INBA
Cortesía Municipalidad de Santiago

Hoy se cumplen recién dos semanas desde que asumió como nueva rectora del Internado Nacional Barros Arana (INBA) Urbi Rojas Arriarán, quien llega al cargo luego de participar en un concurso público al que postularon 162 candidatos, según informó la Municipalidad de Santiago, instancia que el jueves dejó de ser sostenedora de los colegios públicos de la comuna. Estas instituciones están ahora bajo el alero del Servicio Local de Educación Pública (SLEP).

En medio de este cambio administrativo y de un clima de cierta tensión por las manifestaciones violentas que se registraron durante los últimos años escolares, llega Rojas a dirigir este liceos emblemático. Antiguamente el INBA estaba entre los de mayor renombre del país y en la actualidad es uno de los más convulsos, por cuenta de grupos de jóvenes que vestidos con overoles blancos protagonizan protestas incendiarias.

«Existen formas de expresar molestias y exigir cambios, sin recurrir a la autodestrucción ni al daño de un espacio que nos pertenece a todos, que cuida, protege y entrega oportunidades», afirma Rojas en esta entrevista a El Líbero.

La nueva rectora sustituye así al hasta ahora director interino, Gonzalo Saavedra. A este directivo, durante el año escolar 2025, jóvenes encapuchados de los que salen desde el INBA a lanzar bombas molotov, lo rociaron con bencina en una oportunidad y le vandalizaron su automóvil.

A Saavedra lo nombró el alcalde Mario Desbordes (RN), luego de que la actual administración municipal reabrió un sumario y suspendió a la anterior directora, María Alejandra Benavides. El procedimiento había sido abierto y también cerrado sin concluir por la entonces alcadesa Irací Hassler (PC), quien la había nombrado rectora tras su participación en un concurso de alta dirección pública

Era Benavides quien dirigía el colegio en octubre de 2024 cuando ocurrió la mayor tragedia en materia de manifestaciones estudiantiles del país: 35 estudiantes resultaron quemados por la explosión de una bomba molotov en uno de los baños de la institución. Algunos afectados estuvieron hospitalizados por más de dos meses. Dos estuvieron en extrema gravedad y cuatro en estado crítico.

Fue por este hecho que que se abrió el sumario contra Benavides, quien además figura como imputada en la causa penal que adelanta la Fiscalía por lo ocurrido ese día en el INBA. La mujer fue finalmente destituida el 1 julio de este año y en noviembre abandonó una casa dentro del colegio en la que vivía sin pagar arriendo, aunque ya no trabajaba para la Municipalidad de Santiago.

En este contexto Rojas asume la rectoría del INBA. Hasta ahora se desempeñaba como directora del Liceo Bicentenario Comercial Diego Portales, en Rancagua, adonde también había llegado por concurso. Es profesora de Historia y Geografía de la Universidad de Tarapacá, con postgrado en gestión educativa y magister en dirección y liderazgo para la gestión educacional y otro en educación, mención en currículum y evaluación.

«Me parece clave generar convenios con instituciones de educación superior y con empresas»

¿Cuál podría ser su principal aporte al INBA? ¿ Cómo podría diferenciarse su gestión de las anteriores?

-Creo que el principal aporte que puedo hacer al INBA es poner orden, sentido y propósito, sin perder nunca de vista que detrás de cada decisión hay personas, historias y realidades distintas. No se trata de borrar lo que se ha hecho antes, sino de fortalecer lo que es esencial y de construir con la comunidad bases claras que nos permitan avanzar con mayor confianza. Desde lo estructural, es fundamental contar con un proyecto educativo institucional que no sea solo un documento, sino una guía viva, que represente la identidad y el espíritu del INBA. Junto a ello, un plan de mejoramiento educativo concreto, realista y en funcionamiento, que nos permita avanzar paso a paso, y un reglamento interno que responda a la esencia del establecimiento, que esté alineado con las políticas educativas vigentes y, sobre todo, que sea conocido, comprendido y respetado por toda la comunidad. En lo académico es necesario fortalecer las formas de planificar, revisar nuestras prácticas pedagógicas, diversificar metodologías, evaluaciones y proyectos, y abrir el liceo al mundo externo. Me parece clave generar convenios con instituciones de educación superior y con empresas que entreguen nuevas oportunidadesa nuestros estudiantes, como certificaciones y experiencias formativas que amplíen sus horizontes, especialmente considerando que muchos de ellos viven situaciones de alto riesgo social y necesitan más herramientas para proyectar su futuro.

-¿Y en convivencia escolar?

-En convivencia escolar mi mayor desafío es instalar una mirada distinta: entender la convivencia y la disciplina no como castigos ni amenazas, sino como un bien común, una base necesaria para que el aprendizaje y la vida en comunidad puedan darse. Aprender a convivir también es parte de la formación. Cuando eso se construye desde el respeto, el diálogo y la coherencia, la institución crece y se fortalece. Siento que mi gestión puede diferenciarse en la forma de hacer las cosas: con escucha activa, con presencia real, con trabajo en equipo y con la convicción de que los cambios duraderos no se imponen, se construyen juntos. Ese es el sello que quiero aportar al INBA.

¿Cómo es pasar de ser directora del Liceo Bicentenario Comercial Diego Portales, en Rancagua, a directora del INBA?

-Es, sin duda, un cambio importante, pero sobre todo una gran responsabilidad que asumo con respeto y convicción. En el Liceo Comercial Diego Portales lideré una comunidad grande, de cerca de 1.700 estudiantes. Como en toda comunidad diversa, también hubo conflictos. Cuando llegué, en el año 2020, el país estaba viviendo trasformaciones producto del estallido social y el liceo no fue ajeno a esa realidad: hubo tomas, petitorios, tensiones entre distintos estamentos y situaciones complejas que nos desafiaron como equipo directivo que se incorporaba al establecimiento y como comunidad educativa a enfrentar las dificultades. No fue fácil, pero entendimos que escuchar, dialogar y buscar caminos en conjunto era la única forma de avanzar. Luego llegó la pandemia, y ese periodo nos marcó profundamente (…). Ahí confirmé que el liderazgo educativo no se trata solo de dirigir, sino de acompañar, de estar presentes y de creer en las personas, incluso en los momentos más difíciles. Esa experiencia es la que hoy me trae al INBA. Sé que esta comunidad está viviendo un momento complejo, pero llego con la disposición sincera de trabajar en equipo, de escuchar a estudiantes, familias y funcionarios, y de construir confianzas poco a poco, también de desarrollar un plan estratégico enmarcado en el Proyecto Educativo Institucional del establecimiento. Asumo este desafío con muchas ganas, con esperanza y con la convicción de que si nos damos la oportunidad de dialogar y de buscar soluciones juntos, podemos avanzar. Mi mayor anhelo es que nuestros estudiantes puedan aprender, crecer como personas y proyectar un mejor futuro. Creo profundamente que siempre existen caminos para expresar las diferencias, generar espacios de conversación y construir acuerdos que nos permitan seguir adelante como comunidad inbana.

Disminución de las manifestaciones: «Esa responsabilidad no recae en una sola persona ni en un solo estamento: es una tarea compartida»

¿Cómo manejará las manifestaciones violentas que podrían suscitarse? ¿Tiene prevista alguna estrategia para disminuirlas?

-Es, sin duda, un desafío importante. Me encuentro todavía en un proceso de aprendizaje y comprensión de esta realidad. Creo que con el paso de los días llegará el momento de poder aterrizar todo lo observado y asimilado, y así formular definiciones más claras y concretas. Sin embargo, considero que para la comunidad educativa hay algunos aspectos fundamentales que debemos fortalecer. En primer lugar, es clave instalar un modelo y una dinámica de convivencia en la que todos participemos activamente, entendiendo que la responsabilidad es compartida. En segundo término, el reglamento interno vigente debe transformarse en un verdadero marco orientador de nuestro comportamiento y de nuestras conductas al interior del establecimiento. Esto no solo compete a los estudiantes, sino que involucra a todos quienes formamos parte de la comunidad educativa. Finalmente, resulta esencial volver a poner en el centro la columna vertebral de nuestra organización: el Proyecto Educativo Institucional. Relevarlo, comprenderlo y vivirlo en la práctica es una herramienta fundamental para avanzar en la disminución de situaciones de violencia y en la construcción de un clima escolar más sano. Estas tres líneas de acción me parecen claves para abordar de manera responsable y sostenida el tema que plantea.

¿Siente temor de que ocurra otra tragedia como la de los 35 estudiantes quemados, tomando en cuenta que desde diversos sectores han anunciado el aumento de las manifestaciones cuando asuma el Presidente electo, José Antonio Kast?

Por supuesto que existe una preocupación. Lo ocurrido en 2024 fue muy grave y dejó una huella profunda en toda la comunidad. Nadie puede sentirse ajeno a una situación en la que más de 30 estudiantes resultaron con quemaduras. No es una experiencia sana ni aceptable, y no debiera volver a repetirse bajo ninguna circunstancia. Nuestro principal compromiso es tomar todas las previsiones necesarias para impedir que una tragedia de ese tipo vuelva a ocurrir. La comunidad educativa, en su conjunto, tiene la responsabilidad de generar las condiciones para que nuestros estudiantes puedan desarrollarse en un ambiente escolar tranquilo, seguro y en paz. Esa responsabilidad no recae en una sola persona ni en un solo estamento: es una tarea compartida que debe ser asumida por todos quienes formamos parte de la comunidad.

-¿Y cómo se logran esas condiciones?

-Los mecanismos de prevención y mitigación son fundamentales. Contar con un Plan Integral de Seguridad Escolar (PISE) que esté verdaderamente internalizado por toda la comunidad es clave. Del mismo modo, es indispensable que las normas que regulan nuestro comportamiento, contenidas en el reglamento interno y de convivencia escolar, sean conocidas, comprendidas y respetadas por todos. Pero más allá de los protocolos, creo firmemente que el eje está en construir un modelo de sana convivencia escolar donde todos participemos activamente. En ese proceso, el rol de los apoderados es fundamental. Ellos deben ser actores clave en el resguardo y en la toma de conciencia, trabajando de manera conjunta con los docentes y con la institución, entendiendo las consecuencias reales que pueden tener hechos de esta naturaleza. Finalmente, cuando hablamos de seguridad, hay un aspecto que no podemos dejar de relevar: el autocuidado. El cuidado personal, el “uno a uno” , el cómo me protejo y cómo protejo al otro, debe ser un valor instalado y promovido permanentemente. Solo desde esa conciencia colectiva podremos avanzar en prevenir situaciones que pongan en riesgo la integridad de nuestros estudiantes.

¿Hay desde la institución una explicación de por qué pasó esto? ¿Cuál es la situación dentro del liceo?

-Creo que esa es una pregunta que, en este momento, corresponde que sea respondida por otros actores. Yo me estoy incorporando recién a la institución y sería poco responsable de mi parte emitir explicaciones o juicios sobre hechos ocurridos antes de mi llegada. Lo que sí puedo decir es que hoy mi foco está puesto en comprender en profundidad la realidad del liceo, escuchar a la comunidad y trabajar con seriedad para aportar a que situaciones como estas no vuelvan a repetirse. Ese es el compromiso con el que asumo este desafío, que sé que no es fácil.

«Nuestra casa, porque el INBA es la casa de nuestros estudiantes, ha sido dañada, y eso tiene consecuencias reales»

¿Tienen alguna estrategia para aumentar la matrícula?

-Pensar en aumentar la matrícula del INBA no es solo hablar de números, es hablar del tipo de comunidad que queremos construir. Creemos firmemente que, en la medida en que nuestros estudiantes cuenten con un espacio educativo que les permita crecer de manera integral, no solo en lo académico, sino también en lo personal, social, cultural y emocional, estaremos respondiendo a las necesidades más profundas de nuestra comunidad y proyectando un INBA con sentido y futuro. ¿Cómo lograrlo? No hay fórmulas mágicas (…). Queremos un INBA vivo, donde los estudiantes puedan expresarse, participar y sentirse parte, sabiendo que sus voces importan. Sin embargo, también es necesario ser honestos. Hoy no podemos decir que todo lo que ha ocurrido al interior del establecimiento ha favorecido una mirada de cuidado y seguridad. Nuestra casa, porque el INBA es la casa de nuestros estudiantes, ha sido dañada, y eso tiene consecuencias reales. La baja matrícula ya nos está afectando, si no hacemos cambios puede traer consecuencias aún más graves: ajustes de dotación, pérdida de equipos humanos valiosos y una infraestructura enorme que deja de tener sentido si no está llena de vida. Por eso, este es un llamado a la conciencia colectiva: a funcionarios, apoderados y, muy especialmente, a nuestros estudiantes. Si no cambiamos la mirada, si las formas de manifestar el descontento no se revisan, corremos el riesgo de que este liceo tan significativo se convierta en un monumento, vacío de personas y de sentido. Y eso es justamente lo que no queremos. Lo que le ha dado vida al INBA, a lo largo de su historia, han sido sus estudiantes, sus docentes, asistentes de la educación y familias, creciendo juntos, aprendiendo y construyendo comunidad día a día. Eso es lo que no podemos perder de vista (…). Quienes trabajamos por un INBA mejor lo hacemos porque creemos profundamente en los estudiantes, en su capacidad de crecer y de convertirse en agentes de cambio social.

¿Cómo recibe el INBA, tanto en lo académico como en convivencia escolar?

-Al llegar al INBA, como ocurre en toda comunidad educativa, es posible reconocer fortalezas, pero también carencias, debilidades y desafíos importantes que debemos enfrentar. No lo digo desde la crítica, sino desde la convicción de que siempre hay espacio para mejorar. Estoy segura de que, tanto en lo académico como en la convivencia escolar, existen muchas oportunidades y, sobre todo, muchas ganas de avanzar y de hacer más de lo que hoy estamos logrando. Para eso, es fundamental construir un plan de gestión transversal, donde la convivencia escolar no sea responsabilidad de unos pocos, sino un compromiso compartido por todos los estamentos: funcionarios, docentes, asistentes de la educación, estudiantes y familias. La convivencia no se decreta, se construye día a día, con respeto, diálogo y coherencia. Del mismo modo, necesitamos recuperar y fortalecer los procesos pedagógicos. Sabemos que estos han sido interrumpidos por distintos acontecimientos en los últimos años, y hoy el desafío es volver a poner el aprendizaje y el desarrollo integral de los estudiantes en el centro. Pero esto solo es posible si contamos con un entorno ordenado, seguro y acogedor. Cuando una comunidad no está bien, es muy difícil que el aprendizaje se dé de manera plena. Por eso, creo firmemente que debemos poner sobre la mesa nuestras voluntades, pero también la disposición a dejar de lado los egos, pensando siempre en el bien común. Este es un trabajo que nos involucra a todos: funcionarios, apoderados y estudiantes. Nadie queda fuera de esta tarea.

¿Cuál es el principal desafío al asumir este cargo?

-El principal desafío al asumir este cargo es volver a escucharnos de verdad. Escucharnos con respeto, con apertura y con la disposición sincera de comprender lo que el otro piensa y siente, incluso cuando no estamos de acuerdo. Necesitamos que la escucha activa vuelva a generar espacios de conversación que nos permitan crecer como comunidad inbana, y no seguir dañándonos entre nosotros. Hoy, más que nunca, quiero hacer un llamado fraterno a mirarnos a la cara, a reconocernos como parte de una misma comunidad y a entender que lo que realmente necesitamos es unirnos por el INBA. Un INBA vivo, cuidado, respetado, donde las diferencias no nos separen, sino que nos ayuden a aprender y a construir mejores caminos. Creo profundamente que cuando nos damos el tiempo para conversar, cuando bajamos las defensas y ponemos el bien común por delante, es posible avanzar. Ese es el desafío que asumo con convicción: generar los espacios para el diálogo, reconstruir confianzas y trabajar juntos para que el INBA vuelva a ser un lugar de encuentro, de aprendizaje y de oportunidades para todos.

Sobre el traspaso del INBA al SLEP: «Tenemos algunas inquietudes y necesidades que consideramos importantes de plantear y esperamos poder transmitirlas»

El INBA, como todos los liceos de Santiago, pasó el jueves a estar bajo el alero del SLEP. ¿Cómo ha sido el trabajo de coordinación con este nuevo organismo y cuáles son sus expectativas con respecto al nuevo sostenedor?

-Me estoy incorporando en un momento en que este proceso ya se encuentra en su etapa final de implementación, por lo tanto, el trabajo de coordinación ha sido breve y principalmente de carácter informativo. Aun así, me ha permitido conocer las líneas generales bajo las cuales comenzará a operar el nuevo sostenedor. Mis expectativas son que este cambio efectivamente funcione como fue pensado, poniendo en el centro a los estudiantes y fortaleciendo las condiciones para su desarrollo educativo e integral. Confiamos en que el traspaso a los servicios locales permita avanzar en una gestión más cercana a las realidades de cada establecimiento. Como unidad educativa, tenemos algunas inquietudes y necesidades que consideramos importantes de plantear y esperamos poder transmitirlas oportunamente a nuestro nuevo sostenedor, con el objetivo de que puedan ser abordadas de manera responsable y colaborativa. La disposición es al diálogo y al trabajo conjunto, siempre pensando en el bienestar de nuestros estudiantes y de toda la comunidad educativa.

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