro, un total de casi 163 mil contagios confirmados y más de 1.600 fallecidos por la enfermedad se registran desde hace un año en Venezuela.

Pero los datos son cuestionados por expertos, activistas, Organizaciones No Gubernamentales (ONG), incluyendo a Human Rights Watch (HRW). Los gremios médicos informan cerca de 430 trabajadores de la salud fallecidos por Covid-19 en una nación con casi 30 millones de habitantes, sumida en una Emergencia Humanitaria Compleja. Los expertos calculan que las cifras podrían ser entre 8 y 15 veces mayor a las reportadas por el régimen.

Para Jaime Lorenzo, director de la ONG Médicos Unidos por Venezuela, resulta inverosímil que los niveles de pandemia sean menores al promedio de América Latina. “Hubo un manejo de la epidemia que nunca se sabrán los números”, explica.


Es una crisis advertida desde el año pasado, pero que el régimen intentó censurar en distintas ocasiones. Un informe de la Academia de Ciencias de Físicas, Matemáticas y Naturales (Acfiman), difundido en agosto, alertó de una demora en las cifras oficiales, una insuficiencia del número de test PCR efectuados diariamente, un promedio de 1.309 exámenes, una alta positividad (superior al 35%), el ocultamiento de muertes sospechosas, entre otros aspectos irregulares para calcular las dimensiones de la pandemia en el país. Cuando estos expertos elaboraron sus primeras proyecciones sobre el impacto del coronavirus en Venezuela fueron amenazados por Diosdado Cabello, el segundo hombre más poderoso del chavismo. “Yo leí este artículo y leí las referencias. Esto es una invitación para que los organismos de seguridad de Estado llamen a esta gente. Están generando alarma, no tienen ni una sola prueba de que el Estado no está haciendo los exámenes correspondientes, pero dicen que el gobierno miente”, dijo el alto cargo en mayo de 2020.

Sin embargo, los científicos continuaron con sus estudios sobre la situación del país, y en febrero realizaron una nueva actualización de la situación del país respecto a la Covid-19, donde aseguraron que se “sigue manteniendo una capacidad diagnóstica centralizada y limitada, con pocos laboratorios operativos que procesan un número reducido de pruebas PCR-RT considerando el tamaño de la población venezolana”. Expusieron que “el 7 de enero de 2021, en Venezuela se había llevado a cabo un promedio de 17 pruebas PCR-RT por 1.000 habitantes, una cobertura muy por debajo de la reportada en otros países de la región latinoamericana. Se estima que la positividad promedio ha sido alrededor de 24%, lo cual indica que el número de pruebas que se llevan a cabo en el país es insuficiente para el diseño del control de la epidemia”, destacó el documento.

Lorenzo resalta que “en todos los países el diagnostico se hace con PCR molecular, y todos tienen un volumen de centros, que pueden ser en su mayoría públicos”, pero en el caso venezolano solo se alcanzó a cinco el año pasado.

Según los datos oficiales, los venezolanos cuentan con 23.762 camas de hospitalización para atender a pacientes. Pero Lorenzo explica que “esto no es lo mismo que las camas de UCI”, que apenas alcanzan 1.213 entre la red hospitalaria, el programa gubernamental Barrio Adentro y la red privada. Los doctores entrevistados por El Líbero coinciden en que muchos infectados con Covid-19, en condiciones moderadas y severas, están siendo asistidos en sus casas frente al colapso de la red sanitaria. “Con mucha frecuencia estamos viendo pacientes que están en condiciones moderadas o severas que tienen que ser atendidos en sus domicilios, y para eso hay fallas muy importantes de oxígeno medicinal en bombonas (balones) y preferiblemente en concentradoras de oxígeno. Esto está a unos costos imposibles de atender por parte de una familia común (o con un salario mínimo, que en Venezuela equivale a un dólar mensual). El alquiler de una bombona (balón) puede estar por el orden de unos 200 dólares al día y concentradores de oxígeno cuyo precio puede estar entre 1.500 y 2 mil dólares”, afirma Oletta.

Los seguros, cobrados muchas veces en dólares, tampoco son una opción en un país con altos niveles de pobreza. De ahí que muchos venezolanos encuentran en las redes sociales o plataformas como GoFund Me una vía para pedir ayuda cuando presentan un cuadro grave de Covid-19. “La dimensión de la epidemia es subestimada en Venezuela“, agrega el ex ministro de Salud.

Con pocos recursos para la pandemia

El coronavirus sólo agravó la crisis hospitalaria existente en el país. Frente a esta situación y la poca información oficial en la nación, la ONG Médicos Unidos de Venezuela decidió elaborar una encuesta en marzo de 2020 sobre capacidades del sistema de salud para afrontar la pandemia en el país. El sondeo indicó que 80,5% del personal de salud consultado dijo que su centro ambulatorio carecía de protocolo para atender Infección Respiratoria Aguda Grave (IRAG), 12,8% aseguró no saber y el resto indicó que sí. Un 47,7% afirmó no contar con condiciones para las correctas medidas de asepsia y antisepsia, y el 94,9% señaló que no poseían salas de aislamiento para pacientes con sospecha de IRAG en su centro ambulatorio. Además, el 50,2% de los encuestados conocía “parcialmente” el protocolo para el tratamiento de infecciones respiratorias agudas, un 18,7% lo desconocía, y solo 31,1% decía saber sobre éste.

Hoy, la situación se traduce en que pocos hospitales reciben a pacientes críticos, asegura Oletta. “El número de pacientes en Unidades de Cuidados Intensivos se ha multiplicado casi por 10 desde el 30 de noviembre hasta el jueves. El 30 de noviembre había 21 pacientes hospitalizados que requerían de cuidados intensivos, en este momento se acercan casi a 200, en el orden de 192 con cifras oficiales. No es que sean pocos, en muchos casos son cuidados en sus casas porque no tienen acceso a los hospitales. Los hospitales centinelas están colapsados, en un año se perdió la oportunidad de aumentar el número de cupos de camas realmente efectivas para cuidados intensivas. El Gobierno no informa de cuántas camas más hay de cuidados intensivos, pero lo cierto es que las que hay están ocupadas”, detalla.

Advierte que la situación será “cada vez será más comprometida”, porque el sistema de salud no ofrece el número de camas con oxígeno ni con ventiladores mecánicos, existe un déficit de personal médico y además la variante P.1, originada en Brasil, se encuentra en el país desde hace un mes.

Políticos oficialistas: los primeros de la fila

Maduro se puso de primero en la fila para ser vacunado con el primer lote de dosis de Sputnik V que arribó a Caracas, y priorizó a políticos oficialistas y militares. Entretanto, los trabajadores de salud no han sido completamente inmunizados, tampoco los adultos mayores ni las personas con co-morbilidad.

El país es uno de los que menos vacunas está inyectando en América Latina, apenas ha recibido unas 750 mil dosis. El régimen achaca esta situación a las sanciones extranjeras impuestas contra funcionarios y sus aliados. “A pesar que Inglaterra y otros gobiernos nos bloquean los recursos y las cuentas para adquirir las vacunas que necesita el país, hemos hecho grandes esfuerzos para obtenerlas. Tengan plena seguridad, nosotros vamos a inmunizar a todo nuestro pueblo”, prometió el gobernante en marzo.

Hace unos días, Maduro ofreció petróleo por vacunas anticovid, y criticó, sin mencionar su nombre, al líder opositor Juan Guaidó que anunció posibles acuerdos para liberar fondos del país bloqueados en el exterior para adquirir dosis del COVAX. “Estamos listos y preparados, petróleo por vacunas, pero no le vamos a mendigar a nadie“, dijo el Mandatario.

Sin embargo, la lentitud de la llegada de las vacunas y el mal manejo de la pandemia parecieran empujar a Venezuela a un auténtico cataclismo. Lorenzo advierte que de no ser atendida la emergencia podría salpicar a otros países. Incluso, no descarta que se convierta en un difícil foco de la enfermedad en América Latina.

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