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Publicado el 19 de diciembre, 2019

Porque no tenemos nada… Chile rumbo a Qatar 2022

Autor:

Gonzalo Mingo Ortega

Porque no tenemos nada queremos hacerlo todo. Esta fue la frase mágica que pronunció Carlos Ditborn el 10 de junio de 1956, en el Congreso de la FIFA en Lisboa, Portugal, para definir la sede de la Copa Mundial de 1962. Esas palabras vuelven a resonar con miras al próximo campeonato del mundo. Pero de manera diferente.

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Gonzalo Mingo Ortega

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Argentina y Chile presentaron sus candidaturas a ser sede el Mundial, pues le correspondía a un país Sudamericano realizar el torneo de 1962. El representante de la candidatura Argentina, Raúl Colombo, terminó su discurso con la frase «Podemos hacer el Mundial mañana mismo. Lo tenemos todo». Al día siguiente, el dirigente chileno Carlos Dittborn realizó una magistral presentación, cerrándola con una frase que pasó a la historia, «Porque no tenemos nada, queremos hacerlo todo». Inmediatamente se   realizó la votación: Chile fue electo con 32 votos a favor, mientras que Argentina recibió 10 votos y 14 países votaron en blanco.

Desde el 28 de octubre que no tenía contacto a través de estos comentarios con los amigos de El Líbero. Ni mi ánimo ni el del país estaban para eso. Pero siempre es una alegría volver a escribir para darle una mirada a la actividad deportiva del momento.

Vamos a eso. Hace algunas horas se definió en el hotel Bourbon de la ciudad de Luque, Paraguay, el fixture de las Eliminatorias para el Mundial de Qatar 2022. Todavía no terminaban de girar las tómbolas del sorteo, pero ya el pesimismo de la prensa chilena en general se tomaba los comentarios. Es realmente asombroso, como si por decreto Chile quedaría eliminado del Mundial 2022. En algunos observé, más bien, casi una expresión de deseo que esto suceda. Y es precisamente aquí donde encontré la oportunidad de tener una prudente cuota de optimismo que muy bien nos hace en estos momentos.

Para esto traigo al recuerdo el Mundial que organizó nuestro país en 1962. Chile tenía para entonces tres dirigentes deportivos extraordinarios, con una fuerza y tesón a toda prueba, como lo fueron Carlos Dittborn, Ernesto Alvear (padre de la ex senadora y ex ministra) y Juan Pinto Durán. Comenzaron inmediatamente en el año 1957 la organización del 7º Campeonato Mundial de Fútbol y al poco andar contaron con el entusiasta y decidido apoyo del recién electo Presidente de la República, Jorge Alessandri Rodríguez.

Sin embargo, los planes de modernización de la infraestructura del país para la realización del torneo se vieron seriamente afectados cuando el terremoto de Valdivia del año 1960, que tuvo una intensidad de 9.5 y duró casi 10 minutos, arrasó con las ciudades del sur del país, dejando aproximadamente 2.000 muertos y más de 2 millones de damnificados. A pesar de la tragedia, el Gobierno manifestó a la FIFA su intención de realizar el torneo, comenzando el proceso de reconstrucción del país y de la habilitación de los cuatro estadios donde se llevarían a cabo el Mundial. Esto se logró trabajando mucho y hablando poco y, como siempre, fuimos un ejemplo mundial.

Después del recuerdo de este hito, no podemos caer ahora en un derrotismo tortuoso y enfermizo, porque no están en las mejores condiciones algunos jugadores como Arturo Vidal, Alexis Sanchez, Bravo, Medel y otros. Quizás ni jueguen, pero ellos ya nos dieron mucho, más de lo que esperábamos, y es la hora que aparezcan otros, no importa si no son tan buenos, pero sí que tengan ganas y sed de triunfos y, como lo digo siempre, que tranquen con el ojo. Chile está en el ranking FIFA en el lugar N° 17. Es cierto que no se entiende bien cómo se calcula esa medición, pero es válida para tener un parámetro de cómo estamos.

Las alarmas se encienden, porque el primer partido eliminatorio es el 26 de marzo del 2020, ante Uruguay en el mítico estadio Centenario y cerramos las clasificatorias el 16 de noviembre del 2021 en Chile, en un estadio a definir. Por la crisis que está atravesando el fútbol chileno, que a mi parecer está de rodillas e irremediablemente a precio de saqueo, los rivales que tenemos que vencer para clasificar no son Brasil, Argentina ni Uruguay. Los adversarios a derrotar son los que están cerca nuestro, como Perú, Colombia, Ecuador y el resto; no es fácil, pero posible.

Apelando nuevamente al recuerdo del 62, si bien es cierto no hemos sufrido un terremoto devastador como el de 1960, no es menos cierto que lo que ha ocurrido en Chile desde el 18 de octubre a la fecha, salvando las diferencias, es un poco parecido. Chile en estas eliminatorias jugará de chico a grande y siempre cuando es así, nos va bien. Los chilenos sabemos que en las dificultades aflora lo mejor que tiene nuestra raza, que son la solidaridad y el coraje y es por esto que tenemos que ser optimistas con nuestra selección.

De las  10 selecciones Sudamericanas, las primeras cuatro  de la tabla final de posiciones, sacarán los pasajes directo a la Copa del Mundo de Qatar, mientras que el quinto equipo disputará un juego de repechaje contra el ganador de las Eliminatorias de Oceanía. Esta vez, si clasificamos, tendremos que entrar todos en el carro de la victoria, los agoreros y pesimistas como también los optimistas. Ojala las autoridades de gobierno y los dirigentes deportivos estén a la altura de la circunstancias, como aquellas de 1962. Solo hay una pequeña y gran diferencia, que ahora Chile lo tiene casi todo.

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