La tarea de la Convención Constitucional ocupa por estos tiempos el centro del debate. Algunas voces se han alzado para pedir un Plan B ante el proyecto de nueva constitución que pueda emanar del órgano. Otros solicitan que se les conceda más tiempo, viendo la extensión de los plenos que muchas veces duran hasta la madrugada; mientras otras voces, más «amarillas» prefieren la gradualidad para evitar un «callejón sin salida». El punto en común es que todas demandan mucho más diálogo, conversación y acuerdos.

En este panorama, en el que el pleno ha respaldado la mayoría de las normas que se discutieron en las comisiones, el diputado y experto electoral, Pepe Auth, señala en el Podcast Electoral de El Líbero: «Comienza la fase final del trabajo y mi primera sensación es vertiginosa porque se comienzan por un lado a confirmar algunas sospechas y a disipar otras».

«Yo espero que vaya creciendo en los convencionales el vértigo del riesgo del fracaso, y ese vértigo haga que las decisiones se acerquen más al sentido común», opina, porque «mientras más lejos estén del sentido común, más riesgo tiene de ser estrechamente aprobada o derechamente rechazada» la nueva constitución.

Auth argumenta que «una aprobación estrecha del plebiscito de salida mostraría el desfase entre la convención y la sociedad, porque en la convención lo que se proponga va a tener dos tercios», pero el resultado de la última elección presidencial muestra que las preferencias del país se reparten en una proporción de 55-45.

La primera sesión del pleno de la Convención para votar propuestas de norma fue extensa, como se esperaba, pero se alargó todavía más por el nuevo intento de poner en duda el quórum de 2/3. De todos modos, 14 de las 16 normas presentadas por la Comisión de Sistemas de Justicia lograron el respaldo necesario para ser incluidas en la propuesta de nueva Constitución.

Desde muchos sectores han rechazado las propuestas que se han ido aprobando en las comisiones, confiando en la tarea del Pleno, sin embargo, tras varias aprobaciones del Pleno de la Convención las críticas han ido aumentando.

Pero Auth desdramatiza esta situación. «Las constituciones son poesías y las leyes y políticas públicas son la prosa de aplicación de esa poesía. Tú puedes aprobar infinitas cosas, deseos, y luego tienes que llevarlos a la práctica a través de leyes e instituciones precisas», un trabajo que corresponderá al Congreso. Además, subraya que las constituciones no son inamovibles. «La reformabilidad de esta constitución va a ser, de todas maneras, mayor que la reformabilidad de la Constitución anterior, porque es muy difícil que los convencionales cedan a la tentación de poner quórums altos para transformar lo que pusieron», asegura.

«Orgullosamente amarillo»

Auth también se hace cargo de la discusión que ha generado el nuevo movimiento ciudadano «Amarillos por Chile», liderado por el escritor y columnista Cristián Warnken. La agrupación que reúne a distintas personalidades del centro político, surgió como respuesta a los ánimos «refundacionales» que, acusan,  existen en la Convención Constitucional.

«Yo soy amarillo, sin duda, y orgullosamente amarillo, en el sentido de que soy reformista, no soy revolucionario. Soy gradualista, no creo en los cambios súbitos, porque creo que mientras más profundo es el cambio social, más amplia debe ser su base de apoyo social y política», afirma el parlamentario.

«Ahora, distinto es el reconocimiento de esa condición con la estructuración de un movimiento político, que es lo que está haciendo Cristián», dice. Para Auth, el movimiento, si bien cuenta con diversos respaldos -el manifiesto suma más de 11.000 firmas- «también genera polarización en el sentido de que aquellos a los que están invitando a reflexionar, reaccionan con virulencia».

Por eso, dice simpatizar más con el texto que enviaron Gastón Soublette, María Teresa Ruiz, Adriana Valdés y el sacerdote jesuita Felipe Berríos. «Hagamos una Constitución que tenga una base amplia que permita ser aprobada por dos tercios de los ciudadanos o más, ojala, para que sea duradera, estable, para que profundice un camino y no genere avances que luego pueden ser retrocesos inmediatos»,  porque si de verdad uno quiere influir y no provocar el rechazo, «hay que ser mas empático».

El primer gobierno del Frente Amplio ¿puede ser el último?

Este lunes comenzaron las reuniones bilaterales entre los ministros salientes y entrantes con el objetivo de definir los traspasos de los ministerios y analizar los principales desafíos que tendrá la futura administración del presidente electo, Gabriel Boric, a escasos días de asumir en La Moneda.

El primer encuentro se llevó a cabo entre el ministro del Interior Rodrigo Delgado y su próxima sucesora en la cartera, Izkia Siches. La continuidad del Estado es algo absolutamente clave, explica el diputado, «y yo creo que el próximo gobierno ha demostrado una madurez súbita para entender esa dimensión de continuidad y la relevancia que tiene para la gente que el Estado este ahí».

En ese sentido, describe que Boric «ha adquirido un lenguaje, una gestualidad, una manera de afrontar las cosas que está muy lejana al dirigente estudiantil y mucho más cercana al estatista que sabe lo que tiene sobre sus hombros, que conoce la magnitud de los desafíos y, sobre todo, tiene la decisión de hacerlo para tener éxito. Eso es lo que a mí más me tranquiliza».

«Boric sabe que este es el primer gobierno con participación protagónica del Frente Amplio o puede ser el último», entonces «tiene el desafío de probar que esa izquierda puede tener el éxito gobernando y no solamente siendo oposición», concluye.

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