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Publicado el 14 de junio, 2019

Presidente Piñera apuesta por el piñerismo para superar su momento más difícil

Autor:

Mariela Herrera

Los seis ministros que el Mandatario nominó en el cambio de gabinete ya habían sido designados por él con anterioridad en cargos de confianza. Optó por mantener a los integrantes del comité político y al ministro de Hacienda. Además, los cuatro secretarios de Estado que debieron dejar sus cargos eran independientes. Estos ajustes los realizó en el complejo escenario que enfrenta el gobierno con un 25% de aprobación.

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Mariela Herrera

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«Yo tiendo a hablar rápido, supongo que eso ayudó», dijo ayer en la tarde Ricardo González, coordinador de Opinión Pública del Centro de Estudios Públicos (CEP), al relatar la forma en que entregó los resultados de la esperada encuesta a pocos minutos de que se transmitiera el cambio de gabinete del Presidente Sebastián Piñera.

Porque ayer la situación fue insólita. Las miradas de los medios de comunicación y los políticos se intercalaban entre las cifras del think tank, que fueron dadas a conocer minutos pasadas las 11:00 horas, y los movimientos que ocurrían en La Moneda que programó para el mediodía el cambio de gabinete. Tanto así, que las imágenes de TV, los sitios web y las radios prácticamente empalmaron sus transmisiones desde CEP al Palacio.

De este modo, las malas noticias que trajo la encuesta para el Ejecutivo fueron el marco que envolvió el ajuste. Una de las cifras más duras es el 25% de aprobación que alcanzó la conducción del gobierno versus un 50% de desaprobación. La baja cifra de apoyo es similar, considerando el margen de error, a la peor evaluación que tuvo el Mandatario en su primer gobierno: 23% en medio de las movilizaciones estudiantiles de 2011.

Junto con ello, en la medición en distintas áreas, solo se sacó notas rojas. Por ejemplo, en crecimiento económico logró un 3,3; en empleo 3,4, y en delincuencia 3,1. Todos, ejes del programa de gobierno.


Las cifras estaban frescas al ver cómo iban ingresando al Salón Montt Varas quienes se irían, mantendrían o se «enrocarían» en el gabinete. Todos los nombres por los que el Presidente optó para que cumplieran nuevas labores en el Ejecutivo eran ya conocidos en su administración: Teodoro Ribera, ex ministro de Justicia, llega a Cancillería; Juan Andrés Fontaine deja Obras Públicas para asumir Economía, cartera que ocupó en Piñera I; Jaime Mañalich vuelve a Salud; Juan Carlos Jobet, ex titular de Trabajo, se hace cargo de Energía; Alfredo Moreno pasa de Desarrollo Social a OO.PP., y el hasta ayer vicepresidente de Corfo, Sebastián Sichel, asume el cargo de Moreno. Y si se mira la lista de los 24 jefes de cartera, 9 estuvieron en Piñera I.

Según comentan quienes conocieron el proceso, el Mandatario optó por refugiarse en algo seguro y en confianzas ya probadas. Es decir, en el piñerismo. Esa misma señal es la que dio al decidir no tocar a su comité político compuesto por el ministro de Interior, Andrés Chadwick; el titular de la Segpres, Gonzalo Blumel, y la vocera Cecilia Pérez  más el ministro de Hacienda, Felipe Larraín.

Y precisamente quienes dejaron el gabinete fueron cuatro independientes: Roberto Ampuero, José Ramón Valente, Emilio Santelices y Susana Jiménez.

Si bien los rumores de cambio venían desde hace días, ayer se notó una particular premura. De hecho, de los 6 ministros que tenían que jurar o prometer, solo pudieron hacerlo dos: Moreno y Mañalich. Algunos se encontraban fuera de Chile, pero ni siquiera Teodoro Ribera, que se encontraba en Temuco, alcanzó a llegar a la ceremonia.

Interrogantes que deja el ajuste

Hasta anoche en el mundo político seguían tratando de entender los cambios de piezas por los que optó el Mandatario. Los más evidentes fueron los representantes de la UDI que se mostraron abiertamente molestos con los cambios. De hecho, fue notoria la escasa presencia de esa colectividad en La Moneda. Su presidenta, Jacqueline van Rysselberghe, no asistió y, según relatan quienes conocieron parte de la trastienda, la senadora habría llamado al secretario general del partido, Jorge Fuentes, que estaba en Palacio, que se retirara.

Incluso «la Coca» se preocupó de enviar un  mensaje vía WhastApp a dirigentes UDI donde les explicaba que el partido no había sido parte del diseño, que no estaba de acuerdo con los cambios, entre otras razones, por la falta de equilibrio con Renovación Nacional. Esto, porque de los que ingresan, Ribera es miltante de RN, Jobet es ex militante y cercano a Evópoli, y Mañalich es cercano al partido de calle Antonio Varas.

Otra de las dudas que quedaron tras la ceremonia fue la salida del segundo ministro mejor evaulado según las encuestas, el hasta ayer canciller Roberto Ampuero. En la última Cadem que midió cómo los jefes de cartera estaban desarrollando su labor (a mediados de mayo), el escritor marcaba un 63% de aprobación.

En contraste, quienes muestran bajas cifras positivas y alto rechazo, como Andrés Chadwick, en ese mismo sondeo, se reafirmaron en sus cargos. Similar es el caso del titular de Hacienda y de Trabajo.

De este modo, «el segundo pequeño aire» que La Moneda había logrado tras la Cuenta Pública del 1 de junio -con el reforzamiento de la inversión en infraestructura y transporte- y las medidas adoptadas por el Banco Central para fortalecer la economía, podría verse enrarecido con las diferencias que surjan en Chile Vamos y con las «malas noticias» que trajo la CEP.

 

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