No sólo el confuso intento de golpe de Estado en Bolivia la semana pasada estuvo en la mira de la 54º Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Paraguay. La situación política en Nicaragua también fue un tema central de la reunión que se realizó el 27 y 28 de junio, a la que asistieron más de una veintena de cancilleres de la región, entre ellos Alberto van Klaveren.
Por primera vez ese país no estuvo presente en la convención, luego que el régimen de Daniel Ortega retirara a Nicaragua del organismo en noviembre del año pasado. En esta versión de la Asamblea, 32 países firmaron una declaración de condena a la administración de Ortega y se comprometieron a tomar acciones específicas o en colectivo para buscar la democratización del país.
El líder opositor nicaragüense, Juan Sebastián Chamorro, es parte de la agrupación que impulsó esa declaración. De paso por Chile, se reunirá mañana viernes con la Cancillería con el fin de conseguir apoyo concreto para los 143 presos políticos que aún hay en Nicaragua.
Quién es Juan Sebastián Chamorro
Economista, político de centro-derecha liberal, cumplió distintos roles en el gobierno de Enrique Bolaños (2002-2006).
En 2018 formó parte de los «diálogos» a los que convocó el gobierno de Daniel Ortega (2007 hasta la fecha) para poner fin a la crisis que desencadenó su reforma a la seguridad social.
Fue precandidato a la presidencia en las elecciones que se realizarían el 2021, pero en junio de ese año, fue «secuestrado» por fuerzas del Estado (no se supo de él en tres meses) y luego encarcelado por 611 días (1 año y 8 meses).
Tras una campaña internacional liderada por su mujer Victoria Cárdenas, fue liberado junto a 222 presos políticos, exiliado a Estados Unidos y despojado de su nacionalidad.
Actualmente ejerce como investigador del Instituto Kellogg de Estudios Internacionales de la Universidad de Notre Dame, en Indiana.
Trabaja por el retorno de la democracia en su país, siendo parte del bloque de centro-derecha dentro de la Concertación Democrática Nicaragüense, organismo que agrupa a la oposición al régimen de Ortega, independiente de su color político.
–¿De qué sirve la solidaridad internacional para la causa que usted lidera?
-Yo estoy hablando aquí contigo producto de la solidaridad internacional. Uno puede ser crítico del orden internacional, de la diplomacia, y cuando eres víctima de delitos de lesa humanidad y de violación de derechos humanos, quieres un resultado rápido. Pero la solidaridad internacional funciona y yo soy un testimonio de eso. Cuando caí preso, mi esposa Victoria hizo una campaña por todo el mundo: fue al Parlamento Europeo, fue a la Casa Blanca, a la Cumbre de Presidentes, fue a Bruselas, a toda América Latina, a España, para luchar por la liberación de todos los presos políticos, y el resultado, en parte, fue precisamente por ese trabajo. Ese ejemplo me motiva a mí a hacer lo mismo, no solamente para los 143 que están presos actualmente, sino también para los más de 5 millones y medio de nicaragüenses que están presos en Nicaragua. Nicaragua se convirtió en una gran cárcel.
–Chile firmó la declaración que condena al régimen de Ortega y se compromete a tomar acciones concretas. ¿Qué espera del gobierno chileno?
-En primer lugar, una nota al pie. Yo soy un político de centro-derecha, de corte liberal, y habiendo dicho esto, quiero reconocer que el Presidente Boric ha sido uno de los pocos que ha llamado a Daniel Ortega “dictador”, lo dijo en una cumbre. Estábamos presos cuando él dio esas declaraciones y para nosotros fue muy esperanzador.
Por otro lado, yo me considero una persona pragmática y tenemos más de 143 personas presas. Creo en la diplomacia y cerrar canales diplomáticos te puede llevar solamente a la no búsqueda, a no encontrar soluciones. A nosotros nos urge que alguien, y no va a ser nadie de la derecha, ni de centro-derecha, probablemente alguien de la izquierda, llame al dictador y a la vicedictadora y solicite lo que tenga que hacer para… a nosotros nos llevaron en un avión a Estados Unidos, pero se podría hacer lo mismo para otro país…
–El Partido Comunista de Chile ha respaldado firmemente a Daniel Ortega, particularmente en su reelección en 2021, momento en el que usted fue secuestrado y encarcelado por fuerzas del régimen. ¿Qué reflexiones hace?
-Yo vengo en representación también de una Concertación Democrática Nicaragüense, que agrupa a distintas tendencias políticas disidentes. Hay partidos de la izquierda dentro de esta concertación y creo que eso ayuda a enviar un mensaje a gente como el Partido Comunista de Chile, que tal vez vivió una época muy romántica de la Revolución Sandinista, pero a quienes estos disidentes de la izquierda les pueden explicar mejor que nosotros que Daniel Ortega es un criminal, un criminal que ha asesinado a más de 350 personas. No lo digo yo, lo dice la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Human Rights Watch, lo dicen un montón de organizaciones.
Entonces, un mensaje a estos señores y señoras del Partido Comunista: que se informen bien de lo que ha pasado después que Ortega decidió dispararle a los jóvenes universitarios (tras las manifestaciones de 2018, ver recuadro). Muchos de ellos, la mayoría de ellos, venían de familias sandinistas, y recibieron tiros en la cara, en el pecho, en el cuello. Uno podrá tener algún tipo de cariño o identificación, pero eso no es justificable bajo ningún punto de vista.
«La represión en Nicaragua ha provocado más migración que la venezolana»
–¿Cuál es la situación actual en Nicaragua?
–En Nicaragua no hay ningún tipo de libertad ni derecho. No hay prensa escrita, no hay periódicos, semanarios, no hay televisión independiente, no hay radio independiente. Ortega ha eliminado más de 4.500 ONGs, muchas de ellas asociadas a la Iglesia, otras de orden cultural. Si uno va a la calle y se manifiesta, va preso. Si un sacerdote da un sermón en la calle, va preso. Si uno va a la iglesia y dice en su sermón alguna palabra que pueda ser interpretada por el espía que está con el teléfono grabándolo, llega la policía en cuestión de minutos. Los santos, las imágenes de los santos, no pueden salir de los templos, porque la dictadura no quiere aglomeración de gente. Entonces, estamos en una situación en la cual darle un like a mi cuenta de X te puede llevar a una investigación y, como hay una ley de ciberdelito, te acusan de promover noticias falsas. Y hay gente presa por eso.
–¿Esto ha sido progresivo en el tiempo? ¿O ustedes lo visualizaron ya desde que en 2007 volvió Daniel Ortega al poder?
-Este es un punto muy relevante porque las instituciones se van destruyendo por los autócratas de manera progresiva. Mucha gente votó por Ortega creyendo que había cambiado (estuvo en el poder entre 1981 y 1990, tras liderar una revolución que terminó con la dictadura de ese momento). Ortega nunca fue un demócrata. Ortega nunca quiso la democracia, nunca quiso elecciones. Y estos cambios que ocurren son parte de planes preconcebidos, prediseñados, para ir acaparando la mayor cantidad de poder posible.
Es algo que ocurre en muchas partes del mundo. Primero van con los medios de comunicación, con los más críticos, los que hacen investigación periodística, los centros de pensamiento, las universidades; luego empiezan a quitar personería jurídica a partidos políticos por tecnicismos; y al final terminan hasta con obispos de la Iglesia Católica, como ocurrió en Nicaragua.
Entonces sí, fue gradual desde el 2007, pero cuando Ortega decide hacer una reforma a la seguridad social el 2018, los estudiantes universitarios salen a las calles en protesta, en solidaridad con los viejitos. Ahí empieza la matanza de estudiantes y protestantes que conlleva la crisis sociopolítica en la que estamos todavía y que ha llevado a un éxodo de más o menos el 12% de la población nicaragüense. Escuchamos mucho de la migración venezolana, que siete millones de venezolanos han salido, pero en términos proporcionales, 700 mil personas se fueron de Nicaragua para siempre.
–Nicaragua es un país muy católico. ¿Cómo le ha afectado a la población el ensañamiento que ha tenido el régimen con la Iglesia?
-La Iglesia para Ortega ha representado siempre una amenaza. Junto a nosotros estuvieron presos nueve sacerdotes y luego siguió la captura hasta 18 de los más importantes miembros de la jerarquía, incluyendo dos obispos de la conferencia episcopal.
La gente común y corriente encuentra la forma de expresar su fe y también su malestar. Las iglesias están llenas en Nicaragua. Creo que la Iglesia católica ha ganado un enorme respeto por la lucha por la dignidad, pero en este momento, lamentablemente, está tomando una posición un poco más tímida, más callada, probablemente porque se negoció la libertad de sacerdotes (en enero de 2024) por el silencio. Pero estoy seguro que en algún momento esta posición de la iglesia va a ser un poco más activa después de todo lo que ha pasado.
«Esperamos que la fisura que se advierte en el gobierno genere una rebelión»
–¿Quién sostiene a Ortega, tanto interna como externamente?
–Las armas. El ejército, la policía, sustentan a Ortega. La capacidad represiva es enorme. Ortega ha incrementado exponencialmente el número de policías en los últimos 10 años. Tiene una camarilla de funcionarios y también empresarios que se sustentan del Estado.
Internacionalmente Ortega se ha alineado con el eje del mal. Gracias a una alianza con Putin, Rusia tiene un centro de espionaje en Managua. Acaba de suscribir acuerdos de infraestructura con China comunista. El líder iraní, Ebrahim Raisi, que falleció, había estado hace menos de un año en el país. Y acaba de abrir, aunque parezca mentira, relaciones con el régimen talibán, así que en Nicaragua va a estar la primera embajada en el continente del talibán.
–¿Qué incidencia está teniendo Ortega hacia el resto del continente americano? Ya sabemos que tiene como aliados a Nicolás Maduro, a Cuba, ¿cómo se ve el panorama hacia el sur?
–Ortega ha sido criticado hasta por su propia gente, por la izquierda. En la resolución de la OEA, Colombia, Chile y Brasil (gobernados por la izquierda) votaron a favor. Lo que está haciendo Ortega es aislándose más del entorno que lo rodea -América Latina- y está pensando más en alianzas con los iraníes, con los rusos y con los chinos. Parte del problema de él es que se cree un líder mesiánico que sigue viendo el mundo como bipolar, su mentalidad es la misma de los años 70.
Su hermano lo criticó por esto y lo que hizo Ortega y su esposa Rosario Murillo fue echarlo preso. Eso es un reflejo de las divisiones que hay a lo interno. Esto es una dictadura dinástica, muy familiar, no hay institucionalidad, y ese conflicto que tuvo con el hermano es muestra del descontento que hay dentro de la misma fila del sandinismo.
–¿Cómo es Rosario Murillo, la mujer de Ortega que ejerce como vicepresidenta?
-Es una persona que trabaja, a diferencia de lo que la gente cree. Y ese es un problema, porque cuando el mal trabaja mucho, el bien tiene que complementarlo. Es una persona llena de maldad, llena de odio. Lo demuestra en sus palabras, en sus escritos. Yo personalmente he sido objeto de calificativos, pero no soy el único. Es una persona altamente resentida, muy dominante.
–¿Pero es ella la que maneja el gobierno?
-En el día a día, sí. Ella controla toda la operatividad del Estado de una manera muy centralizada. Está purgando a mucha gente que no es de su entera confianza. Está purgando incluso a gente que era de la confianza del marido. Entonces eso también es un elemento de división ahí: quiénes son los de Daniel y quiénes son los de Rosario. Eso va generando fisuras.
–¿Cómo se relacionan ustedes con la oposición interna? ¿Cómo se encuentra efectivamente la oposición al interior de Nicaragua?
-La oposición en general es la inmensa mayoría del país. Pero decir que hay líderes opositores que se identifiquen como tales, no, no puede haber. Porque al momento que alguien vaya a una plaza a decir algo, que publique algo en Facebook, va preso. Entonces, no hay actividad política de oposición en Nicaragua.
Cuando nos liberaron en febrero del 2023, veníamos en el avión 222 presos políticos…
–Líderes de la oposición, además.
-Sí, precandidatos presidenciales, líderes, presidentes de partido, etc. Entonces, no hay un liderazgo dentro del país. Lo que sí tenemos es gente que trabajó con nosotros en las distintas organizaciones, en las campañas, que están con mucho miedo y con mucha cautela de hacer algo y exponerse.
–¿Es entonces imaginable un cambio desde dentro?
-Sí, pero bien podría ser iniciado por un cambio entre ellos mismos, para que esta fisura que se advierte en el interior genere algo, una rebelión interna de su propia gente que después derive en una manifestación popular de todo el mundo. Pero en el 2018 eso pasó y Ortega disparó a matar. Entonces, nadie en su sano sentido de la responsabilidad, y sobre todo desde el exilio, puede llamar a la gente a salir a las calles, porque es peligrosísimo. Puedes perder la vida.


Aunque al partido comunista chileno le demuestren de manera absoluta que Daniel Ortega y su gobierno utlizan tacticas criminales en contra de su pueblo, la cupula y bases de ese partido comunista chileno, no lo podra asumir internamente y menos divulgar entre sus partidarios y tampoco reconocer publicamente, por imposibilidad estrategica absoluta, ya que ello iria en contra su base doctrinal y de sus procedimientos de enseñanza elemental en sus celulas. Esos crimenes solo los consideran como un costo mas, y menor, que hay que pagar, para poder lograr sus objetivos, no importando el plazo que ello conlleve, ni las penurias «transitorias» que el puebla deba sufrir; Como ya lo han expresadoo en numerosas ocasiones por escrito: «ya lo entenderan nuestros descendientes «; » el camino es largo, pero el ideal es el verdadero» : » vale la pena los sacrificios de hoy, aunque importen 100 años» . Y se puede escribir mas de un libro con semejantes panfletos, de una pobreza intelectual enorme. Lo triste es que por necesidad, muchos todavia lo creen, y otros por conveniencia personal avivan esas mentiras, para obtener mezquinos beneficios personales. Una vision contraria a esta postura, desmostraria lo obviamente esteril e inutil de su pobre e incompleta doctrina y maniqueos discursos, que se ha corroborado con hechos y pruebas historicas irrefutables, erroneos y falsos, desde ya hace muhos años. Y redundan como la peor manera de enfrentar y solucionar los problemas de los pueblos.