«Cada vez que me preguntan cómo estoy digo que estoy bien, aunque por dentro no sea así, porque hasta que Cuba no sea un país donde la familia, donde los hijos y donde los amigos puedan vivir en libertad, uno no puede estar bien». Con esas palabras el líder opositor cubano, Yunior García, se refiere a la situación de la isla.

El dramaturgo y disidente cubano vive actualmente en España, luego de lo que él mismo califica «como una fuga de película», tras la frustrada Marcha Cívica por el Cambio del 15 de noviembre, que no pudo hacerse por la prohibición del régimen que encabeza Miguel Díaz-Canel.

García, líder del movimiento Archipiélago, que surgió a raíz de las protestas del 11 de julio del 2021 en Cuba y que promueve el cambio político de forma pacífica a través del diálogo, imaginaba un resultado completamente distinto.

El 14 de noviembre su casa amaneció sitiada. 200 personas que «no eran nuestros vecinos, aunque aparentemente querían simular eso» rodearon la vivienda. «Eran policías vestidos de civil que llegaron hasta allí para hacernos lo que en Cuba se llama un ‘acto de repudio’. Fue una sensación que no se puede explicar si no se vive: nos sentíamos como judíos en la Alemania nazi», afirma en conversación con El Líbero.

 

«Nuestra casa estaba bloqueada por cientos de personas gritándonos amenazas, ofensas, nos llamaban gusanos, escorias, por lo que en todo ese día yo no pude salir de mi casa, sufrí el acoso en vivo del régimen cubano», denuncia.

Así es como ese mismo día la embajada española le concedió a García un visado de turista, para poder huir. «Obviamente el régimen cubano lo sabía y nos dejaron salir porque ese es el método que han usado siempre para deshacerse de activistas molestos, de disidentes incómodos. Ellos creen que saliendo del territorio nacional, mandándote a otro país, anulan por completo tu activismo».

Exiliado hace dos meses en España, se encuentra ahora tramitando la solicitud de asilo político, porque de regresar a su país se expone a 30 años de prisión. Cuenta que le cerraron el grupo de teatro, despidieron a todos los actores y sigue un caso abierto en su contra supuestamente por incitación a delinquir, por desorden público, por sedición «y por todos los delitos que a ellos se les puedan ocurrir».

Boric y el riesgo del Partido Comunista

En un mes más Gabriel Boric asumirá como Presidente de la República. La coalición de Apruebo Dignidad, que lo llevó al gobierno, cuenta entre sus principales partidos al PC chileno. Tienda que no esconde su respaldo al régimen de los Castro, ni a su sucesor Díaz-Canel; y que incluso tras las protestas del 11 de julio pasado en la isla se solidarizaron con el gobierno cubano y acusaron a Estados Unidos de estar detrás de las manifestaciones. Eso mantiene expectante a García y su opinión sobre el futuro gobierno chileno.

«Yo soy un demócrata y respeto la decisión soberana de los chilenos de escoger el gobierno que deseen». Sin embargo, afirma que le llama mucho la atención que cuando Boric era candidato presidencial se refirió a la situación de Cuba como una dictadura, diciendo que la izquierda nueva tenía que desentenderse de ese tipo de regímenes autoritarios. «Ojalá que no sea solo una frase de campaña, que no se trate solo de un lema para ganar seguidores o para apartarse de determinados estigmas. Ojalá lo cumpla», indica.

Sus dudas surgen porque recuerda cuando el venezolano Hugo Chávez aspiraba a gobernar el país petrolero. «También dijo que Cuba era una dictadura. Negó ser comunista, trato de apartarse todo lo posible de cualquier autoritarismo, y ya vemos en qué se convirtió Venezuela. Entonces, una cosa es en campaña y otra cosa es cuando tienen el poder”.

Su deseo para Chile es que continúe siendo una democracia, «que no se vaya por caminos autoritarios y que no se acerque demasiado a las dictaduras de la región (Cuba, Venezuela y Nicaragua), porque entonces sería falso todo lo que dijeron en campaña».

El dramaturgo también está al tanto de la designación de la socialista Maya Fernández en el Ministerio de Defensa, quien no solo es nieta del expresidente Salvador Allende, sino que además es hija de un exagente cubano, Luis Fernández Oña, situado en Chile para influir en el rumbo del gobierno de Allende.

«No quisiera adelantarme, pero el pedigrí es complicado. Los cubanos sabemos que Cuba tiene tentáculos en todas partes. Si en algo era experto Fidel Castro, era en determinar qué posibles candidatos podían responder a intereses de Cuba en determinadas zonas del mundo, sobre todo en Latinoamérica», explica.

«Sabemos el lobby que hacían las embajadas cubanas en estos países, cómo muchos posible futuros candidatos eran invitados a Cuba o tenían encuentros con la seguridad cubana y cómo al final respondían a los intereses del castrismo». Alude además a la «injerencia» que ha tenido la isla durante años, no solo en lo política, sino con «guerrillas, entrenamiento militar y con desestabilizar gobiernos democráticos», por eso advierte que “cualquier acercamiento con una dictadura que está especializada en destruir la democracia es sumamente peligroso”. 

García por el proceso constituyente: «El debate debe ser libre para que no quede nada oculto a los ojos de los chilenos»

La Convención Constitucional no deja de ser noticia. Y es que poco a poco se acercan los plazos para que los convencionales le entreguen una propuesta de Constitución a la ciudadanía. Y si bien las iniciativas aún no son llevadas al pleno, donde deben ser aprobadas por 2/3, temas como la nacionalización de recursos naturales, indultos o amnistías a ciertos presos, el rechazo a nociones de libertad económica o de emprendimiento, preocupan a la ciudadanía, incluso a quienes votaron Apruebo en el plebiscito de octubre de 2020.

En cuanto al proceso, García afirma que «debe existir un debate con libertad para que no quede nada oculto a los ojos de los chilenos, para que tengan la certeza de todo lo bueno o lo malo que podría ocurrir», y subraya que «es fundamental que se respeten las libertades individuales y los derechos sociales en conjunto».

El artista apunta que es complejo todo este «rollo que seguimos teniendo entre la derecha y la izquierda, cuando son términos de los que deberíamos pasar, porque están demasiado contaminados».

Ejemplifica con el caso de la revolución francesa y su lema: libertad, igualdad, fraternidad. «La derecha decidió apropiarse de la palabra libertad, mientras que la izquierda de la igualdad, y de pronto nadie tomo en cuenta la palabra fraternidad, y es eso lo que nos está faltando en un mundo tan convulso como el que vivimos ahora, con una polarización extrema», señala. «Hay que llegar a consensos, no se trata de ganar o perder, se trata de cómo construimos el mejor país posible».

Eso, dice, de cara al proceso constituyente debe hacerse «desde el conocimiento profundo, que duden, que se fijen en las experiencias de la región, que sepan que no siempre las frases bonitas aparentemente del bien nacional le hacen bien a la sociedad. No tomen la decisión solamente por campañas o frases de propaganda, traten de profundizar en cada una de esas decisiones», concluye.

¿Qué ha pasado en Cuba?

Cuando Archipiélago convocó la Marcha Cívica por el Cambio hicieron todo lo posible porque el proceso se desarrollara en paz: solicitaron permiso al régimen para manifestarse -que fue negado-, cambiaron la fecha de la convocatoria para no cruzarse con un acto de las Fuerzas Armadas, el propio García dijo que marcharía solo, e hicieron un llamado a los cubanos a “no hacer nada que ponga en riesgo su integridad”. Nada fue permitido.

García explica que la oposición cubana vive actualmente una situación muy compleja: «El régimen en Cuba lleva mas de 60 años perfeccionando sus métodos y uno de los métodos que ha utilizado siempre es no reconocer a la oposición, luego infiltrarla y tratar de sembrar discordia. Divide y vencerás es el famoso lema».

En este sentido señala que el trabajo que llevan adelante ahora busca generar consensos. Además, están tratando de establecer contacto con la oposición de otras dictaduras de la región, como Venezuela y Nicaragua porque señala que estos regímenes sí trabajan en conjunto.

«La oposición en cada uno de estos tres países no sólo esta dividida en lo interno, sino que además no hemos logrado llegado a un proceso de encuentro a nivel regional». Insiste en que «aunque algunos en el mundo se nieguen a reconocerlo, Cuba es una dictadura de manual». Por lo que parte de su trabajo de difusión también se propone romper mitos.

«Hay varios mitos con respecto a la revolución cubana. Si hay algo que ha hecho bien la dictadura, ha sido vender una imagen de sí misma que no tiene nada que ver con la realidad y que lamentablemente en muchas partes del mundo han comprado. Han sido estafados con el mito de la revolución cubana».

Y pasa a enumerar: «Se habla de salud publica gratuita y de calidad, se habla de educación gratuita y de calidad, pero todos estos son mitos, porque cualquier cubano que ha vivido en Cuba sabe las dificultades que pasa un individuo para ser atendido en un hospital, sabe que la educación al final no es gratuita, y nos pasamos la vida pagando los estudios».

Asevera: «Es falso que el pueblo cubano sea soberano, esa soberanía esta secuestrada por un partido, por una casta, por un grupo pequeño de empresarios, de burócratas, de militares y de una familia con una apellido notorio, la familia Castro, que tienen el control absoluto del país y cualquier ciudadano que se oponga es expulsado de la vida común».

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