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Publicado el 03 de mayo, 2015

P. Zapata (DC): “Creo que no ha pasado por la mente de la Presidenta hacer el cambio constitucional con un golpe de estado blanco”

Autor:

Uziel Gomez

El constitucionalista DC sostiene que la reforma que plantea la Mandataria a la Carta Magna no debería durar menos de tres años, y que es posible que no se complete en este Gobierno.
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Uziel Gomez

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En la cadena nacional del pasado martes para presentar las conclusiones de la comisión asesora anticorrupción, la Presidenta Michelle Bachelet anunció que en septiembre se iniciará un “proceso constituyente abierto a la ciudadanía, a través de diálogos, debates, consultas y cabildos, que deberá desembocar en la Nueva Carta Fundamental, plenamente democrática y ciudadana, que todos nos merecemos”.

La noticia fue celebrada por los parlamentarios de la Nueva Mayoría, cuestionada por dirigentes de la UDI y muy criticada por gremios empresariales, por el negativo impacto que generaría en la inversión y el crecimiento económico una eventual inestabilidad política.

Para entender de qué trataría ese “proceso constituyente” y bajo qué marco legal se haría, “El Líbero” conversó con el constitucionalista Patricio Zapata Larraín, decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Las Américas, master en derecho de la Universidad de Harvard, militante de la DC, y uno de los creadores del cambio al sistema binominal, ley que fue promulgada por la Mandataria el mes pasado.

-¿Qué es un «proceso constituyente»?

-Creo que es un tiempo político en que la Presidencia y el Congreso le colocan alta prioridad al cambio constitucional. Es un cambio participativo importante que involucra a la ciudadanía. Probablemente  la manera de involucrarla está en el borde. ¿Será plebiscito, para el cual hay que cambiar la Constitución? O sin plebiscito, ¿reuniones en regiones, en las comunas? ¿El Congreso elegirá entre sí a 30 parlamentarios que se dediquen a esto durante seis meses, o designará a 30 de los suyos y 30 de afuera?  Son muchísimas preguntas. Entiendo que la primera etapa será escuchar, pero tarde o temprano, la Presidenta, que no podrá chutear esto indefinidamente,  tendrá que decidir de qué manera será. Y tendrá que salir con un texto y decir cómo se cambiará. Tendrá que convencer a los líderes de los partidos para aprobar el nuevo mecanismo, y la ciudadanía estará mirando para ver qué procedimiento sale mejor. Entiendo que todo lo que se ha hecho, de participación, es porque se propondrá un mecanismo diferente.

-¿Ese mecanismo diferente significaría hacer los cambios a la Constitución prescindiendo del Congreso?

-No hay ninguna manera de esquivar la decisión del Congreso nacional para hacer cambios constitucionales. Para poder reformar la constitución, en cualquier sentido, tienes que pasar por el Congreso y necesitas quorum 3/5 o 2/3. El Congreso debe aprobar cambiar la forma de cambiar la Constitución, sea por  plebiscito o asamblea constituyente. Siempre tiene que pasar por el Congreso. El Congreso tiene la llave. Creo que no ha pasado por la mente de la Presidenta hacer el cambio constitucional con un golpe de estado blanco.

-Si el Congreso es el único que puede hacer los cambios, ¿qué sentido tiene hacer esos cabildos ciudadanos? ¿No es el Congreso “el” cabildo en una democracia representativa?

-La razón principal es generar presión sobre el Congreso para que no haga lo que le pueda resultar más cómodo, que es hacerlo sin una instancia de legitimación adicional,  es hacerse cargo del problema de imagen del Congreso. Soy entusiasta defensor de la democracia representativa, pero creo si uno quiere defender las instituciones en serio tiene que leer los ambientes de opinión, mirar lo que está pasando. Necesitamos articular virtuosamente el Congreso y la Presidencia con la ciudadanía. No puede haber un país sin Congreso o Presidencia, pero ambos están con anemia aguda, débiles, y la sangre que necesitan está en la ciudadanía.

-¿Qué estabilidad puede tener un país que cambia su Constitución por los estados anímicos de sus ciudadanos?

-Si fuera de los dos últimos dos meses, uno podría decir que es coyuntural. Es complejo discernir qué es coyuntural y qué es de fondo. La crítica  a la Constitución es arraigada, fuerte, permanente, por los últimos cinco años. Creo que los críticos tienen todo el derecho a mostrar las incoherencias, vacíos, que no están precisadas, pero no creo que sea correcto plantear que esto es una calentura del momento. No creo que se condiga con la realidad. Es cierto que el voto AC no tuvo mucho apoyo, sólo el 8% en las elecciones pasadas, y que cuando convocan a marchas no van más de 4 mil personas. No hay que dejarse llevar por el entusiasmo, pero también creo que es error no tomarle el peso a que un arco amplio de gente pide eso. Creo que mientras más insista la derecha en negarse a hablar de nueva Constitución más queda arrinconada. Es un autogol.

-¿Cuánto debería durar ese proceso constitucional? 

-Dificulto que pueda durar menos de tres años, es posible que no alcance a completarse en el gobierno de Bachelet. Estimo que menos de cuatro años es imposible. No puede ser una respuesta imposible a una coyuntura. No soy parte del equipo de gobierno. En este tema no soy intérprete de la Presidenta, asumo lo que quiere decir. Creo que no está definido el detalle. Creo que una alternativa es elaborar propuestas que sean aprobadas o rechazadas por el Congreso de 2017, que se constituirá con un nuevo sistema electoral y ley de finanzas de la política, que nadie podrá decir que fue designado porque alguien corrió solo o compró su escaño. En ese Congreso con elecciones impecables, la propuesta podría ser plebiscitada después de seis meses para que la gente la mastique.

-¿Qué resguardos se deben tomar para hacer una Constitución seria y no populista, como algunas en la región?

-Es complejo. Si te arriesgas un poco a que la gente participe de verdad, pueden aprobarse cuestiones que a algunos les parezcan inadecuadas. Si no quieres que sea un salto al vacío, se podría definir antes del proceso o en paralelo un marco de acuerdos con las fuerzas políticas. Si quieres darle seguridad al inversionista extranjero, al empresario, lo que hay que hacer es ver lo que piensan y firmas acuerdos formales con los partidos. Eso supone que debe salir la derecha del rincón atrincherado que dice no, no y no. Se puede abrir esa conversación y como DC, no tengo el menor interés en imponer por secretaria un modelo politizado, con Fuerzas Armadas politizado, sin emprendimiento. En retroceder.

-¿Los cabildos no son vinculantes?

-No. No está contemplado en la legislación actual. Son ejercicios políticos y van a tener mayor o menor peso político si son masivos, bien hechos, y no son acarreos de funcionarios públicos.

-¿Bajo qué cuerpo legal están contemplados esos cabildos que permitan justificar gasto público?

-Pueden ser programas en que la ley de presupuesto apoye a las junta de vecinos, a los municipios, programas de educación cívica.  Habría que aprobar partidas de presupuesto en el Congreso para arrendar locales para eventos, pagar afiches, libros, lo puedes amparar en libertad de expresión. No puede gastarse la plata para construir hospitales.

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