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Publicado el 27 de octubre, 2019

Las certezas y las disyuntivas del nuevo gabinete

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El Líbero

Se espera que el anuncio se realice idealmente durante este domingo. Es casi seguro que el cambio de ministros será amplio y profundo: es decir, saldrá al menos la mitad de los secretarios de Estado y se modificarán los dos centros de poder, el equipo político y el económico. Pero el nuevo diseño aún no se cierra, y hay dos o tres modelos plausibles, con múltiples variantes.

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El punto de inflexión fue el viernes en la tarde. La multitudinaria manifestación que congregó solo en Santiago a más de un millón 200 mil personas terminó por convencer en La Moneda que el cambio de gabinete que ya estaba en la mente del Presidente Sebastián Piñera debía ir más allá de unos dos o tres jefes de cartera más relacionados con el estallido de la crisis.

Y el actual diseño que está elaborando el Mandatario es diferente a los anteriores. Tanto en el gobierno como en los partidos del oficialismo señalan que acá no corren las peticiones, las listas con nombres intocables ni el cuoteo como en ocasiones anteriores. No, esta vez el Jefe de Estado enfrenta un complejo desafío en el que él mismo puso la tónica: «He pedido a todos los ministros poner sus cargos a disposición para poder estructurar un nuevo gabinete para enfrentar estas nuevas demandas y hacernos cargos de los nuevos tiempos».

En este escenario para enfrentar «los nuevos tiempos» -que cambia en cosa de horas- existe al menos algunas certezas o cuasi certezas sobre el nuevo equipo de ministros.

Un cambio amplio y profundo. En este punto no hay dos visiones. Lo masivo de la reestructuración lo puso el mismo Mandatario al pedir los cargos de todo el gabinete. Esto trae como consecuencia que el cambio incluirá al menos la mitad de los secretarios de Estado. Se habla de 12 o 14 ministros los que serían removidos. Ya el «piso» lo dio la alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei, cuando el viernes habló de la salida de 8 figuras. «Debe ser un cambio profundo, o sea, que de verdad se vea otra cara, política y económica (…). Para que haya cambios profundos deben ser al menos ocho».

Y lo profundo del cambio implica tocar al comité político y el económico. Las carteras de Interior, de la Secretaría General de Gobierno, Hacienda y Economía serían parte del cambio, además de ministerios sectoriales.

Los «intocables». Ayer el Presidente dio el vamos a un mecanismo para escuchar las demandas ciudadanas. Y designó al ministro de Desarrollo Social, Sebastián Sichel, como la autoridad de gobierno que coordinará dicha instancia. Es por eso, que el ex militante DC y ex Ciudadanos es una carta segura para quedarse en el gobierno. «Los hemos convocado a ustedes para nos ayuden a escuchar a los chilenos, no solamente a nivel de academia, a nivel de la sociedad civil, a nivel de los sindicatos, a nivel del propio gobierno, sino que esta metodología que yo espero surja de esta y otras reuniones nos permita dar satisfacción a una demanda inmensa», dijo el Presidente y le pasó la posta al ministro Sichel, quien condujo el encuentro.

Otra autoridad que se mantendría en el gabinete es el ministro secretario general de la Presidencia, Gonzalo Blumel. Junto con estar bien evaluado, el secretario de Estado representaría la continuidad dentro del profundo cambio. Además, cumple con el requisito que busca el Mandatario de figura joven y de tener buenos puentes con la oposición, al igual que Sichel. Ese es el perfil que se busca hoy considerando que las masivas manifestaciones han sido protagonizadas por jóvenes.

Tampoco saldrían del equipo el ministro Teodoro Ribera y la ministra Isabel Pla. Ambos están bien evaluados y, en el caso del canciller, pesa a su favor la importancia clave que tiene para La Moneda que se lleven a cabo la APEC y la COP25. Apuestan que la realización de ambas cumbres ayudará a superar el ambiente de crisis, además de los beneficios que traerían para la imagen del país.

Ingreso de Karla Rubilar. La figura de la intendenta de la Región Metropolitana, Karla Rubilar, es la mejor evaluada en las encuestas en esta crisis -después del general Javier Iturriaga. Asumió muchas veces vocerías desde La Moneda, tuvo un discurso empático y ha sido destacada de manera transversal. Optó por no renunciar a su cargo en la fecha límite, el 25 de octubre, para ser candidata a gobernadora regional, a pesar de ser quien contaba con las mejores opciones para el 2020.

No se recurrirá a todas las figuras presidenciales. Si bien en sus partidos, y de manera transversal, son buenos nombres, existe la decisión en Palacio que no pueden llegar al nuevo gabinete todos los presidenciables. Tener a Andrés Allamand, Evelyn Mattei, Felipe Kast y Manuel José Ossandón en los ministerios sería «volver» al gabinete de Piñera I, algo que ya está descartado.

Pero estas cuasi certezas van de la mano de las disyuntivas que existen para armar el nuevo equipo de gobierno. Y eso es lo que debe resolver el Mandatario.

Gabinete de emergencia o de «largo plazo». No está definido aún si se recurrirá a un diseño que sea «de emergencia» para aplicar las medidas más urgentes de la agenda social y luego revisarlo en unos 6 meses más; o un gabinete que acompañe al Mandatario hasta el final de su período. Y estos escenarios abren nuevas disyuntivas, por ejemplo, si es «de emergencia», no se recurriría a figuras del Congreso. Y si es de «largo plazo» se baraja si sería compuesto por figuras del oficialismo e independientes, o un gabinete de «unidad nacional».

Gabinete oficialista/independiente. Es la opción más probable. Se plantea desde el entorno de Palacio que en este caso se apostaría por figuras de Chile Vamos e independientes. Y es dentro de este modelo que se abre una nueva interrogante, que es sacar o no personas del Congreso. Quienes suenan con fuerza en este sentido son los diputados de la UDI Javier Macaya y Jaime Bellolio. Este último cumple con varias de las características que se buscan: rostro joven, con buenos puentes con la oposición, incluido el Frente Amplio y el PC. Además, ya ha señalado que no pretende ir a una reelección en su distrito.

En este esquema, dicen, existen subsecretarios que también dan con el perfil que se requiere para «los nuevos tiempos» anunciados por el Presidente. Además, no se les relaciona con la política partidista y tienen buen desempeño en las negociaciones en el Congreso. Es el caso de Juan José Ossa, de Justicia; Lucas Palacios, de Obras Públicas, y Raúl Figueroa de Educación. Aunque no necesariamente para sus mismas carteras.

Si bien está descartado incluir a todos los ex presidenciables, el senador Andrés Allamand (RN) es uno de los nombres que podría ser parte del nuevo esquema, aportando un peso en el atributo de la experiencia. Lo mismo la alcaldesa y ex candidata presidencial del oficialismo, Evelyn Matthei. 

Gabinete de unidad nacional. Es una opción que no se ha desechado del todo, pero que cada vez pierde más fuerza. Se pensó convocar a personas de la ex Concertación o de la ex Nueva Mayoría. Existen interesados, incluso. Pero La Moneda no quiere un ingreso «simbólico», o de «descolgados» de la oposición, como se hizo en la era Piñera I con Jaime Ravinet. Un gabinete de «unidad nacional» requeriría antes sellar un «acuerdo de unidad nacional» con los partidos involucrados. Pero en la centroizquierda descartan de plano esa posibilidad.

Al final, se generarían más inconvenientes que soluciones. En el PS, por ejemplo, señalan que no están dispuestos a que un militante de sus filas dé ese paso. «Esto es una crisis social y política y nosotros somos un partido de oposición, por tanto, no vemos ninguna razón de que algún militante integre el gabinete», señala a El Líbero el secretario general del PS, Andrés Santander. Una postura similar entrega el diputado de la DC, Matías Walker. «Acá se requiere que el Gobierno sea un mejor gobierno y la oposición una mejor oposición. Los ciudadanos pusieron a la DC en la oposición, para hacer propuestas y buscar el bien común del país. Siempre dialogando, pero desde la oposición». Además, aseguran en el bloque que ese escenario hipotético terminaría por generar divisiones internas con consecuencias en los futuros pactos electorales.

 

 

 

 

 

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