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Publicado el 14 de agosto, 2019

Presidente de la SNA y reducción de la jornada laboral: «No nos gusta ninguno de los dos proyectos»

Autor:

Magdalena Olea

Ricardo Ariztía, líder de la Sociedad Nacional de Agricultura, señala que ni la iniciativa del Ejecutivo ni la del Partido Comunista abordan el tema con «responsabilidad». Advierte que miles de puestos de trabajo se pueden perder «si no se busca una fórmula adecuada». Y que serán, al final, «los mismo trabajadores los que pagarán la cuenta».

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Magdalena Olea

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Como «improvisación» e «irresponsabilidad». Así califica el presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura, Ricardo Ariztía, el debate que se ha tomado la agenda sobre reducción de la jornada laboral.

El líder del sector agrícola analizó el tema en entrevista con La Mirada Líbero en Agricultura. En la conversación con la periodista Magdalena Olea, abordó también otras consecuencias que no se han analizado como la automatización. «Cuando se encarece mucho el trabajo, el inversionista o el empleador busca alternativas de mecanización, no le queda otra», plantea. Y en el ámbito regional, señala: «Las empresas tiene que seguir compitiendo con países de nuestro hemisferio que trabajan con 45 e incluso con 48 horas y, por lo tanto, tienen una productividad mayor a la nuestra».

-¿Qué opina el gremio sobre estos dos proyectos para reducir la jornada laboral? Uno, del gobierno que plantea una jornada de 41 horas con flexibilidad y el otro, de las diputadas PC Camila Vallejo y Karol Cariola que proponen 40 horas.

No nos gusta ninguno de los dos proyectos. Porque están proponiendo reducir de 45 a 40, 41 horas, no es relevante esa hora adicional, podremos discutir si hay flexibilidad o no, pero el problema de fondo es que hay una improvisación, una irresponsabilidad en un tema tan complejo como es la reducción de jornada. Se discute que la pérdida de empleo, en el mejor de los casos, es en torno a los 170, 180 mil puestos de trabajo. Y si es más negativo nos vamos a 400 mil pérdidas de trabajo. Entonces, cuando tenemos esas cifras tan importantes, pensemos un poco más, busquemos la fórmula adecuada antes de esta imprudencia o irresponsabilidad.

En este último año, con distintas leyes laborales, ya llevamos al menos un 20% de aumento de costo del día laboral».

-El Mercurio dedicó su editorial del domingo al tema y señala que ambas iniciativas pueden generar un efecto relevante negativo en el mercado del trabajo, en el corto y mediano plazo. ¿Cómo puede afectar, en específico, al sector agrícola?

-El sector agrícola tiene complejidades muy diferentes a lo que es la ciudad, por lo tanto, tiene otra serie de inconvenientes. Cuando se pretende reducir 4 horas o 5 horas el trabajo semanal, tenemos recargo en transporte, locomoción, los trabajadores trabajan a trato y, por lo tanto, van a recibir obviamente un menor ingreso como consecuencia de trabajar menos horas. Yo no he hablado con los trabajadores, pero no creo que hayan sido los que aprobaron estas ideas en las encuestas. Además, tengo discrepancias con hacer encuestas en que preguntan “¿quiere trabajar menos? ¿quiere ganar más dinero?” ¡Es obvio que va a ser un resultado a favor! Pero en el sector agrícola es súper compleja esta situación. La agricultura tiene un proceso productivo diferente a las otras actividades. Obviamente nos sentimos complicados.

Cuando pasa este tipo de cosas ¿quién es el que paga la mayor cuenta? Los propios trabajadores, porque se comienza a presionar por la vía de la mecanización».

-¿Es posible que se produzca el cierre de algunas empresa medianas o pequeñas que no puedan soportar el aumento de los costos?

-Más que cierre de empresas, es cierre de ciertos productos, frutas, verduras, hortalizas que requieren más obra de mano que otras y algunas se van a ir por la tendencia a la mecanización. Ya tenemos máquinas para plantar frutales, máquinas para seleccionar frutas, todo en forma robotizada. Y cuando pasa este tipo de cosas ¿quién es el que paga la mayor cuenta? Los propios trabajadores, porque se comienza a presionar por la vía de la mecanización. Ese es uno de los frentes que perjudica a los propios trabajadores. Las empresas tendrán que busca qué hacer o si cambia de producción, pero de ahí a cerrar… tendría que ser alguna muy específica en un producto determinado.

-Se ha dicho que, si se reducen las jornadas y se encarecen los costos, los empleadores podrían optar por automatizar los sistemas y eso podría producir menos trabajo. Y, por otro lado, la automatización avanza a pasos agigantados, ¿es algo ya imparable?

-Es que, sí y no. Es imparable en la medida que cada vez que se nos vaya complicando la contratación de empleo. Además, en este último año, con distintas leyes laborales ya llevamos al menos un 20% de aumento de costo del día laboral. De ese 20%, un 10% está en las 4 o 5 horas de trabajo, otro 8,8% respecto a la nueva ley de contrato de faena determinada; tenemos la AFP que va a ser 4 a 5%. Por lo tanto, cuando se encarece mucho el trabajo, el inversionista o el empleador busca alternativas de mecanización, no le queda otra. La empresa tiene que seguir compitiendo con países de nuestro hemisferio que trabajan con 45 e incluso con 48 horas y, por lo tanto, tienen una productividad mayor a la nuestra. Falta mucho para la meta que nos hemos impuesto como país, para ser un país desarrollado. Es bueno ser un poquito más responsable, busquemos acuerdos, veamos una fórmula en que el país pueda seguir manteniendo sus niveles de remuneración y los niveles más bajos de sueldos puedan seguir progresando.

Busquemos la fórmula de poder establecer una cultura de trabajo y de ahí, a continuación, veamos si estamos preparados para disminuir las horas».

-Usted dijo en una entrevista que como país “nos falta una cultura laboral” que tienen los países desarrollados. ¿Cuál es esta cultura a la que se refiere y qué debemos hacer para avanzar hacia ese camino?

-Seamos consecuentes, cultura laboral no tenemos, porque lo primero que se hace cuando se propone bajar horas hay mayoría total, y cuando uno ve la actividad diaria de los campos, todo está asociado a trabajar menos, todo asociado a que se crea la imagen de exceso de trabajo. Cultura laboral también lo asocio a que si tenemos 8 horas de trabajo, 9 o 7, sean realmente de trabajo. Y todos sabemos que no es así. Tenemos una cantidad de tiempos perdidos en nuestra eficiencia laboral que al final paga la cuenta la productividad, que es un término que quizás no es bien entendido. Es la eficiencia que tenemos en nuestro trabajo y no la hemos logrado. Busquemos la fórmula de poder establecer una cultura de trabajo y de ahí, a continuación, veamos si estamos preparados para disminuir las horas.

-El texto original del gobierno abría la posibilidad que trabajadores y empleadores negociaran una jornada de 180 horas mensuales, pero el jueves el gobierno decidió reducir la jornada a 41 horas promedio. ¿Está de acuerdo con las concesiones que está haciendo el gobierno en esta y en otras reformas, como la tributaria y de pensiones? ¿Genera esto incertidumbre en el sector privado?

-Bueno… es lo que está pasando. Esto de las 45, 41 y 40 horas es de una improvisación con la que no podemos estar de acuerdo. Como dije, sentemos, busquemos acuerdo y con cifras duras para que podamos ver si es factible o no esta propuesta. No podemos estar en un gallito en algo tan importante para el país como es reducir los horarios de trabajo. Esto es a costa de los propios trabajadores, lo que pasa es que vamos a pagar la cuenta después. Estamos hipotecando a las futuras generaciones al hacer estos proyectos que no tienen el suficiente análisis.

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