Publicado el 27 de noviembre, 2019

Sin la firma del presidente del PS, históricos del partido publican manifiesto en que advierten que la democracia está en riesgo

Autor:

Mariela Herrera

Ricardo Núñez, José Antonio Viera Gallo y José Miguel Insulza lideran la firma de un documento al que adhiere casi un centener de militantes socialista. «Por la democracia» se llama el texto en que llaman a defender el Estado de Derecho. «Es nuestro deber oponer razones y argumentos frente a esta dañina perspectiva que corroe los fundamentos de la vida democrática y facilita salidas de fuerza hacia aventuras autoritarias y peligrosos populismos», se lee en al misiva.

Autor:

Mariela Herrera

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El pasado viernes un grupo de «históricos» dirigentes del Partido Socialista se reunieron para abordar el complejo escenario que enfrenta el país tras la violencia desatada desde el 18 de octubre. En ese encuentro se originó la carta «Por la democracia» que fueron socializando con diversos líderes del PS. «Queríamos dar la visión de un socialismo democrático», explica Fredy Cancino uno de los coordinadores de la iniciativa.

Comparten la preocupación de defender la democracia ante el actuar de «grupos altamente ideologizados». De esta forma se contactaron con figuras del socialismo que se sumaron a la iniciativa. Entre el casi centenar de firmantes se encuentran Ricardo Núñez, José Antonio Viera Gallo, Juan Gabriel Valdés, los senadores José Miguel Insulza y Rabindranath Quinteros; los diputados Marcelo Schilling, Gastón Saavedra y Raúl Saldívar, el ex secretario general de la colectividad, Pablo Veloso, además de dirigentes como Álvaro Briones, Ricardo González, Ramón Montes y Darío Contador.

Sobre la carta, Viera Gallo comenta a El Líbero: «Ante el riesgo que la violencia callejera sobrepase el Estado de Derecho y que la reacción policial no sea eficaz o deje una secuela de violaciones a los derechos humanos, me parece que debemos reforzar los principios e instituciones democráticos para asegurar las libertades y abrir paso a cambios sin polarización. No podemos seguir por el camino de las descalificaciones, los abusos y la destrucción». Y agrega: «El país exige acuerdos generosos y respetuosos de la democracia».

En parte del documento se lee: «La izquierda democrática debe emprender una decidida batalla ideológica, cultural y política contra esta amenaza que puede pavimentar el camino a una respuesta de toda otra índole: la instauración por las armas de un régimen dictatorial que “pacifique” un Chile arrasado e inerme ante una guerra alimentada por los dos extremos del espectro político».

Además, valoran el acuerdo para una nueva Constitución alcanzado de manera transversal por las fuerzas políticas. «El acuerdo suscrito el viernes 15 por la mayoría de los partidos da una respuesta viable y democrática al evidente clamor ciudadano que exigía un pacto social que inaugurase una nueva época para Chile, traducido en el itinerario base para avanzar hacia una nueva Constitución, hecha en democracia y con los instrumentos de la democracia».

Consultada la directiva del partido sobre si firmarían la misiva respondieron que era «una iniciativa de un grupo de militantes».

Texto completo de la carta:

POR LA DEMOCRACIA

Las y los socialistas abajo firmantes, ante la grave crisis social e institucional que vive el país, comparten la siguiente declaración fundamentada en los históricos principios democráticos del socialismo chileno.

NUESTRA DEMOCRACIA EN RIESGO. Chile, con todos sus límites e imperfecciones, es una república democrática. En ella existe una nítida separación de los poderes del Estado; se vive en el pluralismo de ideas y acciones políticas, culturales y espirituales; las leyes y costumbres respetan los derechos y libertades básicas ciudadanas y el derecho de expresión y organización; los chilenos eligen mediante el voto universal a sus autoridades y mandatarios, delegando en ellos el poder soberano del pueblo. Estos son los fundamentos esenciales de las sociedades abiertas y democráticas.

En estos difíciles momentos hay quienes, de buena fe o movidos por radicalizadas e interesadas visiones, propagan la idea de que en Chile no hay democracia, lesionando la cohesión social y sembrando la desconfianza en torno a este noble valor. No solo, también ofenden a toda una generación de hombres y mujeres que lucharon, a costa de sus vidas, seguridades y libertades, por terminar la dictadura de 17 años y recuperar el preciado bien de la democracia.

Es nuestro deber oponer razones y argumentos frente a esta dañina perspectiva que corroe los fundamentos de la vida democrática y facilita salidas de fuerza hacia aventuras autoritarias y peligrosos populismos.

ATAQUE AL ESTADO DE DERECHO. Estas semanas se han visto tres Chile: aquél de los millones de personas que han marchado y se han manifestado pacífica y civilmente, exigiendo derechos a seguridad y mejor vida ante las intolerables injusticias, inequidades y abusos de un sistema que se requiere cambiar. Apoyamos sin matices esa batalla política y social.

Hay también un amplio Chile que observa con preocupación la crisis y el caos y que en algún momento hará oír su voz, la que deberá ser democráticamente escuchada.

Pero hay también minorías, que, al amparo de estas justas causas, se han dedicado a ciega destrucción, al vandalismo y al pillaje. En estas minorías coexisten lumpen y sectores marginados, bandas criminales ligadas principalmente al narcotráfico, y grupos extremistas y antisistémicos, altamente ideologizados y organizados en torno a un único objetivo: destruir las instituciones públicas y privadas y arrasar con el Estado de derecho y la democracia chilena.

Demostración de ese diseño son los cientos de edificios públicos y privados asolados por la violencia y las llamas, perjudicando a los millones de chilenos que día a día trabajan y necesitan de estos servicios. Estaciones de Metro, inmuebles de servicios estatales, municipios, iglesias, universidades y escuelas, mobiliario urbano y centenares de semáforos destruidos, dan cuenta de los blancos de una furia irracional, pero también de los objetivos de un fanatismo ideológico que ataca directamente al Estado de derecho democrático, la única y poderosa protección de las personas e instituciones frente al despotismo, la barbarie o la tiranía.

El clima propicio ha sido creado, ya desde hace tiempo, por el odio y la intolerancia hacia quien piensa distinto. Las descalificaciones, los insultos, agresiones y falsedades creadas que circulan profusamente por las poderosas redes la web y por la calles de Chile han otorgado la temperatura ideal para la violencia y destrucción.

La izquierda democrática debe emprender una decidida batalla ideológica, cultural y política contra esta amenaza que puede pavimentar el camino a una respuesta de toda otra índole: la instauración por las armas de un régimen dictatorial que “pacifique” un Chile arrasado e inerme ante una guerra alimentada por los dos extremos del espectro político.

La lucidez política y social que tuvimos para luchar y terminar con la dictadura, debemos levantarla nuevamente para conjurar el peligro que la inmensa mayoría del pueblo no desea. Sin ambigüedades, ni menos justificaciones.

LOS DERECHOS HUMANOS LESIONADOS. Junto a este preocupante cuadro se levanta el panorama de los atropellos a los derechos humanos, a la vida y a la integridad física de miles de chilenas y chilenos que, ejerciendo su derecho de manifestación y protesta civil y pacífica, han perdido la vida, han sido heridos o maltratados por el poder disuasivo que desempeñan Carabineros de Chile y FF.AA. en estado de emergencia. Comprendemos el humano malestar de Carabineros por los numerosos efectivos heridos y por la agobiante y riesgosa labor que deben cumplir en este mes de caos y devastación, pero no podemos justificar la coacción excesiva de algunas acciones denunciadas, ni la violación a los protocolos policiales en la contención de la violencia. Nos unimos, pues, a las condenas y denuncias de las personas afectadas y de los organismos dedicados a la protección de estos derechos. Los sufrimientos en dictadura no pueden ni deben ser replicados en estos episodios que enlodan gravemente la democracia chilena.

Confiamos en la acción de las querellas y los debidos procesos de la justicia chilena para que Carabineros sea constreñido a realizar una profunda revisión de su estructura, sus métodos y su forma de ejercer la función disuasiva que la institucionalidad democrática les encomienda, sancionando además a aquellos elementos responsables de estos deplorables hechos.

EL CAMINO ES LA DEMOCRACIA. El acuerdo suscrito el viernes 15 por la mayoría de los partidos da una respuesta viable y democrática al evidente clamor ciudadano que exigía un pacto social que inaugurase una nueva época para Chile, traducido en el itinerario base para avanzar hacia una nueva Constitución, hecha en democracia y con los instrumentos de la democracia. Es un buen marco que, acompañado de profundas reformas sociales y económicas, finalmente deberá otorgar justicia, mayor igualdad y oportunidades, ayudando a quienes necesitan la presencia de un Estado solidario, de bienestar y seguridad social.

Fue un acuerdo que significó ceder en posiciones ideológicas por las partes adversarias. La UDI aceptó sepultar la Constitución ideada en dictadura por su fundador, y partidos del Frente Amplio desecharon la postura del todo o nada.

Nada de este histórico acuerdo habría sido posible sin la pacífica movilización y presiones de millones de chilenas y chilenos. Son ellos los verdaderos ganadores de este pacto por un Chile distinto y mejor.

Hay la enorme tarea de convencer a la ciudadanía para su plena participación en el debate y el plebiscito, para seguir extendiendo los cabildos, dialogar y ponernos de acuerdo para construir la nueva Constitución que acoja la pluralidad de ideas, culturas, mayorías y minorías del país.

Habrá que resolver muchos problemas prácticos, metodologías y maneras de llegar a buen final. Habrá que desatar muchos nudos que hoy parecen imposibles, habrá que derrotar el pesimismo y el escepticismo egoísta de quienes, en los dos extremos, desean hacer fracasar este camino y seguir el camino de la fuerza y la destrucción.

Al final, la inmensa mayoría de chilenas y chilenos nos sentiremos orgullosos de lo que habremos construido.

 

 

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