Publicado el 14 febrero, 2021

La nueva batalla de la pandemia de Covid-19: las “fake news”

Autor:

Maolis Castro

Aunque los grupos renuentes a la vacunación son minoritarios, distintos expertos consultados por El Líbero ofrecen perspectivas y consejos sobre cómo impedir que las “fake news” incidan sobre el proceso. “Esto no es solamente un asunto del Gobierno, sino de la sociedad en su conjunto y de todos los sectores”, asegura Eugenio Guzmán, decano de la Facultad de Gobierno de la UDD. 

 

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Maolis Castro

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En 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS) posicionó entre las 10 primeras amenazas a las dudas, renuencia o rechazo, sobre las vacunas. Hoy, la desinformación pudiera ser el archienemigo de las campañas de vacunación contra el coronavirus. Francesco Rocca, presidente de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, advirtió que la derrota de la Covid-19 pasa por vender una pandemia paralela: la “desconfianza”.

Lo dijo, en diciembre, cuando muchos países iniciaron sus procesos de vacunación. Chile no está inmune a este fenómeno global y, aunque su campaña es elogiada mundialmente, un sondeo de Cadem alerta sobre un grupo, cercano al 26%, que sería renuente a la vacuna. “Esto no necesariamente quiere decir que dicho grupo sea permeable a las fake news, pues perfectamente pueden ser personas con otra clase de convicciones, o que por motivos de salud (alguna clase de alergia) estén imposibilitadas de hacerlo”, explica el académico de la Universidad de Talca y analista electoral, Mauricio Morales.

Casi 2 millones de personas recibieron dosis contra el Sars-CoV-2 en el país, un 12% de la población objetivo que prevé inmunizar el Gobierno para retornar a la normalidad. Morales considera que, en este camino que comienza a recorrer Chile, no será un peligro las “fake news (noticias falsas)”. Según el académico, la fortaleza estaría en que la campaña informativa está respaldada ampliamente.

Para Eugenio Guzmán, decano de la Facultad de Gobierno de la UDD, sí podría encontrarse trabas respecto a los altos niveles de desconfianza “institucional” e “interpersonal”: “Ese factor, ese rasgo cultural, va a tener un impacto, y puede hacer que las fake news o informaciones falsas tengan efecto“.

Los antivacunas y la desinformación

Enrique Núñez, académico de la Universidad Católica y editor de Factchecking.cl, explica que los términos “fake news” y “desinformación” se popularizaron durante las manifestaciones acontecidas a partir del 18 de octubre de 2019. “Respecto al estallido social hubo más credibilidad en las ‘fake news’, la gente tendió a creer más en lo que le aparecía en las redes sociales, que durante la pandemia de Covid, donde fue más escéptica, aunque hubo más exposición”, explica.

La desinformación difundida en la crisis de 2019 está relacionada con el contenido polarizado, el cual propició los “sesgo de confirmación” de cada grupo. “En la pandemia de Covid-19 había más incertidumbre, por tanto no había creencia política de blanco y negro para una decisión, recién ese relato lo estamos viendo más en las vacunas”, precisa Núñez. De acuerdo con los expertos, aunque los jóvenes sean mayores consumidores de contenidos de las RR.SS., cualquier grupo etario es susceptible a ser atrapado por dicho fenómeno.

El profesor de la UC aclara que no toda la desinformación es igual: “Existe desinformación intencionada, que va dirigida con la intención de desinformar a alguien y es la que se da en mayores contextos de polarización política. Y hay otro tipo de desinformación que se da en todo tipo de contextos y es más amplia, muchas veces se comparte sin la intención de desinformar porque las personas no cuentan con todo el contexto. En el caso de las vacunas se da una combinación de estas dos, pero todavía no podría decir respecto a la magnitud”.

Desde esta perspectiva destaca un grupo con una ideología orientada a combatir el uso de vacunas: los antivacunas. “Hemos visto que integran diferentes sectores políticos, pero lo que tienen en común es que ellos quieren imponer una idea, lo cual suelen llevar a cabo a través de la desinformación”, expone Núñez. 

El consultor Jaime Jankelevich, en un podcast de El Líbero para sus suscriptores, asegura que “lamentablemente el tema de los antivacunas sigue vigente”, y estos grupos no reparan en “difundir falsedades sin ninguna base de ninguna especie para desacreditar los esfuerzos que el mundo está haciendo para controlar la pandemia”. Menciona como uno de los casos más controversiales el de Andrew Wakefield, un médico en Gran Bretaña, que fraudulentamente publicó un paper en la revista The Lancet donde asociaba el uso de la vacuna triple vírica con el autismo, en 1998. Aunque la investigación fue desmentida y retirado el artículo años después de su difusión, las teorías del doctor originaron el movimiento antivacunas.  

Una de las informaciones falsas que circuló a mediados del año pasado fue que las vacunas con la tecnología ARN mensajero, supuestamente, contenían un “chip” para controlar a inoculados. Los antivacunas son distinguibles por un rasgo: el empleo de teorías de conspiración, asociadas a empresarios, con el fin de validar sus creencias y ante la ausencia de evidencias reales. “Otra línea de este movimiento que tiene que ver con los componentes de la vacuna: cómo está fabricada. Se crearon mitos. El problema radica en que este tipo de información se esparce mucho”, agrega Núñez.

Hoy, la OMS considera que la vacunación es una de las formas más rentables de evitar la enfermedad, porque actualmente previene de 2 a 3 millones de muertes por año y podrían evitarse otros 1,5 millones si se mejorara la cobertura mundial.

Atenuar la incertidumbre

La pandemia de Covid-19 disparó la ansiedad en la población, pero también la responsabilidad de los medios en el manejo responsable de informaciones“Al momento que aumenta la ansiedad queremos tener más certezas, y nos volvemos más vulnerables a cierto tipo de información y desinformación. Puede haber personas que no sean antivacunas, en el sentido que no tengan una convicción ideológica profunda al respecto, pero lo que sí quieren tener es certeza y que al no tener toda la información de contexto disponible podrían estar siendo vulnerables a un mensaje”, dice Núñez.

Un estudio de la Universidad Católica indica que el 79% de los consultados considera que el rol periodístico es relevante para disminuir la ansiedad de sus audiencias.

El consejo es centrar esfuerzos para entregar información transparente sobre la seguridad, efectividad, consecuencia, de las vacunas, según expertos. Núñez expone la experiencia británica al momento de entregar información, donde figuras del cine y la televisión, entre ellos el cantante Elton John, tuvieron una activa participación en las campañas de vacunación que fue efectiva. La comunicación mediante líderes de opinión validados, incluso comunitarios (profesores, doctores y miembros de juntas de vecinos), también pueden reforzar el llamado a vacunarse. “Lo que podríamos hacer, en cada contexto, es identificar a los líderes de opinión de cada comunidad“, acota.

Guzmán considera clave fortalecer la campaña con la actuación de todos los sectores. Esto no es solamente un asunto del Gobierno, sino de la sociedad en su conjunto y de todos los sectores. A cada cual le toca lo que le corresponde, lo mismo pasa con los alcaldes, los municipios, al transformarse en una clase de clientes como si ellos no fuesen parte del Estado”, explica. Y apunta a las sociedades más desarrolladas, donde la cooperación suele ser transversal

WhatsApp, la aplicación que preocupa a chilenos

Un estudio de Reuters Institute, Digital News Report 2020, apunta a que los contenidos que circulan en la aplicación de mensajería cerrada WhatsApp provocaría más preocupación o inquietud en Chile, al menos en el período de las manifestaciones de finales de 2019 y principios de 2020.

“El problema de la información no es tanto sobre la mentira y la verdad, sino más sobre la confianza y la desconfianza. Hay gente que está depositando su confianza en gente que no está mostrando evidencia, y personas que pueden estar incluso mintiendo. Hay que tratar de entender por qué esas personas no están confiando en las fuentes viables, para que sí puedan hacerlo. Cualquier tipo de campaña para vacunación tiene que apuntar a las comunidades y buscar a las personas que se confía en cada comunidad”, resalta Núñez.

La “guerra fría” por las vacunas

Con la aparición de las vacunas contra el coronavirus también emergió la desinformación. El Gobierno ruso es acusado de gestar una campaña propagandística a favor de su fórmula, Sputnik V, con fines geopolíticos. A finales de 2020, el máximo diplomático de la Unión Europea, Josep Borrell, denunció que medios públicos rusos difundieron información falsa sobre las vacunas europeas y estadounidenses contra el Covid-19 en los países donde quieren vender su propio producto. “Los medios multilingües controlados por el Estado ruso se burlan abiertamente de los desarrolladores de vacunas occidentales y en algunos casos han incluido afirmaciones absurdas de que las vacunas convertirán a las personas en monos”, dijo.

Aunque al principio la vacuna rusa fue vista con escepticismo, esto cambió tras la publicación de un artículo de la revista científica The Lancet que confirmó una efectividad de 91,6% de su vacuna para prevenir síntomas de Covid-19 y de 100% para casos graves. Muchos países comenzaron a negociar con Rusia, incluyendo a Chile, para importar dosis. Sin embargo, la nación euroasiática también redobló su propaganda.  Ahora, reportajes de diferentes medios internacionales, revelaron cómo el Gobierno de Vladimir Putin desinforma para obtener aprovechamiento de su vacuna. De hecho, es común ver cómo medios rusos y organismos gubernamentales de ese país promueven esta fórmula. Incluso, la Embajada de Rusia en Chile no está exenta de esta práctica, y en algunos de sus mensajes en Twitter ha promocionado a Sputnik V.

Muchos asociaron esta competencia con los años de la Guerra Fría y la carrera espacial. En el caso de Sputnik V (nombre que coincide con la nave espacial lanzada en 1957 por la Unión Soviética) es fabricada por el Estado de Rusia, mientras que otras elaboradas por farmacéuticas privadas están sometidas a regulaciones publicitarias de cada país y, por tanto, pueden ser demandados ante eventuales “publicidades engañosas”. “Siempre hay que tener ojo con cualquier Estado que tenga control de la información”, subraya Núñez.

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