Corría julio de 2013, pleno invierno santiaguino, cuando la eucaristía nocturna en la Catedral de Santiago se interrumpió de golpe: una masa de casi 200 personas entró a la iglesia mientras gritaban consignas a favor del aborto. En medio del grupo estaba  Antonia Orellana, la escogida ministra de la Mujer del próximo gobierno de Gabriel Boric, quien además fue la Coordinadora de Género de la campaña de Apruebo Dignidad.

No se trataba de una misa cualquiera. Era la conmemoración del patrono de la ciudad: la celebración eucarística de la festividad del Apóstol Santiago, oficiada por el entonces arzobispo Ricardo Ezzati y contaba con la presencia de la exalcaldesa de la comuna, Carolina Tohá. Ambos fueron testigos de cómo el espacio se desbordó de personas, los disturbios, y el enfrentamiento entre los fieles y los manifestantes. Un acto de “blasfemia” que impulsó a Ezzati a mantener cerradas las puertas de la Catedral durante cinco días luego del altercado ocurrido el 25 de julio de 2013.

 

Tal como consignó a El Desconcierto la activista feminista que estuvo en la manifestación, Lucha Venegas, fue un “encuentro político, como un forcejeo discursivo, como una ópera con dos coros distintos: uno encabezado por el arzobispo Ezzati y otro coro feminista que clamaba por los derechos de las mujeres y el aborto libre”.

Ese día alrededor de 10.000 personas se congregaron en Plaza Italia, para marchar luego por distintas calles de Santiago. La caminata, pese a no estar autorizada, llegó sin problemas hasta la Plaza de Armas y fue entonces cuando centenares de personas entraron sin autorización al templo en el que se estaba celebrando la ceremonia litúrgica.

Noticias de la época afirman que hubo destrozos dentro del templo, rayados con insultos contra la fe católica, daños en confesionarios y otros elementos de mobiliario. Y el enfrentamiento con los fieles presentes se habría dado cuando quienes irrumpieron intentaron acercarse al altar. Tras los desmanes, la Intendencia Metropolitana presentó una querella contra quienes resultaran responsables por los daños al patrimonio nacional y los desórdenes causados en la Catedral de Santiago.

“Una profunda falta de respeto”

El episodio de la irrupción en la Catedral en 2013, del cual Orellana fue una de las caras visibles, desató una ola de críticas. Como era de esperar, una de las primeras reacciones vino desde el gobierno, y el Presidente Sebastián Piñera, que estaba en su primer mandato, declaró que se aplicaría “todo el rigor de la ley” contra los responsables.

Voces fuera de micrófono recuerdan el hecho como un acto de “violencia inusitada para todos los sectores” y destacan el cuestionamiento que se le hizo fuera del círculo católico, también entre quienes percibieron el hecho como un ataque a la libertad de culto. Asimismo, plantearon la preocupación respecto al equilibrio entre acciones de la próxima ministra de la Mujer y Equidad de Género y el rol que le fue asignado.

Luego de los acontecimientos, las críticas llegaron incluso desde la propia izquierda. La entonces alcaldesa de Santiago, Carolina Tohá (PPD) calificó el hecho como “agresivo, una profunda falta de respeto hacia las personas que estaban allí”. “Sentí que las personas que estaban en la iglesia estaban siendo agredidas de una forma gratuita que no es aceptable”, sentenció.

A eso se sumaron las palabras de la excandidata presidencial del Frente Amplio, Beatriz  Sánchez, quien en ese periodo se desempeñaba como conductora del noticiero de La Red. Frente a las cámaras, la periodista aseguró que “estas personas sí sabían exactamente a lo que iban, y tiene que ver con una reacción en contra de la Iglesia Católica a la que culpan por no abrir a una discusión de si despenalizamos o no el aborto”. “Yo creo que una marcha como esa, que trata de instalar un tema de debate, pierde todo el objetivo cuando todo se focaliza en esto, que es la violencia, que no tiene ningún tipo de justificación“, agregó.

La intervención de Sánchez fue aún más extensa e incluso  planteó interrogantes sobre la forma en la que se abordó la convocatoria: “Si estoy en contra de la violencia, ¿voy a ir violentamente contra el que está a favor de la violencia? Es una forma ridícula de ponerlo, pero es un poco lo mismo. Aquí no hay empate. Si uno quiere abrir la discusión a todo nivel, la abre a todo nivel, no se va en contra del que critica de esta manera. Uno lo hace con palabras, en una discusión, en un debate“.

 

Estas últimas palabras no solo vinieron desde una de las miembros del círculo de hierro de Gabriel Boric, sino también de quien es compañera de bloque político y cercana a Antonia Orellana. En 2017 la futura ministra se sumó al comando de la campaña presidencial de Sánchez, instancia en la que participó como coordinadora de género para tiempo después, trabajar en el equipo programático y las propuestas de las políticas de género. Cabe mencionar que la excandidata a La Moneda ha mostrado en numerosas ocasiones su respaldo al movimiento feminista.

Un año después de haberse incorporado a la campaña de Beatríz Sánchez, Orellana participó de la Red Chilena contra la Violencia Hacia las Mujeres, agrupación que la llevó a impulsar más de una intervención feminista.

El rol de la Iglesia

Y es que aquel jueves 25, no solo quedó en el registro de la institución ni de la futura ministra, sino también marcó uno de los inicios de las marchas por el aborto libre, cita que hasta la fecha ya cuenta con nueve ediciones. El acontecimiento es solo una de las tantas expresiones del movimiento feminista en el que Orellana ha tenido un rol importante. Una experiencia en el área y un estrecho vínculo amistoso con el presidente electo que habría sido determinante en la delegación de su próximo cargo en el gobierno.

Tres años después de lo ocurrido, “toti” –como le llaman sus más cercanos– volvió a exhibir críticas a la Iglesia Católica, esta vez, por medio de su cuenta de Twitter. En 2016 compartió un artículo de un compilado de fotografías que retratan cómo un grupo de mujeres –en 1985– se manifestó a las afueras de la Catedral de Santiago para criticar el rol “patriarcal” de la institución. De la misma forma lo hizo con una publicación que decía que la Iglesia Católica “no puede poner su teología del perdón y el arrepentimiento como estándar de humanidad en delitos de violaciones a DDHH”.

La última mención de Orellana a la Iglesia fue en medio de la campaña presidencial de 2021, la también periodista compartió una intervención de un grupo de mujeres que bailó y coreó ‘Un violador en tú camino’ del grupo Las Tesis, a las afueras de la Catedral de Osorno y en las dependencias de la Universidad Austral de Chile (Uach) de Puerto Montt. 

Una de las próximas ministras más cercanas de Boric, con quien comparte militancia desde el inicio de Convergencia Social. Pero, tal como consignó La Tercera, la firma del Acuerdo por la Paz por parte de Gabriel Boric habría sido el punto que marcó inicio del vínculo entre Orellana y el próximo mandatario. Y es que la decisión de Boric tensionó el interior de CS desde donde, incluso, le pidieron la salida. Fue en su rol dentro del Comité Central de la tienda que Orellana habría influido en que el magallánico no dejara la militancia. 

Orellana en la escena política

La Universidad de Chile es la casa de estudios de Antonia Orellana (32). Institución que compartió con los hermanos Boric y desde donde apoyó la lucha feminista para expandirla hacia otros planos, foco que la han posicionado como una reconocida activista. Su carrera también ha estado relacionada a los cargos políticos, uno de sus últimos intentos fue la candidatura a la Convención Constitucional por el distrito 10, donde finalmente perdió el cupo.

Su actitud confrontacional no es un secreto y así quedó demostrado en medio de la campaña por la CC,  donde enfrentó al actual Convencional, Arturo Zúñiga. “Sí siento el dolor (…) Yo creo que no hay una mujer en el mundo que no aborte sin sentir un dolor profundo”, dijo el militante UDI, frente a lo que Orellana respondió: “Aborté clandestinamente por decisión y hoy también soy mamá por decisión, y te puedo decir que no sentí dolor, así que no hables por mí”.

Tal como comentó al Observatorio de Género y Equidad en 2020, la práctica de un aborto la llevó a acercarse a la política: “Eso marcó un giro político en mí, porque era más anarquista antes, pero la experiencia concreta del Estado decidiendo sobre mi cuerpo, con un doctor amenazándome con denunciarme en urgencia, fue movilizadora y me llevó a no querer hacerme a un lado por despreciar la política, sino más bien, querer cambiarla”.

Su participación política surgió desde las aulas escolares, por medio de asambleas organizadas por la ACES. Más tarde, su participación universitaria se vio marcada por su paso por la FECH y el centro de estudiantes de Comunicaciones.

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