Eran las 16:00 horas del 1 de abril de 1987, en el aeropuerto Arturo Merino Benítez, en Santiago. El Papa Juan Pablo II se bajó del avión, se puso de rodillas y besó el suelo del territorio chileno… Era la primera vez que un jefe supremo de la Iglesia Católica visitaba Chile, encuentro que se extendió por seis días, congregó a miles de fieles  y marcó un hito en la historia del país.

Es por eso que el anuncio de la Iglesia Católica de que entre el 15 y el 18 de enero de 2018 el Papa Francisco visitaría Iquique, Santiago y Temuco causó sorpresa y expectación. Sin embargo, la que se suponía debía ser una buena noticia, se vio opacada por críticas y cuestionamientos con respecto al costo que generaría la visita, ya que la Iglesia Católica necesita reunir $4 mil millones, además de los alrededor de $7 mil millones que deberá gastar el Fisco en materias de seguridad y logística para recibir al Pontífice.

Juan Camilo Díaz, director de comunicaciones de la Conferencia Episcopal de Colombia durante la última visita del Papa a Sudamérica, asegura en conversación con «El Líbero» que estos gastos «en realidad son inversiones monetarias, ya que se utilizan para construir o mejorar obras que perdurarán y serán un legado para la sociedad». Además, señala que «el Papa no exige nada y que son inversiones que se deben hacer por la magnitud y logística del evento», el que compara con la organización de unos Juegos Olímpicos o de un Mundial de Fútbol.

«La experiencia en todos los países del mundo en donde ha estado un Papa es que es mucho más la retribución económica que entra al país que lo que se invierte. Y hablo solamente del plano financiero, porque la ganancia espiritual y de fraternidad es mucho mayor y no se puede cuantificar. En nuestro caso la suma fue cercana a los 30 mil pesos colombianos, pero al país le ingresaron más de 180 mil millones de pesos colombianos por temas de turismo, de alimentación, de venta de artículos religiosos y una cantidad de cosas, además de la ganancia espiritual que dejó», señaló el periodista.

– ¿Hubo discusiones similares a esta en Colombia? 

– En todos los países se ha dado la misma polémica, y siempre se da por unos grupos minoritarios que quieren armar polémica por armar polémica. Esos mismos grupos que generan un foco de distracción, centrándose en los gastos monetarios o inversiones monetarias, y no en los grandes beneficios espirituales, después darán la razón de que fue muy poco lo que se invirtió para tanta ganancia social.

Problemas en La Araucanía y seguridad del Papa

Sobre la preparación y organización de la visita, Juan Camilo Díaz explica que involucra mucho tiempo y a muchas personas, y dice que la gente no alcanza a dimensionar la cantidad de aspectos logísticos y comunicativos que se deben tener en cuenta. También hace un llamado a los chilenos a disponer el corazón para recibir los mensajes del Sumo Pontífice con alegría, independiente de la posición política, religiosa y social de cada persona, porque «serán de gran beneficio».

«Durante la estadía del Papa Francisco en Colombia el impacto fue muy fuerte. Se notó un cambio, había alegría, fraternidad. En Bogotá no se registraron homicidios durante la visita, y posterior a ésta se generó todo un plan y acciones desde la Iglesia Católica para buscar recoger su legado y sus mensajes. (…) Acá viene el desafío que va a tener toda la sociedad chilena de decir: cojo este fruto y con este vamos a hacer bien y vamos a resolver muchísimos de los problemas sociales que podamos tener en este momento», indica el periodista, quién fue el expositor principal en Iquique del “IV Encuentro Preparatorio para Periodistas y Comunicadores a la espera de la Visita Apostólica del Papa Francisco a Chile”, y señala que desde Iquique el Sumo Pontífice va a enviar un mensaje muy poderoso al mundo porque «los migrantes son una de sus grandes preocupaciones».

Sin embargo, el Papa llegará a Chile justo en medio de los conflictos con el pueblo mapuche y la violencia que se vive en La Araucanía. De hecho, la noticia de su visita también se vio eclipsada tras un ataque incendiario que se produjo durante el mes de noviembre en la comuna de Ercilla, donde los autores dejaron panfletos indicando que no era bienvenido en la zona. A pesar de los problemas, Díaz asegura que el Papa no busca esconderse ni aislarse, y señala que los tres «papas móviles» que va a usar durante su estadía en Chile no son blindados. 

«A lo mejor se puede estar exponiendo a algo, pero es un Papa que quiere estar cerca de la gente y quiere que la gente esté cerca de él. Estoy seguro que pueden existir muchísimos sectores que quieren aprovecharse de la situación y la coyuntura de la visita para tratar de tener una caja de resonancia y para que su voz sea escuchada más fuerte, pero quienes promueven esto no van a a tener ni ganas ni tal vez la valentía suficiente para lograr atacar o intentar hacer daño a alguien que es un mensajero de paz», indica Díaz, agregando que «ahí donde hay lío es donde quiere estar Francisco», haciendo referencia al mensaje que dio el Papa en Colombia en septiembre, en medio de los procesos de paz que buscaban dejar atrás los 52 años de conflicto armado con las FARC.

– ¿Cómo serviría un mensaje del Papa acerca de los problemas y la violencia en La Araucanía, en comparación con el mensaje que él dio en ese entonces sobre la paz en Colombia?

-Lo primero que hay que tener en cuenta es que ahí donde hay lío es donde quiere estar Francisco. Donde él siente y cree que su presencia y su palabra puede ayudar en algo, ahí va a estar. El Papa ha recibido invitaciones de Francia, del Reino Unido y de España y no ha ido, y cuando uno revisa estos años de pontificado se da cuenta que no ha ido a ningún país europeo en carácter de visita oficial. Los pocos viajes que ha hecho en estos cuatro años son principalmente a países de América. Una vez que pase por Chile y Perú solo le faltará, de Sudamérica, Venezuela, Uruguay y Argentina…  Seguramente al conocer las dinámicas y problemáticas en algunas regiones de Chile, ahí es donde quiere estar el Papa. Va a hablar de paz, de encuentro y fraternidad, pero no es ninguna paz ni encuentro ni fraternidad desde lo político o desde un sector político en particular. Esa paz tiene origen en el evangelio, es una paz para todos, y no viene a hablarle sólo a los católicos chilenos, viene a hablarle a todo el pueblo chileno. Sus mensajes no tienen distinción ni de color, ni de posición política, ni de bandera, ni de religión. Son mensajes que caen y recalan en todos los corazones y eso hay que saber aprovecharlo muy bien.

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