Al menos seis son los tipos de roles que cumplen los adultos que están por detrás de la logística de las manifestaciones de secundarios, movilizaciones que por lo general terminan con micros quemadas, mobiliario público destruido, avenidas con el tránsito cortado y estaciones de Metro cerradas por estudiantes sentados en pleno andén.

La información sobre el modo de actuar de personas mayores de edad que no estudian en los colegios desde los que salen los manifestantes la obtuvo El Líbero luego de hacer un recorrido por los alrededores de cinco de los liceos que han sido noticia por las protestas: Instituto Nacional, Liceo de Aplicación, Internado Nacional Barros Arana (INBA), Liceo José Victorino Lastarria y Liceo 1 Javiera Carrera.

En off -debido al temor de muchos de los consultados- se obtuvieron entrevistas con vecinos y comerciantes de las cercanías de las instituciones educativas, así como con personas vinculadas a dichos centros, además de ex funcionarios de esos liceos y de la Municipalidad de Santiago en administraciones previas a la de la actual alcaldesa, Irací Hassler.

El tema está en la mira del Gobierno. Hace unos días, la ministra de Interior, Carolina Tohá señaló: «Los estudiantes son reclutado por grupos, organizaciones políticas, adultos, puede haber grupos de apoderados». Ya el subsecretario de esa cartera, Manuel Monsalve, se había pronunciado al respecto. “Hemos acordado pedir una reunión con el Ministerio Público, porque nos interesa mucho que las personas que incentivan estos hechos, que no son estudiantes, sean identificados”, dijo.

Despacho de material incendiario en los liceos

Personas que trabajaron en la Dirección de Educación Municipal de Santiago dieron detalles a El Líbero sobre la manera en la que adultos entregan el material incendiario a los estudiantes.

«La operación es muy simple: llegan las camionetas a las cercanías de los colegios y lanzan todo para adentro, por encima de los muros, por los patios, pues hay instituciones que abarcan un área muy amplia de infraestructura y es imposible resguardar todos los lugares», cuenta un exfuncionario.

La entrega, de acuerdo con estos relatos, es efectuada desde vehículos sin placa patente, que hacen el recorrido por varios liceos, muy temprano en la mañana, antes del inicio de la jornada estudiantil. Las bolsas contienen bencina, otros materiales necesarios para elaborar las bombas molotov y overoles.

«De lo que yo conocí, esto ocurría especialmente en el Internado Nacional Barros Arana», asevera otro exempleado.

Distribución de sacos cargados con piedras en los colegios

La logística para los días en los que hay movilizaciones también incluye que los estudiantes tengan a mano, incluso desde antes del inicio de las protestas, gran cantidad de piedras. Precisamente las imágenes de manifestantes tirándoselas a Carabineros han sido ampliamente registradas por los medios de comunicación.

De acuerdo con personas que trabajan en las cercanías del INBA, se han encontrado sacos cargados con piedras a las afueras de esa institución en días en los que los estudiantes salen a manifestar.

«Les dejan los sacos puestos ahí, contra los árboles. No se sabe si los dejan desde la noche o en la madrugada, pero cuando uno llega en la mañana ya están esos sacos con piedras», relata uno de ellos.

Quienes accedieron a hablar, otros no ocultan el miedo y se niegan de plano, aseguran que los sacos llenos de piedras «aparecen» justo los días en los que hay manifestaciones. «Es lógico que alguien se los tiene que dejar a los cabros, no van a estar ahí por casualidad», señala otro testigo de estos actos.

Caldear los ánimos con Carabineros

Especialmente los comerciantes consultados en el entorno de los diferentes liceos coincidieron en que cada vez que hay manifestaciones, por el medio de la calle van los que tienen overoles blancos y los que van detrás de ellos «que no están disfrazados». Pero a los lados se ubican adultos que se encargan de «calentar» el ambiente.

«Pensaría que son papás de los estudiantes. Ellos no lanzan ni una piedra ni una bomba, pero van gritándoles garabatos a Carabineros, diciendo que tienen que dejar que los cabros protesten», relata uno de los consultados.

«Claro que hay adultos que participan, van como defendiendo a los cabros, gritando cosas para hacer ver que los que hacen mal son los ‘pacos’ que tratan de reprimirlos», dice un vecino de uno de los sectores afectados por las movilizaciones.

«Resguardo» a los estudiantes mientras hacen destrozos

Otra labor que cumplen los adultos en las manifestaciones de los secundarios, según los testimonios de vecinos y comerciantes de las zonas en las que ocurren los disturbios, es la de servir de «centinelas» o «guardianes» mientras los menores hacen los destrozos, para evitar que se los impidan.

«En una de las últimas manifestaciones, cuando un estudiante se subió a dañar esta señalética que está aquí, abajo estaba un adulto, mirando para todas partes, como cuidándolo», señala un empleado de un comercio ubicado en las cercanías del Liceo Lastarria, mientras señala un aviso de tránsito que había sido dañado.

De las tareas de vigilancia también hablaron personas consultadas en las inmediaciones del Instituto Nacional. «Cuando los cabros empiezan a juntar la basura para quemarla uno ve a uno o dos adultos que están cerca y que se ponen a ver hacia las esquinas», relata uno de los entrevistados.

Coordinación vía telefónica desde las propias manifestaciones

Un exfuncionario de la DEM habla del rol que cumplen adultos desde el propio terreno, cuando las manifestaciones ya están en curso y que consisten en labores de coordinación.

«Se detectó que cuando ocurrían las movilizaciones había en las cercanías adultos que observaban o dirigían, que daban sospechosamente algunas instrucciones a los secundarios a través de los teléfonos. Eso ocurre todavía en las movilizaciones», asevera. 

Esto coincide con las aseveraciones de personas consultadas en los alrededores del Instituto Nacional, quienes indican que generalmente al inicio de las manifestaciones los menores portan cámara fotográficas que fueron descritas como «profesionales», «como las que tiene la prensa». Indican que luego de usarlas se las entregan a adultos con los que se mantienen en contacto vía celular.

La tarea de dar publicidad a las manifestaciones, antes y después de efectuadas

Otros adultos prestan su colaboración a los secundarios sin estar necesariamente en terreno. Se encargan de dar publicidad a las manifestaciones, ya sea en la difusión de las convocatorias, antes de las movilizaciones, o después, publicando en sus redes sociales las reseñas que los medios de comunicación hacen sobre lo acontecido.

En el Instagram de la Coordinadora Secundaria Revolucionaria (CSR), una reciente organización de estudiantes, se promociona un «Lucazo solidario» para «apoyar la lucha secundaria». En el posteo se informa la Cuenta Rut de un joven -cuyo nombre borramos por ser menor de edad- para depositar dinero y tener «recursos que utilizaremos en la confección de propaganda y difusión de nuestro petitorio».

El Líbero hizo seguimiento de las que serían las cuentas en Facebook del padre y la madre del joven. También cubrimos sus identidades para resguardar la identidad del menor.

En el caso del padre, el hombre tiene en su muro al menos una de las convocatorias, y además varias publicaciones de manifestaciones de secundarios.

Otro asunto que se constató al revisar las cuentas es en que ambas hay publicaciones en contra de Carabineros.

En el caso del padre, y en sintonía con lo dicho por algunos entrevistados sobre la vinculación con movimientos radicales de izquierda de algunos de los adultos que colaboran con los estudiantes, en la cuenta en Facebook del hombre figuran publicaciones a favor del Frente Patriótico Manuel Rodríguez.

El rol de este movimiento ya se había identificado con los desmanes de estudiantes. En 2018, El Líbero publicó un reportaje de los lazos «rodriguistas» de apoderados que apoyaron tomas en el Liceo 1.

«Para tomarse un colegio, sí o sí, los secundarios necesitan lucas»

La información aportada por vecinos y comerciantes de las zonas donde están ubicados los colegios en cuestión sobre la participación de adultos fue confirmada por Luis Baeza, que entre 2017 y 2018 se desempeñó como coordinador en el Departamento de Vinculación con la Comunidad Educativa y Convivencia Escolar de la Municipalidad de Santiago, y que hasta finales de 2019 fue asesor en la Seremi de Educación de la Región Metropolitana.

«Me tocó estar en terreno y verificamos que hay distintos tipos de personas adultas en las manifestaciones, dependiendo de sus roles. Hay personas que cumplen roles entregándole artefactos incendiarios y también se ven adultos que están ahí, que se mueven, caminan, en las cercanías de las manifestaciones», señala.

«Para tomarse un colegio sí o sí los secundarios necesitan lucas. Se necesita dinero para comprar la bencina, las botellas para las bombas molotov, incluso para los trapos que se les ponen. Entonces, no solo es que hay adultos involucrados en las manifestaciones de los secundarios, sino que además hay un financiamiento», agrega.

Baeza asegura que se trataba de un secreto a voces que adultos estaban involucrados en las movilizaciones estudiantiles. «Nosotros tratábamos de dar los antecedentes y eran las autoridades, el Ministerio Público y la PDI, quienes decidían qué iban a hacer», explica.

Además de los «lucazos», rifas

En cuanto a la procedencia del dinero necesario para los implementos que emplean en las manifestaciones, especialmente en las que se tornan violentas (overoles, bencina, botellas y trapos), estudiantes consultados a las afueras del Liceo de Aplicación aseveran que muchos de los alumnos de los últimos años son mayores de edad, que aportan su propia plata.

Niñas consultadas a las afueras del Liceo N° 1 indican que parte del dinero proviene de actividades que se hacen dentro de la propia institución. «Rifan cajas con comida o con útiles», aseveran unas. Otras, visiblemente enfadadas por la presencia de la prensa, se niegan a contestar y de inmediato toman sus teléfonos celulares, en actitud en la que parecen estar avisando por escrito a algún tercero que hay periodistas. Chatean y no dejan de mirar a las compañeras que sí acceden a hablar.

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