El bronce del General Baquedano, que había estado ubicado desde 1928 en el sector de Plaza Italia, fue vandalizado sistemáticamente de todas las formas posibles desde que iniciaron las protestas el 18 de octubre de 2019. Lo pintaron, martillaron, serrucharon, incendiaron. El 5 de marzo de 2021 le prendieron fuego y, tres días después, en el Día Internacional de la Mujer, intentaron volcarlo, al cortar las patas del caballo Diamante. 

La decisión de remover la pieza de su pedestal para proceder a restaurarla fue tomada por el Consejo de Monumentos Nacionales el 10 de marzo de este año, luego de 3 horas de deliberaciones. Se argumentó que tenía riesgo de desprendimiento.

Las obras de restauración quedaron a cargo del escultor Luis Montes, experto en el tratamiento de piezas patrimoniales y una de las figuras que lidera el Taller Montes Becker. «Comenzamos con las labores de limpieza del caballo y también debimos hacer el retiro de la peana (parte de la base) que estaba todavía sobre el pedestal. En este momento se está trabajando en el modelado y fundición de piezas faltantes. Ya se realizó parte del trabajo de reestructuración, mediante soldadura», explica Montes sobre el proceso que actualmente se lleva a cabo.

Han pasado 219 días desde que la estatua fue retirada de su emplazamiento. «Los trabajos de restauración comenzaron cuando se retiró la escultura, en marzo, la intervención del monumento como tal se inició en julio y se estima que terminaría en enero», indica Montes al ser consultado por El Líbero sobre si se cumpliría con el plazo de concluir la restauración de la obra en un año. Esa fue la meta que se trazaron las autoridades cuando se procedió a remover la pieza, la madrugada del 12 de marzo de este año.

Sin embargo, el restaurador -por no ser su competencia- no responde si la obra volverá a su pedestal original.

¿En qué fase se encuentra la restauración de la estatua del General Baquedano? ¿Qué se ha hecho y qué falta por hacer?

-El trabajo realizado por el Taller Montes Becker, tiene varios objetivos, entre los que destacan dos. El primero, tiene que ver con un trabajo estructural sobre la escultura, ya que este fue el aspecto más dañado producto de los cortes que sufrió, específicamente en las patas del lado izquierdo del caballo. El segundo objetivo es la recuperación de carácter estético, donde se trabaja en la superficie de la obra, especialmente en las capas de pintura que fueron reiteradamente aplicadas en un extenso periodo de tiempo. Al mismo tiempo, se deberá llevar a cabo la reposición de piezas perdidas, como las espuelas y riendas del caballo.

-¿Cómo es el proceso con las piezas faltantes, las que se perdieron?

-El caso de la reposición de lo faltante tiene que ver con sistemas de moldaje: usar silicona sobre algunas riendas que ya existen, para no modelar nuevas ni hacer una interpretación sobre esas piezas. Posteriormente, una vez reproducidas en cera, se ajustan sobre la propia escultura para tomar la forma que originalmente tenía la pieza. Una vez terminado ese proceso de calce, las piezas pasan al sistema de fundición, y eso es lo que se está realizando ahora.

Lo mismo se hizo con la espuela del jinete que había desaparecido: se tomaron en consideración los registros fotográficos preexistentes, para modelar una nueva espuela, que ahora está en proceso de fundición.

También se hizo un análisis de la aleación con la cual fue realizado el caballo. Por lo tanto, la fundición de las piezas será en un bronce de exactamente la misma aleación, para que haya homogenización en el proceso de la pátina, que es la coloración de los metales y que se realiza al final de este trabajo.

¿Qué personas e instituciones se encuentran involucradas en este proceso? 

-Nuestra contraparte es la Delegación Presidencial de la Región Metropolitana. El trabajo está siendo supervisado por distintas entidades del Ministerio de las Culturas, como el Centro Nacional de Conservación y Restauración. Además, trabajamos con el Consejo de Monumentos Nacionales, que tiene la tuición del monumento, y con la Subsecretaría del Patrimonio Cultural que, por lo demás, es la encargada de apoyar con distintas labores. 

También hay una serie de profesionales que colaboran en paralelo al trabajo de restauración, entre ellos un ingeniero que está realizando el proyecto para un nuevo sistema de anclaje de la escultura. Además contamos con un ingeniero químico, con experiencia en metalurgia, que también ha colaborado con nosotros para ver temas de aleaciones y refuerzos estructurales.

Cuando hubo que retirar la estatua de su pedestal, en marzo de este año, se dijo que las obras podrían demorar un año. ¿Ese plazo se mantiene?

-Los trabajos de restauración comenzaron cuando se retiró la escultura, en marzo. La intervención del monumento como tal se inició en julio y se estima que terminaría en enero.

Antes hubo que sacar de su sitio a las dos estatuas que acompañaban la del general: “Libertad” y “Soldado”. ¿Se están haciendo trabajos de restauración también en estos? ¿La idea es que cuando esté todo listo se reinstale el monumento completo?

-Se ha hecho un expertizaje de las piezas, pero la decisión de iniciar los trabajos de restauración es competencia de la autoridad. 

-¿Qué tan viable ve usted, considerando que nunca han terminado las manifestaciones en los alrededores de Plaza Baquedano, que el monumento vuelva al emplazamiento en el que estaba desde 1928? O podría ser ubicado cerca del edificio Bicentenario del Ejército o en los alrededores de La Moneda.

-La decisión de su reposición, tanto en este como en otro lugar, cabe a la autoridad competente y no al restaurador.

Las patas del caballo Diamante estuvieron a dos centímetros de ser cortadas por completo, además sobre la estatua había varias capas de pintura, había daño en la cola del caballo y se habían retirado varias de sus partes, como la espada. ¿Alguno de los daños se considera irreparable?

-Todos los daños son, de alguna forma, abordables. No quiere decir con eso que la obra no resienta aquello que le ha sucedido, especialmente cuando las acciones han sido agresivas. Toda acción de restauración intenta cometer la menor intervención posible. Sin embargo, hay ciertas acciones que son más complejas, por ejemplo, la reposición de lo faltante. En el sector del sable, hay ciertas piezas que ya no están y de las cuales no hay registro.

Por lo tanto, si no tenemos certeza es difícil hacer una reposición que no sea un falso histórico. Lo importante es ir comprendiendo cuánto es lo que aporta la intervención. La correcta lectura de la obra no solo tiene que ver con aquello en lo que somos expertos y sabemos que podría haber piezas faltantes, sino también con el público general, que de alguna manera aprecia esta escultura como objeto estético e histórico. Esas miradas son las que van complementando y dirigiendo las tareas que se van a realizar.

 

FOTO DE PORTADA: CORTESÍA DE MARIO RUIZ

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