«El gobierno sigue en estado de coma y no se va a recuperar», así de lapidario es el análisis que hace el cientista político Patricio Navia en entrevista con El Líbero.

Aún en Santiago, a la espera de poder viajar rumbo a Nueva York para retomar en septiembre las clases que imparte en esa ciudad, el analista político desmenuza el último semestre del gobierno y cómo quedará la figura del Presidente Sebastián Piñera en la historia. «El gobierno, para todos los efectos prácticos se acabó cuando el Presidente dijo me salvo yo y entrego la Constitución porque ahí perdió el control de la agenda», señala.

-En abril usted escribió en una columna en El Líbero que estábamos ante un “gobierno agonizante”. Cuatro meses después, ¿en qué estado se encuentra el gobierno? 

-Sigue agonizante. El problema del síndrome del pato cojo es que el gobierno está agonizante desde que entra al síndrome hasta que se acaba. Y esto va a ocurrir el 11 de marzo de 2022, pero desde abril hasta ahora no ha pasado ninguna legislación importante o significativa que haya sido una prioridad de gobierno. Eran prioridad de la oposición en algún momento o son legislaciones que el gobierno después ha convertido en su prioridad y que no tienen mucho que ver con lo que quiso hacer cuando llegó al poder. Pasó el IFE, pero no era su prioridad, se lo terminaron imponiendo. Probablemente va a pasar la ley de matrimonio igualitario, pero tampoco era prioridad del gobierno. De hecho, como candidato, el Presidente Piñera hizo campaña contra el matrimonio igualitario. Por lo tanto el gobierno sigue en estado de coma y no se va a recuperar. Mientras más se acerca la elección de noviembre más se va a centrar el debate en la contienda presidencial y en la contienda legislativa. Y mientras más entre en tierra derecha la Convención Constitucional, más va a capturar la atención política. Hoy lo que diga Jaime Bassa o Elisa Loncón es más importante que lo que diga el ministro del Interior. Y el Presidente está bastante limitado porque está llevando a cabo una agenda que no es la propia.

-¿Quién o quiénes son responsables de esta situación?

-El propio gobierno es el principal responsable. La tarea del gobierno es tener el control de la agenda y creo que perdió el control de la agenda bastante antes del estallido social. Se debe a un error conceptual que tuvo el Presidente Piñera que dijo “bueno, nosotros ganamos la elección”. Es cierto, pero la coalición de derecha no ganó una mayoría de escaños en el Congreso, por lo que era claro que el gobierno tenía que negociar con la oposición y no quiso hacerlo. Lo primero que hizo fue retirar el proyecto de nueva Constitución que, de forma impresentable, había ingresado al Congreso la Presidenta Bachelet cuatro días antes de dejar el poder. La reforma tributaria del gobierno se retiró y pasó una muy distinta y la reforma de pensiones que tenía, tampoco fue a ninguna parte. Y, tal vez de forma patética, el gobierno sigue insistiendo en una reforma de pensiones cuando hace dos años había una posibilidad si se negociaba con la oposición, pero ahora estamos discutiendo si seguirá el sistema de AFP.

La agenda cambió muy radicalmente y este gobierno no tiene mucho que hacer, de hecho no tiene nada que hacer porque su programa de gobierno se terminó de disipar cuando el estallido social llevó a que el Presidente Piñera, en vez de renunciar, optara por entregar la Constitución. 

-¿Que el Presidente dejara su cargo?

-Había dos salidas con esa crisis política tan enorme que hubo y con la mala respuesta del gobierno, con la declaración de Estado de Sitio que no funcionó en esencia. Y era, o entregaban la Constitución o renunciaba el Presidente y teníamos nuevas elecciones lo que permitía descomprimir la situación. El Presidente dijo “prefiero salvarme yo y entregar la Constitución”. Eso permitió que se legitimaran prácticas asociadas a la violencia, los saqueos y se legitimó el hecho que si quieres cambiar algo en Chile puedes quemar cosas, tirar piedras y lo vas a lograr.

El acuerdo del 15-N debilitó la estructura institucional que tenía Chile, creó una solución falsa».

-Pero una renuncia habría implicado aceptar un fracaso…

-Pero si Piñera va a pasar a la historia como un Presidente súper fracasado, no se corrigió eso.

-Por lo tanto, mirado en perspectiva ¿a su juicio fue un error el acuerdo del 15-N?

-No sé si un error, depende para quién. Pero claramente ese acuerdo debilitó la estructura institucional que tenía Chile, creó una solución falsa. Porque lo que la gente quería en octubre era que se acabara el abuso, que mejoraran las pensiones, que el gobierno gastara más plata en ellos. Y la clase política decidió darle a la gente una píldora mágica “cuando cambie la Constitución se van a acabar los abusos, habrá mejores pensiones. Pero esos problemas no se solucionan poniendo eso en la Constitución o la lista de supermercado de todos los derechos que quiere la gente. Si el país es más pobre, con menos inversiones y tiene menos crecimiento no habrá plata para cumplir todas las promesas que haga la nueva Constitución. Son un montón de “cheques firmados” que cuando la gente los lleve al Banco les van a decir “no hay fondos, no hay forma de pagarte todos esos derechos”. La pandemia empeoró la situación, pero ya sabíamos antes que en ningún país de América Latina una nueva Constitución ha solucionado los problemas. La solución que entregó la clase política era una mala solución para los problemas que había. La solución era que el Presidente renunciara y que tuviéramos nuevas elecciones donde los partidos dieran una respuesta institucional. Habría sido candidato de la derecha Lavín, Allamand, Ossandón o algún otro. La izquierda habría tenido a Ricardo Lagos o alguien más… pero no habríamos tenido esta descomposición del sistema político donde terminas con 30 personas buscando conseguir firmas para ser candidato presidencial en el momento, además, que se está redactando una nueva Constitución.

Tan mal quedó todo, en parte por la pandemia, que si a la Convención no le gusta que gane Sebastián Sichel por ejemplo, la Convención puede quitarle poderes al Ejecutivo. O una nueva elección, como podríamos tener un nuevo sistema político, pueden decir que corresponde elegir al Presidente y al Congreso con el nuevo sistema.

«Mientras más cerca de Sichel quiera estar Piñera, más daño le va a hacer»

-En una semana se fueron dos funcionarias de gobierno, la ex subsecretaria Katherine Martorell (para el comando de Sichel) y la seremi de Salud, Paula Labra, para ser candidata a diputada. ¿Ve con esto el comienzo de un desembarco mayor?

-Eso siempre pasa justo antes de que se inscriban los candidatos. Lo que va a pasar a partir de septiembre, es que toda la atención va a estar puesta en el nuevo rey. Esto es como el rey que está agonizando y todo el mundo empieza a mirar quién es el nuevo rey. La gente está mirando quién va a tomar el poder en marzo de 2022. Pero, advierto, eso no lo va a determinar la elección de noviembre y diciembre, porque si el resultado no le gusta a la Convención Constitucional, pues decidirá que tendremos un sistema parlamentario o semipresidencial… porque vamos a elegir al Presidente antes de que la Constitucional determine las reglas del juego para el próximo período.

-Pero se supone que lo que determine la Convención -y si es ratificado por el plebiscito de salida- se aplicará de manera gradual, o cuando termine el período en ejercicio de quién esté en el poder.

-Si estás dibujando reglas nuevas deben empezar a funcionar de una vez. Entiendo que unos puedan decir querer que esto sea gradual, pero la Constitución ya está muerta, ya no funciona. Ya botamos la casa, no puedes pensar que la vamos a construir de manera gradual. La idea de gradualidad, que es lo que hizo Chile en los últimos 30 años, la tiramos por la ventana.

-A propósito de Sichel. El Presidente dijo la semana pasada: “Creo que Sebastián Sichel es un gran candidato y va a ser un gran Presidente». ¿Cuál debiese ser su relación con el candidato de Chile Vamos?

-Parecida a la que fue entre Ricardo Lagos y Eduardo Frei el año 99. Ese año, Frei era el Presidente saliente y era muy impopular y Lagos hizo esfuerzos considerables para alejarse de él. No apareció con Frei en actos de campaña. Pero como el Presidente Piñera tiene obsesión en salir en los medios de comunicación y ser él quien lo descubre todo, probablemente se va a terminar apareciendo en las fotos con Sebastián Sichel a un punto en que va a terminar haciéndole daño. Desde que empezó la pandemia, en ningún país de América Latina el oficialismo ha ganado elecciones. Mientras más cerca de Sichel quiera estar Piñera, más daño le va a hacer.

-¿Cree que eso va a aumentar con el paso del tiempo, si Sichel sube en las encuestas?

-La estrategia de los rivales de Sichel es decir “Sichel es el candidato de Piñera, es el candidato de los empresarios, del viejo Chile”. Y es tan fácil que me sorprende cómo Sichel permitió que se fuera a su comando Katherine Martorell. Entiendo que está bien evaluada, pero toda la gente que está trabajando con Piñera debiera hacer cuarentena, no se pueden meter al comando de Sichel, si lo hacen van a terminar contaminando a todo el comando. 

La idea de gradualidad, que es lo que hizo Chile en los últimos 30 años, la tiramos por la ventana».

-En una columna en marzo usted señaló: “Piñera fue el presidente más izquierdista que ha tenido Chile desde el retorno de la democracia”. ¿La izquierda estaría de acuerdo con esa afirmación?

-No, la izquierda va a decir “con Piñera logramos más de lo que habíamos logrado nunca antes”. Los Presidentes anteriores avanzaron de manera progresiva, pragmática y gradual hacia la izquierda manteniendo las cosas buenas del modelo. Llegó Piñera y terminó por reventar el modelo al entregar la Constitución. Es una Constitución de origen autoritario y muy complicada. Cuando les explico a mis alumnos en la Universidad de Nueva York les digo que Chile es Luke Skywalker y Pinochet es Darth Vader, o sea, hay un mal origen pero el éxito había sido que Chile se había puesto del lado de las fuerzas del bien. El mérito de Chile era que fue capaz de construir una democracia que funciona, o que funcionaba bien, a partir de una institucionalidad que no estaba creada para una democracia. Pero ahora estamos tratando de reinventarlo todo y el riesgo es que terminemos no como Venezuela, sino como Colombia o Brasil que son países que tienen una deuda pública altísima porque tenemos un montón de derechos sociales garantizados en la Constitución por los cuales no podemos pagar porque no tenemos suficiente desarrollo. Terminamos siendo, como Octavio Paz define los Estados latinoamericanos, un ogro filantrópico, que quiere hacer el bien pero termina ahogando la iniciativa privada.

El gobierno, para todos los efectos prácticos se acabó cuando el Presidente dijo me salvo yo y entrego la Constitución porque ahí perdió el control de la agenda». 

-¿Qué le espera al gobierno en sus últimos seis meses? ¿Cuál debiera ser su rol?

-No hay mucho que hacer. El gobierno, para todos los efectos prácticos, se acabó cuando el Presidente dijo me salvo yo y entrego la Constitución porque ahí perdió el control de la agenda. No ha tenido control de lo que pasa, tiene una aprobación muy baja. El Presidente se da cuenta de que su gobierno es un gobierno terriblemente fracasado. Llegó a un lugar muy distinto a donde quería llevarlo. Chile es mucho peor de donde estaba cuando comenzó el gobierno. Hizo, sin dudas, cosas buenas como la vacunación, Chile tiene más personas vacunadas que casi todos los países de América Latina. Pero suma y resta, este es un gobierno fracasado.

-¿Cómo será recordado el Presidente Piñera?

-Va a ser recordado como el Presidente que sepultó el período de 30 años de crecimiento que tuvo Chile. No será recordado muy bien. No va a haber monumento a Piñera, pero en general no habrá monumentos a ninguna persona, porque todo el mundo será cancelado si seguimos con la lógica de mirar el pasado con los ojos del presente. Pero más que su lugar en la historia, lo que debería preocupar al Presidente Piñera es la persecución que le va a hacer una buena parte de la izquierda que lo está tratando de convertir en una especie de nuevo Pinochet. La izquierda va a ir por Piñera a donde vaya. El gran problema es que no sabrá si podrá salir fuera de Chile, puede haber un juez que quiera hacerse famoso y ordene su detención para que responda por las violaciones a los DD.HH. que la izquierda acusa se cometieron sistemáticamente después del estallido social.

Y en Chile también va a estar difícil porque la derecha lo va a acusar de habernos llevado a este camino de proceso constituyente que está haciendo que este país pierda lo que había construido de fortaleza institucional.

Participa en la conversación

1 comentario

  1. «Vienen tiempos mejores»… sin pantalones? con una izquierda irracional? y mas encima plurinacional? Imposible. Solo queda un cambio de huéspedes en Punta Peuco.

Deja un comentario
Cancelar la respuesta